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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios no descartó a Saúl como persona ni como miembro del pueblo de Dios sino sólo como rey.
Homilía o021008a, predicada en 20140120, con 5 min. y 7 seg. 
Transcripción:
Es duro el castigo que recibe Saúl. Se trata de un caso de desobediencia y la sentencia es fuerte. Le dice Samuel por haber rechazado al Señor. El Señor te rechaza hoy como rey. Pero la parte más importante de esa sentencia es exactamente lo último que le dice. Te rechaza como rey, no te rechaza como persona. No te rechaza como miembro de su pueblo. Te rechaza como rey. Ahí quedaba una puerta para Saúl.
Es interesante ver en esa parte del primer libro de Samuel lo que sucede. Samuel le dice, Dios te rechaza como rey. Y Saúl, haciendo gala de su obstinación, pretende seguir siendo el rey. Es decir, no solo ha desobedecido, sino que sigue desobedeciendo. Todo indica que lo que tendría que haber hecho Saúl era asumir ese castigo, esa corrección. Ya no soy rey, pero sigo siendo miembro de este pueblo elegido. Sigo siendo objeto de la Misericordia de Dios. Pero él no escogió ese camino. Le pareció demasiado duro dejar de ser rey. Le pareció humillante ante la gente, siendo como era un gran general, un hombre alto, fuerte, destacado, de gran presencia. Quedar degradado. Sin su condición de monarca le parecía demasiado difícil. Entonces siguió en lo suyo.
El resultado fue desastroso. Finalmente, Saúl morirá en batalla y morirá de mala muerte. ¿Qué lección nos queda a nosotros? Pues dos cosas. Primera, que en toda corrección Dios deja una puerta de Misericordia. El castigo más severo que tiene la Iglesia Católica es la excomunión. Pero aún la persona excomulgada tiene una puerta para el arrepentimiento, para la conversión. Si no se obstina, siempre hay una puerta de Misericordia, pero esa puerta la encuentra el que renuncia a su orgullo y el que sigue la senda de la humildad. Esa es la enseñanza que nos queda. Importante tener en cuenta aquello de que hay puertas que Dios abre y hay puertas que Dios cierra.
Hoy Dios le estaba cerrando la puerta de la realeza de la monarquía a Saúl. Hoy se te cierra esta puerta, Saúl. Ya no más por aquí. Él no aceptó. Yo voy a seguir mandando. Yo voy a seguir peleando por la gloria de mi reinado. La gloria de su reinado quedó en un fiasco terrible, en una vergüenza aún peor. Entonces nosotros hemos de aprender también que Dios cierra puertas, que las cosas tienen su hora. Que ningún cargo, ningún oficio, ningún aplauso, ningún reconocimiento humano. Vale lo que vale estar en la presencia del Señor y gozar de su amistad.
Pidamos docilidad para aceptar las correcciones cuando lleguen y para saber cuál es la puerta que Dios cierra y cuál es la puerta que Dios abre.

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