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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El falso ayuno es práctica puramente exterior; el verdadero ayuno es ejercicio de conocimiento de sí mismo ante Dios, para conversión.
Homilía o021007a, predicada en 20140120, con 4 min. y 13 seg. 
Transcripción:
Se supone que el ejercicio del ayuno es ante todo, una manera de conocerse a sí mismo, de arrepentirse de los propios pecados, de humillarse ante Dios, de reconocer la necesidad que uno tiene de Dios. El ayuno tendría que ser un ejercicio de interioridad en el sentido de llamado a la conversión profunda, no en el sentido de huida de los problemas del mundo.
Y comentó esto sobre el ayuno, porque en el texto del Evangelio de hoy, capítulo dos de San Marcos, encontramos que los fariseos hacen una pregunta a Cristo ¿Por qué nosotros y los discípulos de Juan ayunamos? Y los discípulos tuyos no ayunan. Obsérvese la contradicción. Si uno está ayunando, se supone que está buscando el reconocimiento de los propios pecados, como ya se dijo, y la propia conversión. La mirada tendría que estar hacia adentro, es decir, ¿cuál es el pecado que yo tengo que arrancar de mi vida? Pero esta gente está ayunando y está mirando hacia afuera. Está buscando el pecado ajeno.
Observemos lo que implica eso. Quiere decir que su ayuno, aunque en sí mismo, sea una práctica tan recomendada, tan saludable desde el punto de vista espiritual e incluso corporal. Ese ayuno es pura apariencia. El corazón no está ayunando, el corazón de ellos no está ayunando. El corazón de ellos está atento a quién hace, qué hace, cómo hace. Siguen sus ojos fijos hacia afuera. No han empezado a entrar en su propia realidad. Por eso tampoco pueden comprender el mensaje de Jesús. Porque el mensaje de Jesús es un llamado profundo a la conversión.
La primera palabra de Cristo en el Evangelio de Marcos es un llamado a la conversión. Convertíos y creed la Buena Noticia. El reino de los cielos ha llegado. Este es el saludo que nos deja la voz de Cristo en el Evangelio de Marcos. Y bueno, ya vemos que esta gente no puede captar ese mensaje de conversión, porque la conversión, lo mismo que el ayuno, supone una limpieza que empieza por adentro. Una limpieza que empieza por el corazón. Una limpieza que busca esas raíces amargas para sacarlas, arrancar esa maleza y quitarla. Y el que no tenga ese propósito, el que no quiera entrar en su propia casa y en su propio corazón para arrancar esa maleza, no entiende nada de Cristo. Y le parece que lo de Cristo es extraño, es peligroso, es vano, es superficial, es heterodoxo.
Pidamos al Señor que abra nuestros ojos. Estos fariseos tenían a su lado al Rey de reyes, tenían a su lado al Señor de señores, al Cordero que quita el pecado y no lo reconocieron. Pidamos ojos para reconocer a Cristo y manos fuertes y resueltas para sacar la maleza del propio corazón.

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