Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pide al Señor que puedas dejar la mentira, las verdades a medias y las disculpas tontas. Presentate como eres, arrepientete, admite los errores, recibe el perdón y sigue adelante.

Homilía o021010a, predicada en 20180115, con 6 min. y 56 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número quince del primer libro de Samuel. Como hemos comentado en otra ocasión, dos grandes instituciones del pueblo de Israel tuvieron su origen al mismo tiempo y en cierto sentido, se complementaron. Todo el poder, toda la majestad de los reyes tenía que ser, en efecto, temperada, morigerada por el ministerio claro y fiel de los profetas. Así que profetas y reyes van muy unidos. La historia y la profecía están intrínsecamente conectadas en la Biblia. Y así lo vemos desde el primer libro de Samuel. La historia seguirá en el segundo libro de Samuel. Y luego también en los libros primero y segundo de los Reyes, así como también en los libros primero y segundo de las Crónicas.

Pues bien, encontramos en la lectura de hoy la desobediencia del primero de los Reyes. O sea que esto de la monarquía no empezó muy bien, porque el primero de los reyes fue Saúl y ya nos damos cuenta que hay desobediencia en Saúl. Grave desobediencia, de hecho. Lo más interesante es que Saúl es desobediente, pero niega su desobediencia.

Y digo que es interesante porque eso se parece a lo que muchos hemos hecho en la vida. Muchos no hemos vivido de acuerdo con el querer y el mandato del Señor y sin embargo, nos cuesta trabajo admitir nuestros errores, nos cuesta trabajo admitir que hemos fallado, nos cuesta trabajo decir con franqueza y con sencillez, hemos pecado. Eso nos cuesta mucho trabajo.

Entonces utilicemos la primera lectura de hoy a la manera de un espejo. Y en ese espejo hagámonos la pregunta de ¿cuáles son los recursos que usualmente uno utiliza para tapar su desobediencia, para no oír la denuncia? y la denuncia es que no has obedecido al Señor. Esa fue la denuncia que le hizo el profeta Samuel al rey Saúl. Y lo primero que hace Saúl es exactamente negarlo. Yo sí he obedecido al Señor, dice Saúl. Lo primero que hace es negar, esto nos llama la atención, porque efectivamente, es la primera defensa de la desobediencia. Porque la desobediencia es como una fiera que se defiende. Así es el pecado siempre en el corazón humano.

El pecado para tener poder en nosotros, siempre toma actitudes de defensa. Es como cuando entra una bacteria al cuerpo, no quiere salir por su propia voluntad. De hecho, si intentamos acabar con esa bacteria, la bacteria se defiende. Por eso se necesitan medicamentos bastante fuertes que llamamos antibióticos, porque la bacteria se defiende, no quiere salir, no quiere soltar su presa. Bueno, eso es exactamente lo mismo que sucede con el pecado en nosotros.

El pecado no quiere soltar su presa, y la presa somos nosotros. Y por eso la primera línea de defensa del pecado, en este caso, pecado de desobediencia. La primera línea de defensa es mentir. No. Yo sí he obedecido. ¿Qué más sucede? Luego Saúl empieza a disculparse. Yo sí he obedecido al Señor porque yo sí le he hecho caso al Señor. Y lo que cuenta Saúl es una obediencia parcial. Es decir, yo en realidad no he pecado, porque fíjese que yo he hecho cosas buenas. Este es un recurso que uno muchas veces utiliza para no darse cuenta de lo que uno está haciendo mal. Uno intenta subrayar, destacar, presentar, no sé, con gran realce, lo bueno que uno hace. No, yo sí he hecho el bien, pero, yo sí he hecho el bien. Y lo presenta uno así y lo exhibe de esa manera.

Entonces, la primera línea de defensa de esta bacteria asquerosa que se llama la desobediencia es mentir, tratar de mantenernos en la oscuridad. Pero luego la segunda línea es presentar una verdad a medias. Primero la mentira, después la verdad a medias. Dice él. He hecho la campaña a la que me envió el Señor. He exterminado a los amalecitas. Todo eso es cierto. Y luego qué es lo siguiente que hace Saúl. Disculparse.

Fíjate primero mentir, después decir verdades a medias y después disculparse. Sí la tropa tomó del botín, ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio lo hizo para ofrecerse en sacrificio al Señor tu Dios en Gilgal. Es decir, nosotros, pues sí, tal vez sí hemos hecho algunas cosas malas, pero en el fondo estamos en lo mismo. Se trata de servir al Señor y efectivamente, estamos sirviendo al Señor, de manera que no hay por qué quejarse. No hay nada grave.

Entonces, la tercera línea de defensa ¿cuál es? La tercera línea de defensa es yo si voy a llegar a donde Dios me dijo, pero yo voy a llegar por mis medios. Sí, ha habido errores, pero en el fondo estamos en lo mismo. Entonces es disculparse. Mentir, presentar verdades a medias y disculparse. Y en esas se nos va la vida. Con un agravante y es que cuanto más nos justificamos nosotros, más nos perdemos de recibir la justificación que solo viene de Dios.

Bendita justificación que realmente puede cambiar nuestra vida mirándonos en este espejo. Pidamos al Señor que dejemos la mentira, que dejemos las verdades a medias, que dejemos las disculpas tontas y dejemos de decirle al Señor en el fondo, en el fondo estoy buscando lo mismo. Preséntate como eres. Que como bien dice la primera carta de Juan si decimos que no hemos pecado, le estamos diciendo a Dios que es un mentiroso. Más bien arrepentirse, admitir lo suyo, recibir el perdón y claro, seguir adelante.

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