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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios es compasivo y a la vez justo; aceptemos entrar por la puerta de su misericordia, al rechazarla seguramente entraremos por la puerta de su justicia.
Homilía o021009a, predicada en 20160118, con 6 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Sabemos que en este año nuestra Iglesia, convocada por el Papa Francisco, está celebrando el Año de la Misericordia. Una oportunidad bendita para renovarnos en el conocimiento del amor de Dios y renovar también nuestro compromiso de ser testigos de ese amor con nuestros hermanos. El mensaje de la Misericordia nos lo ha dicho varias veces el Papa, viene a condensar y expresar de una manera particularmente intensa lo que es Dios mismo. Dios es Amor, nos dice en algún lugar la Escritura. En la primera carta de Juan.
Pero ese amor de Dios tiene su expresión más elocuente como amor de Misericordia, porque es el amor que se vuelca, es el amor que se derrama hacia la persona que está en necesidad. Y esa es nuestra condición delante de Dios Amor Misericordioso. Eso significa que esta es una magnífica oportunidad para aprender sobre lo que es la Misericordia. Y en mi caso particular, creo que es muy importante que aprendamos también lo que no es la Misericordia.
Te voy a hacer una comparación muy elemental. Cuando una persona llega a un país extranjero donde se utiliza una moneda diferente, vamos a suponer el que llega por primera vez a Japón, el que llega por primera vez a Alemania. Pues en Japón se encontrará con una moneda diferente que se llama el yen y en Alemania se va a encontrar como en toda Europa, con una moneda que no conoce que se llama el euro. Esta persona, este visitante, no conoce esas monedas, no conoce no solamente las denominaciones, sino que tampoco conoce cómo son los billetes.
Podríamos decir que esta persona se encuentra en una condición bastante vulnerable, quizás un malintencionado podría aprovecharse de la ignorancia de este para quizás darle moneda falsa, moneda falsificada. Así, por ejemplo, si este turista incauto va a hacer una compra paga con un billete de cien euros, tienen que devolverle, digamos, unos cuarenta euros. Pero él no conoce bien la moneda, no conoce bien estas denominaciones. Entonces es más fácil que acepte unos billetes falsos, unos billetes falsificados de contrabando. Lo mismo le puede pasar en cualquier otro país.
Bueno, pues algo así es lo que yo creo que sucede con la Misericordia. La Misericordia podemos decir que es la manera como Dios hace transacciones con nosotros, transacciones que son maravillosas porque todos son ganancias para nuestros pobres corazones, enfermos y pecadores. Él nos da la abundancia de ese amor en forma del perdón, en forma de la sanación, en forma de la liberación. Dios nos da una verdadera abundancia de ese amor, pero no hay que dejarlo confundir. Necesitamos conocer muy bien como es la verdadera Misericordia.
Me llama la atención en ese sentido la primera lectura de hoy, tomada del primer libro de Samuel en el capítulo quince, donde encontramos cómo hay una realidad impresionante. Y esa realidad es que si rechazamos el camino de Dios, rechazamos también la Misericordia de Dios. Si rechazamos el camino de Dios, estamos rechazando la amistad con Dios, y si estamos rechazando la amistad con Dios, estamos perdiendo también su Misericordia. Esa la estamos perdiendo, porque esa es la historia que se cuenta en el primer libro de Samuel.
Eso es lo que nos dice que este hombre llamado Saúl entró por los caminos de su propio capricho, entró por los caminos de la desobediencia y en la medida en que se fue internando en la jungla venenosa de la desobediencia, cada vez buscó justificarse más, pero cada vez se apartó también más del camino que Dios le marcaba. Terminó perdiendo la amistad con Dios.
Esto se sintetiza en una frase que es bien conocida por los autores espirituales. Dios nos ofrece la Puerta de su Misericordia. Pero si no entramos por la puerta de la Misericordia, con toda seguridad tendremos que entrar por la Puerta del Juicio.
El lenguaje que Dios quiere establecer con nosotros es un lenguaje de dulzura, de ternura, de delicadeza. Y Él es obstinado, obstinado en ofrecer una y otra, y otra y otra vez y muchas más veces esa oferta. Pero si nosotros rechazamos la Puerta de la Misericordia, tendremos que entrar por la Puerta de la Justicia. Y eso fue lo que cayó sobre aquel rey rebelde, sobre Saúl. Y el profeta Samuel le dijo de parte de Dios, tú rechazaste a Dios, ahora Dios te rechaza.
Pidamos al Señor que nosotros no convirtamos la Misericordia como en una especie de caucho que se puede estirar según nuestro capricho. Hay Misericordia, pero el mismo Dios que es compasivo también es justo. Y por eso hemos de entrar por el camino de la Conversión y la Misericordia, porque si no, ya sabemos que nos aguarda. No es lo que Dios quiere en primer lugar para nosotros. Pero Dios no va a cambiar su fidelidad a su propio amor, a su propia verdad y tampoco va a cambiar lo que nosotros somos, porque así nos hizo Él. Somos libres y por eso cabe gravemente, cabe la posibilidad de rechazarle, que eso no vaya a sucedernos le pido yo al Señor.

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