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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todo indica que detrás de la desobediencia del rey Saúl había el deseo de afirmarse su ego frente al pueblo y frente a la tropa.
Homilía o021014a, predicada en 20220117, con 49 min. y 11 seg. 
Transcripción:
La primera lectura nos ha hablado sobre la obediencia y también sobre las graves consecuencias que tiene la desobediencia. Esto nos hace recordar la primera y terrible desobediencia de nuestros primeros padres. Precisamente por esa situación, entraron en ruptura con Dios y padecieron consecuencias que llegan hasta nuestros días.
¿Por qué es tan grave la desobediencia? La razón está en quién es el que nos ha dado un mandato. Cuando el mandato ha sido dado con sabiduría y con amor. Desobedecer el mandato es incurrir en necedad y en odio de sí mismo.
Que el Espíritu Santo me ayude para tratar de explicar eso, para que entendamos por qué la desobediencia hace tanto daño. Repito, todo depende de quien da el mandato y de cómo da el mandato. Pensemos, por ejemplo, en un buen médico, que los hay. Muy buen médico. Y ese buen médico me da una recomendación. Es una persona sabia. ¿Qué pasa si yo desobedezco lo que me dice el buen médico? pues como fue sabio lo que él me dijo es una necedad no hacerlo. Ahí se da uno cuenta que la desobediencia siempre nos pone en guerra contra nosotros mismos. Al tomar la decisión de desobedecer el consejo sabio, estoy obrando de una manera necia. Y la comparación la podemos seguir.
Lo mismo que decimos de ese médico lo podemos aplicar al Señor. Entonces, si yo desobedezco lo que el médico me dijo yo no le hago daño al médico, me hago daño a mí mismo. Si yo desobedezco a Dios, yo no le hago daño a Dios, me hago daño a mí mismo. De tal forma que la verdadera obediencia es un acto de amor. Amor a Dios, porque le reconoce su autoridad, su poder, su sabiduría y su bondad, pero también el amor a uno mismo. En efecto, si desobedecer es una necedad que me hace tanto daño, entonces obedecer es un acto de amor a uno mismo.
Al hablar de quien da el mandato, hemos mencionado dos características. Es necesario que tengas sabiduría, pero también es necesario que tenga bondad. Porque una persona que solo tiene mucho conocimiento, si no está buscando mi bien, en realidad es un peligro para mí. Podría estar tratando de manipularme o de lograr algo dañado o corrupto. Pero si la persona es sabia y es buena, entonces queda confirmado que no solamente es sabio seguir el consejo sabio, sino que sería un acto de odio a uno mismo no seguir ese consejo. ¿Por qué? Es una palabra que ha sido dicha con bondad. La sabiduría de Dios no tiene límite. La de cualquier médico tiene límite. Por eso hasta los médicos más ilustres a veces se quedan perplejos ante una enfermedad. Pero la sabiduría de Dios no tiene límites. La bondad humana puede tener límites muchas veces, pero la bondad de Dios no tiene límites. Dios me conoce perfectamente, infinitamente, y me ama perfectamente e infinitamente. Entonces no puede haber necedad más grande y no puede haber daño más grave que yo me cause que desobedecer. Sin embargo, eso es lo que hacemos cuando pecamos.
De estas reflexiones nos queda claro por qué es tan importante la obediencia, ante todo la obediencia a Dios. Porque no se nos debe olvidar lo que dijo el apóstol Pedro junto con el apóstol Juan en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Con estas claridades volvamos al texto de la primera lectura y tratemos de entender ¿por qué Saúl cometió ese error ¿por qué Saúl cometió esa desobediencia? Al principio uno se queda perplejo al ver qué fue lo que Dios le mandó. Lo que Dios le mandó fue que exterminará a los amalecitas. Queda para otra ocasión explicar eso de exterminar pueblos. Cualquiera diría, no, ese es un Dios genocida. Y vienen toda una serie de acusaciones y las explicaciones respectivas que se han dado en otros lugares son muy largas para darlas aquí, así que dejemos simplemente el dato.
Dios le había mandado dos cosas. Primero, usted me elimina a los amalecitas. Y segundo, todo el botín de los amalecitas, usted lo va a destruir o como se decía en aquella época, lo va a entregar al anatema. Usted tiene que destruir ese botín. Antes de pasar a la desobediencia de Saúl. Tratemos de examinar el mandato de Dios. Repito, en este momento no entramos en la parte de eliminar a los amalecitas. Tengo por ahí una serie en YouTube. Perdón que haga la autopropaganda. Que es sobre entender el Antiguo Testamento y hay todo un capítulo que es específicamente sobre por qué este tipo de pasajes son tan difíciles de entender. Entonces dejemos quietos a los amalecitas. De hecho, quedaron quietos. Dejémoslos quietos y pasemos a la parte del botín. Aquí es donde la inteligencia suya. Puede despertarse un poco más. ¿Qué significaba el mandato de Dios de eliminar el botín de los amalecitas? A las y a los amalecitas los dejamos quietos con ellos no nos metemos hoy.
Yo voy a hablar solamente del botín. ¿Por qué Dios manda eso? Observe usted que es un mandato raro. Es un mandato extraño porque la época a la que nos estamos refiriendo es el siglo once antes de Cristo. Es una época de grandes escaseces. O sea, todo podía ser riqueza. Los vestidos, hacer un vestido costaba mucho, mucho tiempo y mucho esfuerzo. Entonces, hacerse con la ropita, con los trajes de los amalecitas, eso ya era riqueza. De hecho, eso era parte de lo que robaban o de lo que se consideraba botín de guerra. Los trajes, las telas eran muy, muy resistentes y costaba mucho trabajo hacerlas. Luego piense usted en todos los pertrechos necesarios, para qué se yo, los caballos o las bestias que utilizaran los amalecitas y sobre todo los ganados, o sea, todo ese poco de comida que además se puede multiplicar porque el ganado se puede multiplicar. O sea, ¿por qué? Cierto, lo preguntamos con respeto, pero lo preguntamos ¿por qué Dios quería que se eliminara todo eso?
Al respecto hay tres explicaciones que conviene examinar. La primera es de tipo religioso. Como este era un pueblo idólatra y cruel, es algo así como las leyes de pureza que aparecen en el Levítico o en otros libros del Antiguo Testamento donde no se toca nada. Entonces, esa es una primera hipótesis. Es un pueblo tan corrupto, tan sádico, tan cruel, tan enemigo de Dios, que quedarse con lo de ellos es como quedarse con algo impuro. Ese argumento no es muy fuerte, pero a la luz de lo que se manda en otros textos del Antiguo Testamento, es algo que tiene sentido. Como quien dice no se quede con lo que es propio de los impuros. Usted se da cuenta que, por ejemplo, en esa legislación de Moisés se dice usted no toque nada de lo que es del impuro. Bueno, esa es una primera respuesta. No es la mejor respuesta, pero digamos, no es la que más nos convence, pero es la primera respuesta que tiene sentido a la luz de los textos del Antiguo Testamento. Eso es lo primero.
Lo segundo tiene que ver con el hecho de que en ese Botín. En esa riqueza fácilmente entra la soberbia y entra la codicia. Si tú vences a un pueblo y te vuelves rico, es muy posible que se te despierte la codicia de seguir haciendo lo que han hecho todos los conquistadores tipo Alejandro Magno o Julio César o los que sean, ¿qué han hecho todos los conquistadores? seguir atacando pueblos y seguirse adueñando de cosas. Entonces, al eliminar el botín, se corta de raíz la soberbia y la codicia. En este caso no estaríamos ante una motivación puramente religiosa, es decir, de leyes de pureza, sino que estaríamos ante una motivación moral. Esa es la segunda explicación de por qué posiblemente Dios, a través de Samuel, le mandó eso al rey Saúl.
La tercera explicación que he dejado de última es la que más me gusta porque me parece que encaja mejor con lo que nos presenta el pasaje que se leyó hoy. Resulta que en aquellos tiempos antiguos no había propiamente un sueldo para los soldados. Los soldados no tenían sueldo. Entonces, ¿cómo mantienes tú motivados a los soldados? Les das una parte del botín. Y eso tiene muchísimo sentido. Tiene mucho sentido porque en la lectura que escuchamos nos damos cuenta que Saúl, tratando de explicarse más o menos como un niño regañado. Él sabe que su explicación no va a servir para nada. Él sabe que a Samuel no lo va a convencer, pero él dice de todas maneras su explicación. Él dice si mis hombres se quedaron con algo de, dice él, no, si se quedaron. Claro que se quedaron con una cantidad de ganado y una cantidad de cosas. Fue para ofrecerlo después en sacrificio en Guilgal. Una historia que no se la cree ni él.
Entonces, en aquellas culturas antiguas el sueldo de los soldados era el botín. Y aquí hay que decir algo muy triste y vergonzoso para la raza humana. Y es que muy a menudo ese botín incluía seres humanos en forma de esclavos, en forma de esclavas, en forma de concubinas. Tener muchas mujeres para violar es algo muy deprimente tener que decir esto, pero las mujeres eran consideradas una parte importante del botín. Tener varias mujeres para poseerlas, para violarlas o para tenerlas de esclavas. Pero la cosa no termina ahí. Resulta que cuando un general le da un botín abundante a sus soldados, no solamente los tiene contentos, sino que los tiene de su lado. Es decir, que él mismo crece. Uno se da cuenta de esto leyendo historias de tiempos antiguos.
Entonces uno se da cuenta, por ejemplo, cómo todos estos antiguos generales se preocupaban de que hubiera buenos botines, buenos botines para sus soldados. Era muy importante eso. ¿Por qué querían eso? Pues porque eso era crecer en su popularidad. Es decir, hacer más fuerte el vínculo entre el soldado y el general. Si usted es soldado. La vida del soldado siempre ha sido una vida difícil. Casi diría que en muchas ocasiones, una vida miserable, llena de privaciones, incertidumbres, miedo, privaciones. Y si usted es el general que le da a su soldado. Mira, tú quédate a ver esas cuatro, cuatro, cinco, cinco ovejas gordas para ti. Cinco ovejas gordas, eso le cambia completamente la vida a un hombre de estos. Él reparte los ganados y él crece en su popularidad porque aparece como el gran proveedor de riqueza.
Entonces detengámonos un momento para hacer balance de las tres explicaciones. La primera es puramente religiosa Leyes de pureza. No tocar lo que es impuro. Todos esos son unos idólatras crueles. La segunda es una motivación moral. No es bueno que se enriquezcan porque se les aumenta la codicia y empezarán a luchar contra otros pueblos, ya no por otro motivo, sino sólo por pillaje. No sirve. La tercera motivación. La tercera razón, que es la que más me convence, es porque Saúl tenía la torcida intención de crecer, la adhesión de sus tropas a él. Estamos ante un tema de ego y de poder, por supuesto. Es un tema de ego, es un tema de engrandecimiento. Soldados, ¿quién les cambió la vida a ustedes? ¡Saúl! ¡Saúl! ¡Saúl! ¿Quién los hizo ricos? ¡Saúl! Saúl, no Dios. Hay que reconocer que el mandato de Dios es una cosa muy complicada. Meterte tú en una batalla con todo lo que eso implica. Y cuando ya está el botín. Ahora degüellen a esos animales y quemen todo eso. Bueno, ya lo quemamos. Y ahora para la casa. Sin nada. ¡Sin nada!. Con las manos vacías. Entonces ¿por qué parece que Dios le mandó eso a Saúl? Porque Dios no quería que siguiera creciendo el ego de Saúl. Esa es la razón principal. Bueno, la que a mí más me convence. Acuérdese que yo soy simplemente un servidor. Trato de poner al servicio de ustedes lo que he podido aprender. Yo trato de poner al servicio lo que aprendo.
Saúl quería, según todas las indicaciones, Saúl quería hacer lo que hacen los generales, ganar la popularidad de su ejército y crecer él. Esto tiene mucho sentido porque fíjate cómo le empieza hablando Samuel. Te creías pequeño. Saúl empezó así. Te creías pequeño. Eres la cabeza de las tribus de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a los amalecitas. ¿Por qué no has obedecido al Señor? Entonces, nos damos cuenta que Dios, a través de Samuel, le ha dado esa orden, expresa a Saúl. Necesito que permanezcas pequeño. Te he dado una responsabilidad. Te he dado una influencia. Te he dado un poder. Pero necesito que permanezcas pequeño. Y con esa frase nos quedamos. Necesito que permanezcas pequeño. Pase lo que pase contigo, necesito que permanezcas pequeño. Porque tú antes eras pequeño. Tú te creías pequeño.
Pero ahora fíjate que tiene sentido lo que estamos diciendo. Él quería sentirse el gran benefactor de las tropas. Y acuérdese que en aquellos tiempos, ser el gran benefactor de las tropas significaba ser el verdadero poderoso. Porque las disputas se resolvían siempre. A base ¿de qué? A base de guerra. A base de fuerza. A base de violencia. Necesito que permanezcas pequeño. No importa cuántas victorias tengas, no importa cuánta influencia tengas. No importa cuánto te aprecio o te quiera la gente. Necesito que permanezcas pequeño. Pero ahora vemos otra cosa. Necesito que permanezcas pequeño.
Y lo primero que dijimos en esta homilía fue. Necesito que permanezcas obediente. ¿Ve usted una relación ahí? Obediente, pequeño, pequeño, obediente. El que empieza a engrandecer su ego, que empieza a sentirse grande, empieza a volverse desobediente. La clave de la obediencia está siempre en la humildad, en tener la conciencia de la propia pequeñez. Solo el que permanece pequeño puede seguir siendo obediente. Ya vamos viendo la aplicación que esto tiene en nuestra propia vida. Pero creo que hay cosas que hay que subrayar. Permanecer pequeño. Es muy posible que algunos de nosotros, algunos de nosotros, pensemos. Pero es que yo. ¿Yo qué? Yo realmente. Pues así, grande, poderoso, influyente no soy, dices tú. No te creas tan fácilmente. No todo el poder es poder institucional. ¿A qué me refiero? A que es posible que tú desconozcas que hay muchas formas de tener poder.
Claro, si uno mira, por ejemplo, una comunidad religiosa, que es el contexto en el que nos encontramos, a uno le preguntan bueno, ¿aquí quién es la del poder? Todas las miradas se van hacia un solo sitio. Para uno es fácil pensar que el poder lo tienen los superiores. Hay muchas formas de tener poder y es aquí donde uno descubre que hay muchas formas de tener humildad. Nuevamente pido el auxilio del Espíritu Santo para que yo me pueda explicar. Los superiores, evidentemente tienen una forma de poder. Y ese poder es querido por Dios. Dios ha querido eso. Eso está claro. Pero esa es solo una de las formas del poder. ¿Sabe cómo aprendí yo este tema? Cambia usted la palabra poder por la palabra influencia. Eso es interesante. Allí donde usted tiene influencia, allí usted tiene poder. Y resulta que uno tiene muchas maneras de tener influencia. Que sirva esto para mi conversión.
Piense usted en lo que estoy haciendo ahora mismo. Tengo un grupo de personas bautizadas. Hermosamente bautizadas. Que me prestan atención. Ustedes me dan atención. Ustedes escuchan con atención. Por supuesto, siguen siendo personas pensantes. Tal vez alguien no esté de acuerdo con cosas que yo diga, pero la disposición general que yo veo es una disposición de apertura y de escuchar y de aprender y de poner en práctica. ¿Eso qué quiere decir? Pues que yo estoy teniendo una influencia sobre usted. Por eso yo tengo que ser muy humilde, pero muchísimo, porque resulta que usted es una persona preciosa, tan preciosa como la sangre de Cristo. Entonces, supongamos que no es una pura suposición. Supongamos que yo tengo influencia en usted. Pero es que usted es una persona muy valiosa. Es que usted vale sangre del Hijo de Dios. Qué tal que yo diga lo que no es. Entonces, allí donde hay influencia, allí hay poder y allí donde hay poder, todos somos Saúl. Allí donde hay poder, uno quiere aumentar o puede tener la tentación de aumentar su poder.
Hay una raza de sapos que se hincha, se hincha, se hincha, se hincha. Y muchos machos en distintas especies también se agrandan, se agrandan a veces para llamar la atención de las hembras, a veces para infundirle miedo a otros machos. Entonces se agrandan. El caso más simpático es el del hipopótamo. Le voy a contar esto sobre los hipopótamos, porque uno aprende muchas cosas. Supongamos que usted se encuentra a prudente distancia, que siempre hay que estar a prudente distancia de un hipopótamo. Si el hipopótamo lo ve a usted, lo más probable es que usted le caiga mal al hipopótamo, porque a los hipopótamos todo el mundo les cae mal. Un hipopótamo es un ser amargado. No sé, desde pequeñitos no sé qué tendrá la leche de Hipopótama, pero todo hipopótamo es amargada. Entonces usted está a prudente distancia del hipopótamo. El hipopótamo lo ve a usted y de inmediato se le revuelve la amargura. ¿Por qué está ahí? Pero el hipopótamo no ataca inmediatamente. Ojo con esto. ¿Qué hace el hipopótamo? Este es el comportamiento simpático que descubrí. Que descubrí lo que aprendí. Yo no me he metido con hipopótamos, pero sí los he visto de cerca. Entonces, ¿qué hace el hipopótamo cuando usted le cae mal al hipopótamo? Que eso va a pasar siempre. Probablemente con un San Francisco de Asís. No. Pero usted no es San Francisco de Asís. ¿Qué hace el hipopótamo? Entonces vamos a suponer que usted es el problema. Usted me despierta amargura porque yo soy un hipopótamo. ¿Qué hace el hipopótamo? Se pone de lado. Entonces los científicos han investigado mucho tiempo ¿por qué eso? ahora se pone de lado, pero sigue mirándolo a usted. Y entonces los científicos dicen. Pero ¿por qué se pone de lado? Resulta que la imagen de la fuerza hipopótamo está en su longitud. O sea, lo que está haciendo el hipopótamo al ponerse de lado es decirle mire con quién se está metiendo. Entonces los hipopótamos muestran su fuerza ¿cómo la muestran? de lado. Ponen así de lado, míreme bien. Ese es el hipopótamo. Todos tenemos no solo algo de Saúl, sino algo de hipopótamos. Hay poder donde hay influencia.
Y si usted se pone a pensar, usted tiene influencia sobre mucha gente. Usted dice no, yo soy una religiosa. Además, muchas de ustedes, pues, tienen esa voz suave que es la voz típica de la mujer, una voz suavecita, dulce muchas veces. No, yo soy una religiosa. Únicamente estoy en un jardín infantil. O sea yo ¡qué poder! Yo no tengo ningún poder. Yo estoy allá en el jardín infantil. Usted en el jardín infantil, tiene un poder tremendo, tremendo, para bien o para mal. Resulta que muchos de esos niños dijimos jardín infantil, pues niños. Muchos de esos niños confían en usted. Muchos de esos niños la quieren. A usted la quieren. Sabía usted. Y esta es la otra sorpresa sobre el poder.
¿Sabía usted que nadie tiene tanto poder como quien logra que lo quieran? Efectivamente, esa frase vale la pena escribirla. Nadie tiene tanto poder como quien logra que lo quieran. Entonces, si usted tiene el cariño de unos niños, usted dice hay unos niñitos, unos niñitos, usted está marcando unas vidas para siempre, para bien o para mal. Uno de los motivos, ya les conté algo de esto. Uno de los motivos por lo que yo soy religioso, además de la vocación sacerdotal que Dios en su bondad me dio, es por mi tía religiosa. Resulta que siendo yo niño, niño pequeñito. Íbamos a casa de las religiosas de la presentación. Ellas de la presentación. Íbamos a casa de las religiosas de la presentación en Cartagena. ¿Y qué fue lo que me impactó a mí más de Cartagena? La ciudad amurallada, los paseos, el mar. Lo que a mí de niño más me impactó fue la alegría de las religiosas. Eso quedó para siempre grabado en mí. Yo vi mujeres felices dedicadas a Dios. Resulta que yo tengo este hábito. El hábito dominico. Una parte de este hábito se debe a esas benditas mujeres. Religiosas felices marcaron mi vida para siempre. Con la bondad de Dios moriré religioso. ¿Quién lo hizo? Esas religiosas. Entonces ese es el poder. Ese es un poder inmenso.
Allí donde usted tiene influencia, usted tiene poder. Y allí donde a usted la quieren, usted tiene poder. Y resulta que muchas de ustedes, queridas hermanas, muchas de ustedes tienen mucha gente que las escucha, que las mira, que les hace caso en consejos que ustedes dan y muchísima gente, muchísima gente que las quiere. Entonces, el tema de quién es la superiora. No la superiora. No, eso no es lo único. Esa es una forma de tener poder y a veces no es la que más. Realmente el gran poder está en la influencia que tenga una persona, y la influencia tiene mucho más que ver con cariño, con amor, con corazones que estén abiertos. ¿Qué estoy tratando de decir? Que todos podemos tener la tentación de Saúl.
Entonces, si yo estoy en un humilde poblado con unos humildes niñitos, en un humilde jardín infantil. Pues allá sumercé linda puede ser Saúl, porque en el fondo, ¿qué es ser Saúl? es buscar para mí. ¿Y qué es vencer la tentación de Saúl? es buscar para Dios, quedó dicho. ¿Qué es la tentación de Saúl? Es buscar para mí. Y ¿cómo vencer la tentación de Saúl? es buscar para Dios. Entonces, si yo estoy en el humilde pueblecito con el humilde jardín, con unos niñitos que a duras penas despegan del suelo. En esos niñitos que a duras penas despegan del suelo, usted tiene un poder. A mí me han dicho, no lo he verificado, que en Japón los profesores mejor pagados son los profesores de jardín infantil. Porque dicen los japoneses, o mejor dicho, a mí me dicen que dicen los japoneses que el profesor de jardín infantil es el que más va a afectar la vida de la persona. Y eso es muy real, muy real. Ustedes que conocen de tantos niños, muchos de ellos niños desamparados, niños ofendidos, niños abusados y niñas, por supuesto. Ustedes saben que esa es la edad en la que la persona puede tomar el camino del odio, el camino del suicidio, el camino de mil trastornos mentales. O pueden empezar el camino de su sanación. Y la personita que puede hacer eso seguramente es una de ustedes. ¿Eso no es poder? Usted tiene un poder inmenso. Es un poder muy grande. Toda aquella persona que tenga cerca población vulnerable. Entonces ya no debo hablar solo de niños. Debo hablar de ancianos, de enfermos, de migrantes, todo lo que es población vulnerable. Esas son las personas que tienen también mayor apertura, mayor disponibilidad y son las personas en las que se tiene mayor poder. Y es inmenso el bien que se puede hacer en esas personas. Entonces la tentación de Saúl es recoger para mí, es cultivar para mí, es buscar lo mío, mis ideas, que me quieran a mí, mis privilegios, mi popularidad. Todo eso es tentación de Saúl, también conocida como la tentación del hipopótamo. Pero vencer la tentación del hipopótamo que es yo recojo para Dios, yo trabajo para Dios. Entonces, ¿cuál es la manera correcta de obrar?
La mayor parte de nosotros en la Iglesia Católica trabajamos con población vulnerable, de muchas maneras, a veces porque son relativamente niños o jóvenes, a veces porque son ancianos, porque son enfermos, etcétera. La Iglesia Católica, más que ninguna otra institución, trabaja con población vulnerable y ahí tiene su verdadero poder que debe saber utilizar para el bien. Entonces, en el momento en el que yo llego a trabajar con un grupo de abuelitos, yo debo pensar qué gran responsabilidad he recibido. Esta es población vulnerable y este es un momento muy importante. Hay un sacerdote de mi comunidad bastante mayor. Él dice que ningún apostolado ama más que trabajar con enfermos terminales agonizantes. Él dice ahí es donde se asegura. Ahí es donde se asegura la eternidad. Y este sacerdote que nos ha dado tanto testimonio, para mí es muy acertado en lo que está diciendo. Entonces, por ejemplo, los abuelitos no un poco de viejitos ahí y es pues pasarle la comida a su tiempo y bueno, ver que estén bien y que estén más o menos aseaditos y que no, no, no, no, no, usted tiene el poder de preparar a esa persona para la eternidad. Si nadie se lo había dicho, se lo digo yo. ¿Usted para qué está en un ancianato sirviendo? ¿Para qué está con esos abuelitos sirviendo? ¿para qué? Para ayudar a que todo lo que se tenga que sanar y limpiar de la vida a esa persona se sane y se limpia a tiempo. De tal modo que la persona muera en plena amistad con Dios y esté para siempre con el Señor. Para eso tenemos las casas que tenemos para eso son.
Entonces, ¿qué es recoger para Dios? Recoger para Dios es poner primero los intereses de Dios. Entonces llegué a un hogar de abuelitos, pues los abuelitos son simpáticos, yo converso con los abuelitos, a veces nos reímos mucho, celebramos el día de los abuelitos y a veces hacemos unas integraciones y entonces bailan y ¡bien!, ¡bien!, ¡bien!, ¡excelente!. Todo eso está bien. Pero usted tiene claridad sobre el hecho de que usted tiene una influencia sobre esos seres humanos. Usted tiene poder. Entonces lo más importante. Pues muy bueno que la quieran a usted. Me fascina que la quieran, pero lo más importante no es que la quieran a usted. Lo más importante es trabajar para el Señor. Lo más importante es recoger para Dios. Entonces, cuando ustedes examinen las obras, que obviamente toda comunidad religiosa tiene que examinar, ¿esta obra como va? ¿esta obra como va? Cuando ustedes examinen las obras, lo que tienen que preguntarse es eso y el fin sobrenatural de esto. A ver, el fin sobrenatural de esto ¿qué? La pregunta no es únicamente si los abuelitos están bien, si se ríen, si están aseados. No, la pregunta es ¿hermana, usted considera que abuelito que se muere es abuelito que va para el cielo? Esa es la pregunta que hay que hacer. ¿Usted considera eso? ¿Lo tiene claro? Más o menos. Esa es la verdadera influencia. Lo demás es únicamente trabajar para que nos quieran, que es poca cosa. Pues es bonito. ¿A quién no le gusta que lo quieran? Además, hay abuelitos y abuelitas que son más o menos queridos, simpáticos y algunos son muy agradecidos. Ay hermanita tan linda usted, usted tan buena, tan buena. Y uno, sin darse cuenta, puede empezar a trabajar para uno mismo. Entonces usted empieza a ponerse de lado. Tenga cuidado. Tenga cuidado con el ego. Es que el ego se mete debajo de todos los hábitos. Usted no piense que el hábito es impermeable, nada. El ego se mete y usted empieza a sentir que usted es la hermanita linda y que usted es medio santa y que usted... No, usted tiene que hacerse esta pregunta ¿estoy trabajando para el Señor? ¿sí o no? Porque eso fue lo que le falló a Saúl. Eso fue lo que le falló a Saúl. Saúl estaba sacando pecho y diciendo. Bueno, aquí reuní. A ver tropas ¿quién les dio lo que tienen? Saúl. Saúl. Saúl. Ah, bueno. Bien. Mañana les vuelvo a preguntar. No, nosotros. Es para el Señor. Todo es para el Señor. Cualquier población que sea, es para el Señor, muy especialmente en lo que es formación. Hay que tener un corazón muy, muy dispuesto. Dios mío, ¿tú quieres escribir una historia de excelsa santidad con esta hermana? Tú quieres escribir una historia de santidad Dios mío, ¡ayúdame! ¿Qué puedo hacer para que salga una historia de santidad aquí?
Como usted se da cuenta y con esto terminamos. Hoy nos tocó predicación de la primera lectura. Como usted se da cuenta, esto se une con otros temas que hemos tratado en el retiro. Especialmente aquello de no ser dueños, no ser dueños, no seamos dueños. Para mí lo bueno es estar junto a Dios. No te tengo a ti en el cielo. Entonces nosotros no nos adueñamos de nadie. Servimos. Hay que Dios lo permita. Servimos a la gente. Lo servimos con amor, pero preparándolos para Dios, para Dios, para Dios. Son de Dios. Lo primero que uno tiene que pensar, sobre todo cuando llega un nuevo apostolado son de Dios. No son míos, son de Dios. Voy a ver cómo puedo servirlos para que crezcan en su camino hacia el Señor. Pero son de Dios. Ahí no importa si son chicos, jóvenes, abuelos, casados, solteros, eso no importa, son de Dios. Él los adquirió, Él los adquirió, son de Él. Entonces a mí lo que me toca es simplemente servir todo lo que yo pueda y lo mejor que pueda para que crezcan en su camino hacia Dios, mientras el Señor me lo conceda.
Terminado ese servicio, porque ya no pude servir más. Seguiré orando, claro, seguiré orando por esas personas. ¿Hasta cuándo? Hasta el día en que Dios diga, bueno, se acabó su tiempo. Lo que fue, fue. Nos vamos. Ay ¿cómo así? ¿cómo así que? si se acabó el tiempo. Pero ¿y todo lo que yo tenía que dar? Se le advirtió. ¿Se acuerda de ese retiro en Marilandia? ¿Se acuerda o no se acuerda? Sí, sí, me acuerdo. Entonces. ¿Y entonces, Señor qué será de mí? Pues vaya viendo el purgatorio que le toca. Vaya viendo. Vaya calculando su purgatorio. Claro que el purgatorio es un lugar de amor, hay dolor, pero es un lugar de amor. No debemos tampoco tener desesperanza. Pero mejor sin purgatorio, ¿no? mejor. Entonces que usted llegue a ese final de la vida sin ser dueña de nada ni de nadie. Todo lo entregué, todo lo di, todo para mi Señor, todo. Todo para mi Señor. Eso es vencer la tentación de Saúl. De nada me adueñé, de nadie me adueñé, todo para mi Señor. Todo para que crezca Él. Todo para que Él sea conocido. Todo para que Él sea amado. Todo para que Él sea servido y obedecido, todo. Y yo no tengo nada.
Ahí conviene terminar con la hermosa historia de Santo Tomás de Aquino. Otra historia de Santo Tomás. Postrado estaba Santo Tomás frente a un Cristo. Había algún otro religioso en aquella capilla. El Cristo le habló. Muchos de nosotros recordamos las palabras como se cuenta esta anécdota en latín. Bene scripsisti de me, Thoma. ¿Quid quaeris? Has escrito bien de mí, Tomás ¿qué quieres? Y responde Tomás. Nil, nisi te, Domine. Nada, solo a ti. ¿ve? libre. El hombre estaba libre de todo. Usted se imagina lo que Dios puede hacer con religiosos así, con religiosas así, religiosas que puedan decir no, yo quiero servir a todos, amar a todos, pero adueñarme de nada ni de nadie. Usted se imagina una generación, una comunidad de hermanas, con esa espiritualidad así, fuerte. ¡Uy, Dios mío! Eso sería un torrente de santidad. Entonces la hermana muere. Llegó el momento de su muerte. Como diría San Ambrosio. San Ambrosio tiene un libro sobre la muerte. Como diría San Ambrosio, como ya ella venía muriendo, ya llega el momento de la muerte y es un paso más. Bueno, entonces se deja esto.
Desprendida estaba también una mujer que no fue religiosa, Mónica, la mamá de Agustín. Por eso Mónica decía como estaba tan desprendida hasta de su propia realidad corporal, ella decía mire, no se encarten con el problema de mi cuerpo, que sea aquí, que sea en África, porque esa conversación la tuvo ella con Agustín allá en Italia. Que sea aquí, que sea en África no importa. Y ella estaba suelta de todo. Bonito. Entonces se muere. Cierra los ojos. Va a la gloria. Esa es la vida cristiana. Mucho más la vida religiosa. Así hemos pasado de Saúl al cielo. De eso es de lo que se trata. Vencer la tentación de Saúl. Recoger sólo para Dios. Debo tener conciencia de que si tengo influencia, claro que tengo influencia ¿en quien tengo influencia? en los que son preciosos para Dios, los más vulnerables, los más pequeñitos, los más frágiles. Por eso debo tratarlos con un infinito respeto, con una caridad muy grande, sin adueñarme de nadie, de tal manera que sean para Dios porque son de Dios. Y así terminará mi vida. Y yo podré decir lo que dijo Santo Tomás de Aquino. Me preguntará el Señor. Bueno, hermana y ¿tú qué quieres? Tú trabajaste duro. ¿qué quieres? ¿Que qué quiero? Mmm. Yo no quiero nada. Yo te quiero. Es a ti. Nil,nisi te, Domine. Nada, solo a ti. Solo a ti. Mi paga eres tú. Mi felicidad eres tú. Así nos lo conceda el Señor. Vidas santas, muertes santas, pero sobre todo comunidades santas.
Es muy hermoso ver una religiosa que realmente se empeña con todo su amor por ser de Cristo. Pero infinitamente más bello es ver una comunidad, una comunidad que con generosidad está en esa actitud de buscar la gloria divina. Eso es algo muy hermoso. Que lo conceda al Señor y que se lo conceda a esta comunidad. Que ustedes sean esa comunidad en la Iglesia. Se lo pido al Señor que tanto las ama. Amén.

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