Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El peligro de justificar las propias desobediencias

Homilía o021012a, predicada en 20200120, con 18 min. y 24 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, les invito a que dirijamos nuestra atención a la primera lectura. Es un momento dramático. Lo que encontramos en ese capítulo quince del primer libro de Samuel. Es el momento en el que Dios descarta a Saúl como rey. Las consecuencias de lo que aparece en el texto de hoy se van a dejar sentir en toda la historia de los reyes. Es dramático que Dios descarte a Saúl. Porque Dios lo había elegido primero.

¿Qué fue eso tan grave que hizo Saúl? La respuesta que uno podría dar en primer lugar es que Saúl fue desobediente. Y efectivamente Saúl, vemos aquí que desobedeció una orden muy clara de Dios. Pero si uno lo piensa bien, debe haber una explicación más profunda. Porque resulta que desobedientes han sido muchos antes y después de Saúl. De hecho, si uno mira la historia de los reyes de Judá y de Israel, lo que encuentra es una cantidad de gente desobediente.

Con mucha frecuencia, en los libros primero y segundo de los reyes encontramos estas expresiones. Reinó tantos años. Hizo lo que desagrada al Señor. Con unas pocas excepciones que además tienen matices. Ese es el veredicto sobre la mayor parte de los reyes, hizo lo que desagrada al Señor. Es decir, fue desobediente.

Además, fíjese lo interesante aquí, se está criticando a Saúl por desobediente, pero si nos damos cuenta, el rey que Dios eligió después fue David. Y resulta que David fue terriblemente desobediente. Efectivamente, David cometió adulterio, abuso de poder. Mentira, calumnia, homicidio, todo eso en torno a un ataque de deseo pasional que tuvo con una mujer. O sea que David fue escandalosamente desobediente.

Así que si vamos a decir que la razón por la que Dios descartó a Saúl fue la desobediencia, así simplemente. Pues nos vamos a quedar cortos, porque entonces por qué no fue después este mismo profeta u otro profeta. En el caso de David, fue Natán. Por qué ese profeta Natán no le dijo a David tú fuiste rebelde contra Dios, hiciste lo que desagrada a Dios. Descartado. Lo que dice aquí Samuel por haber rechazado la palabra del Señor. Te ha rechazado como rey. Eso hubiera podido decírselo también a David.

Esta comparación nos anima a mirar en mayor detalle cómo fue la situación de Saúl y cómo fue la situación de David. Objetivamente hablando, la desobediencia de Saúl fue menos grave. Tal vez hubo un poco de codicia conservando el botín. Tal vez esa fue parte del problema. Pero si uno compara con todas las barbaridades que hizo David con ocasión de su adulterio con Betsabé, uno podría decir, objetivamente hablando, fue mucho más grave lo de David. Entonces concentremos nuestra atención en cómo se da el diálogo entre el profeta de Dios y Saúl y entre el profeta de Dios y David.

El primer profeta de Dios. Es este Samuel, el que aparece en el texto de hoy. Samuel enfrenta a Saúl y el segundo caso es del otro profeta llamado Natán. Eso está en el capítulo once del segundo libro de Samuel, donde Natán se enfrenta con David. Entonces, atención a los nombres. Samuel enfrenta a Saúl. Natán enfrenta a David. En ambos casos, los profetas hacen una denuncia.

Mire cómo empieza la denuncia de Samuel. No es cierto que siendo pequeño, a tus ojos eres el jefe de las doce tribus de Israel. El Señor te ha ungido como rey. El Señor te envió con esta orden. Y le recuerda la orden. ¿Por qué no has escuchado la orden del Señor? ¿Cuál es la estructura de esa exhortación, ese regaño que Samuel le da a Saúl? ¿Cuál es la estructura? Le dice, no es mérito tuyo, le dice Dios te ha dado muchísimo y le dice tú has desobedecido. Estos son los tres elementos. No es mérito tuyo. Dios te ha dado mucho. Tú desobedeciste.

Si nos vamos al texto de Natán y David encontramos la misma estructura. Natán le dice a David como lo sacó de detrás del rebaño. Tú no eras nada, David. No es mérito tuyo. Mira todo lo que te he dado. Te he dado victorias. Incluso esto suena feo, pero bueno, así le dice también el profeta. Te he dado muchas mujeres. Eso también le dice. Y mira que tú has cometido este crimen. Vemos que la estructura del regaño o de la exhortación es la misma. En el primer caso lo hace Samuel. En el otro caso lo hace Natán, pero es la misma estructura.

¿Cómo cambian las cosas, en dónde cambian las cosas? Cuando Natán le habla a David. La reacción inmediata de David es he pecado contra el Señor, es decir, frente a la denuncia, frente a la evidencia de su pecado, David baja la cabeza y reconoce he pecado. David se doblega frente a la denuncia. Y es interesante ver en ese pasaje, que repito está en el segundo libro de Samuel. ¿Cuál es la respuesta que le da Nathan? Nathan le da la denuncia, el regaño. Cuando David termina de oír la gravedad de lo que ha hecho, dice he pecado contra el Señor. Y de inmediato Natán le dice a David El Señor perdona tu pecado. Esto sucede en rápida secuencia, la denuncia, el reconocimiento y el anuncio del perdón. Es como si la Biblia quisiera enseñarnos que Dios no es tardo para perdonar. Dios no es complicado para perdonar, pero hay que admitir lo que uno ha hecho.

Ahora volvamos al pasaje de hoy, capítulo quince del primer libro de Samuel. Samuel le dice a Saúl las barbaridades de su desobediencia. ¿Cuál es la actitud de Saúl? Yo he cumplido la orden del Señor. Yo he hecho la campaña a la que me envió. Esa es una mentira, es una mentira absoluta, redonda, completa y pesada. Y luego viene la justificación. El pueblo tomó del botín, pero es para hacer después un sacrificio en Gilgal. Vamos a hacer allá un sacrificio. ¡Ah!, tomaron lo más selecto del ganado. Tomaron lo mejor del ganado para hacer un sacrificio. Sí, señor. Si hubiera existido el refrán, Samuel le hubiera podido decir. Ahora cuénteme una de vaqueros. Entonces fíjate cuál es la actitud de Saúl y dónde está el verdadero problema. No es simplemente la desobediencia, que claro que ahí está la raíz, pero no es simplemente la desobediencia, es el intento de justificar la desobediencia.

Y antes de eso, otra cosa grave es el pretender interpretar lo que Dios me dice como a mí me guste, como a mí me convenga. Entonces, claro que sí, es desobediencia, pero es desobediencia en un grado altísimo. ¿Cuál es ese grado? ¿Cuál es la peor desobediencia? ¿Cuál es la desobediencia que conduce a ser descartado por Dios? Respuesta. La desobediencia que conduce a ser descartado por Dios, está cuando la persona pretende interpretar lo que Dios manda según su propia conveniencia. Cuando yo pongo un filtro a la Palabra de Dios para que esa Palabra diga lo que yo quiero escuchar en ese momento, yo he rechazado la Palabra. Y si miras, esa fue exactamente la denuncia que hizo Samuel. No le dice Tu pecado es la desobediencia. En términos exactos, lo que le dice es, tú rechazaste la Palabra del Señor. Te volviste impermeable a la Palabra del Señor. Te blindaste contra la Palabra del Señor porque la interpretas como se te da la gana y como a ti te conviene. Y luego el segundo problema. Y luego te justificas y te llenas de disculpas para ti mismo.

Entonces, si tú interpretas la Palabra como se te da la gana y luego te disculpas y te excusas y te justificas a tus anchas. Te has vuelto impermeable al Señor. Has roto con Dios. Como has roto con Dios, eres tú quien se ha desconectado del Señor. Eres tú quien se ha separado de Dios. Por eso eres rechazado del Señor, si lo piensas bien.

Aquí viene un pensamiento que he leído en el Papa Benedicto. Cuando él dice que realmente la persona se condena, porque al rechazar a Dios, escoge las tinieblas. Al rechazar el amor, escoge el odio. Al rechazar la paz, escoge una guerra perpetua contra sí mismo. Y por eso, al rechazar a Dios, escoge infierno. Eres tú quien lo construye, eres tú quien lo hace. Y puede ser eterno, por supuesto.

Conclusiones. El problema no es simplemente la desobediencia. Desobedecer, yo creo que todos hemos desobedecido, porque quién de nosotros no ha pecado. Desobedecer, todos hemos desobedecido. El problema no es ese. El problema grave es que cuando Dios quiere despertar nuestra conciencia desobediente, nosotros pretendamos interpretar la Palabra a nuestro acomodo o pretendamos justificarnos a toda costa. Cuando obramos de ese modo, estamos rechazando la Palabra, estamos blindándonos contra la Palabra, estamos impermeabilizando contra la Palabra. Y por supuesto, el que se impermeabiliza contra la Palabra se queda sin la Palabra. El que se blinda contra Dios se queda sin Dios y todas las consecuencias que sigan de ahí en adelante son las consecuencias de haber rechazado al Señor.

Por eso, la conclusión más importante de esto es darnos cuenta que a la Palabra hay que darle el tributo de una escucha profunda. Es decir, yo tengo que dejar que la Palabra entre y haga su obra en mí. Debo dejar que esa Palabra llegue a lo más profundo de mí, incluso si me incomoda y ojalá que me incomode, incluso si me arde, incluso si me fastidia. Todo eso es importante que suceda, porque si yo recibo la palabra y nunca me incomoda y no cambia mi tipo de vida y todo me lo justifica. Entonces no estoy oyendo a Dios. He creado un monigote, he creado un muñeco que me repite lo que yo pienso y a eso estoy llamando Dios. Eso se llama un ídolo y es un ídolo asqueroso.

Tengo que recibir la Palabra y dejar que me denuncie. Y cuando usted escuche una predicación, cuando usted escuche a un Sacerdote, Diácono, cuando usted encuentre un libro supuestamente de espiritualidad y usted pase y pase páginas y no hay denuncia y no hay llamado a la conversión, usted puede desconfiar de ese libro. Usted puede desconfiar de esa predicación. Una predicación que no me denuncia sabiendo yo que no estoy haciendo todo bien ni mucho menos en mi vida. Si la predicación no me denuncia, si la predicación no me sacude, de ahí el daño que hacen algunos cuando quieren presentar algunos aspectos de la Palabra de Dios para dejar a la gente en el pecado.

Típicamente, esto está pasando en nuestro tiempo con el uso malévolo de la palabra Misericordia. Tomamos la palabra Misericordia, la hipertrofiamos, la inflamos, la inflamamos y con esa palabra Misericordia queremos tapar toda la Biblia para que no se vea en donde la Biblia dice que lo que es pecado es pecado, o por lo menos para tapar algunos pecados. Esa manera de proceder es una manera de impermeabilizar los corazones contra Dios y es un pecado gravísimo en sí mismo.

Entonces, la primera enseñanza es tenemos que volvernos blandos, sensibles, para recibir la Palabra también cuando nos denuncia. No todo es denuncia en la Palabra, también nos consuela, nos enseña. Pero cuando nos denuncie que pueda tener ese poder en nosotros. Y segunda conclusión y última recordemos la manera como denuncia la Palabra. Una buena predicación, un buen libro, un buen autor, un buen Sacerdote debe obrar como Samuel y como Natán.

Recordarnos siempre que, como decía Santa Catalina de Siena Yo soy la que no soy, yo de por mí no soy nada. Tengo que recordar mi humilde origen, mi fragilidad, mi contingencia. Tengo que recordarla. Y Dios debe brillar por la abundancia de todo lo que ha hecho en mí, todo lo que me ha dado. ¡Dios mío, cuánto me ha dado! Y luego, pues tiene que también hacerme ver en qué he fallado.

Ahí tiene usted una brújula para reconocer buenos predicadores. Nos conducen a la humildad. Nos conducen a la gratitud y nos conducen a la contrición. Humildad, gratitud y contrición. Es curioso que un predicador tan grande. La gente lo recuerda por los milagros. Pero un gran predicador. Pero de los gigantes fue San Antonio de Padua. Y esa era exactamente la metodología de él. Y él sabía que estaba logrando lo que tenía que hacer. Cuando el fruto de la predicación era humildad, gratitud a Dios y contrición viva por parte del pueblo. Sigamos esta celebración Eucarística. ¿Cómo? Con humildad, con agradecimiento y con una clara conciencia de cuánto necesitamos del perdón y del amor de Dios.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM