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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La voluntad de Dios no consiste sólo en el qué, sino también en el cuándo, el cómo y el hasta cuándo. Y en esa voluntad, en contra del ateo, está nuestro bien.
Homilía o021006a, predicada en 20120116, con 39 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, este Templo parroquial que nos recibe tiene varias puertas. Esta que comunica con la sacristía, por ejemplo. Allá frente a mí está la puerta principal, inmensa y solemne, como le gusta al Padre párroco. Luego, a la derecha de ustedes otra puerta, a la izquierda atrás otra puerta. Pero hay una puerta de esta Iglesia que es la que me interesa para este momento y para esta Eucaristía. Es la que queda aquí, esta puerta a la izquierda y al frente de ustedes. En esa puerta. Hay un propósito que el alma cristiana hace sobre la voluntad de Dios.
Ustedes saben que en el Padre Nuestro le decimos a nuestro Papá del cielo. Hágase tu voluntad en la tierra, como se hace en el cielo. Y sobre eso de la voluntad de Dios, está el pequeño letrero sobre esta puerta. La voluntad de Dios. Lo que Dios quiera, cuando Dios quiera, como Dios quiera, mientras Él lo quiera. Lo interesante de ese letrero, que ustedes podrán ver si salen por esa puerta. Es que nos muestra que la voluntad de Dios no es solamente el qué, sino también el cómo, el cuándo y el hasta cuándo, pertenece al cumplimiento de la voluntad de Dios.El cuándo y el cómo y el hasta cuándo.
Esta lección la tenemos muy clara los cristianos, tanto que en una Iglesia parroquial como esta, se encuentran esas expresiones junto a una de las puertas de entrada. Lo cual es interesante porque un templo es un lugar de oración y es un lugar de súplica. O sea que la puerta, si la miramos como un camino para entrar, una vía para entrar, esa puerta nos está advirtiendo algo. Esa puerta nos está advirtiendo, si vas a entrar aquí a hacer una petición, acuérdate que sea lo que Dios quiera, cuando Dios quiera, como Dios quiera y mientras Él lo quiera.
Pero las puertas sirven también para salir. Porque del templo salimos con un propósito, hacer realidad la voluntad de Dios en nuestra vida. Por ejemplo, una de las despedidas más frecuentes que utiliza el diácono cuando ya se ha dado la bendición final es Glorifiquen a Dios con su vida. Pueden ir en paz. O sea que uno sale del templo para Glorificar a Dios con la vida. Es decir, uno sale del templo para realizar la voluntad de Dios como Él quiera, cuando Él quiera y mientras Él quiera. Tiene mucho significado poner ese letrero junto a una puerta.
Pero ese letrero también sirve para reflexionar en la primera lectura de hoy, tomada del primer libro de Samuel. Samuel fue un gran profeta que, entre otras cosas, tuvo el encargo de ungir a los dos primeros reyes de Judá y de Israel. Eso le tocó a Samuel. Y el primer rey fue Saúl. Lo que hemos encontrado en la primera lectura de hoy. Es que Saúl supuestamente obedece a Dios en su cabeza porque en la realidad no. En su cabeza él dice que si le hace caso a Dios. Cuando el profeta regaña a Saúl y le dice desobedeciste. Saúl no acepta el regaño. Yo si obedecí, yo hice lo que el Señor pidió. El Señor está de pelea con los amalecitas. El Señor está peleando con los amalecitas. El Señor me envió para vencer a los amalecitas. Yo hice el encargo. Es decir, yo hice lo que Dios quiere, pero le faltó el resto, le faltó ¿qué? Cuando Dios quiere, como Dios quiere, mientras Él lo quiere.
Es decir, que Saúl quería obedecer el qué, pero no quería obedecer el cómo. Dios le había dado una orden bastante extraña para nuestra mentalidad, pero ciertamente eran otras épocas aquellas. Dios le dijo todo tiene que consumirse en la batalla. Ese es el sacrificio que yo quiero. Saúl venció a los amalecitas, pero empezó a recoger Botín y cuando Samuel lo regañó dijo Sí, sí, sí, sí, sí. Estamos preparando un sacrificio para el Señor. Pero después, después. No, no era después era ahora. Es que escogimos lo mejor del ganado. No, es que no era ni lo mejor ni lo peor. No es como tú digas, Saúl. Así que el letrero de la puerta en este templo nos ayuda a descubrir qué fue lo que hizo mal Saúl.
Hace cosa de un mes murió un señor de los ateos más famosos, más agresivos de los últimos tiempos. Murió de un cáncer. Hasta donde sabemos, murió sin arrepentirse de sus impertinencias, blasfemias y ataques a la iglesia y a Cristo y a Dios y a todo el mundo. Esa muerte me da tristeza. Quiera Dios misericordia para ese señor. Él se llamaba Christopher Hitchens. Británico de nacimiento. Vivió una muy buena parte de su vida en los Estados Unidos y utilizó casi todo lo que le dio la vida para atacar a Dios. ¡Qué miseria!, ¡Qué tristeza! Lo que más irritaba a Christopher Hitchens es la homilía de hoy. A Christopher Hitchens le daba ira eso de que hay que hacer la voluntad de Dios. Y él decía que esa manera de imponer su voluntad Dios, es propia de los regímenes totalitarios. Es propia del fascismo más repugnante. Eso decía este famoso ateo. Y mucha gente se ha apoyado, en palabras de él y en debates que realizó. Para debilitar su propia fe o para atacar la fe de otros. Es una buena ocasión, entonces, el día de hoy, para preguntarnos ¿qué es lo que falla en la cabeza de Hitchens o lo que fallaba? Este señor dice, si Dios reclama que se haga lo que Él quiere, cuando Él quiere, como Él quiere, y mientras Él lo quiere, entonces Dios es un dictador. Dios es el peor de los fascistas.
Un genio de la matemática, el húngaro Paul Erdos decía lo mismo de Dios. Qué lamentable que gente tan inteligente utilice su inteligencia para restarle gloria a Dios y para atacarlo. Y nosotros qué respondemos. Dios nos enseña por boca de su Hijo Jesucristo, que la oración más perfecta dice Hágase tu voluntad. ¿Son las palabras de un tirano, son las palabras de un fascista, son la constitución de un régimen totalitario?. Pues todo depende. Todo depende de lo que entendamos por obediencia y todo depende de las intenciones con que nos manda a obedecer y con que nosotros obedecemos.
Los médicos mandan cosas. Un médico manda algo, por ejemplo, algo que limita tu libertad. Algo que te obligue a cambiar tus costumbres. Mi padre es un hombre bastante mayor y ahora los médicos lo tienen en una dieta muy especial porque presenta mi padre principios de insuficiencia renal. Necesita una dieta baja en proteínas. Sobre todo proteínas cárnicas. La leche le hace muchísimo daño, pero le fascina. Toda la vida a mi padre le ha gustado la leche y los lácteos en general. Toda la vida mi papá disfruta de una buena carne y ahora aparece un tirano vestido de blanco que le dice Señor, se le acabó la comedera de carne. Ese es un tirano que se impone sobre la voluntad de mi papá, porque mi papá quiere leche, mucha leche, harto queso cajamarquino. Mi papá quiere lácteos, mi papá quiere carne. Y el médico, impertérrito, con mirada fría y despótica, le dice a mi papá ¡no!. Es un tirano. ¿Por qué no decimos que el médico es un tirano? Porque lo hace por el bien de mi papá. Porque le está dando calidad de vida. Porque lo está salvando de una diálisis permanente. Por eso no consideramos al médico un tirano.
Nosotros recibimos muchas instrucciones. A veces nos gobiernan los aparatos. Tú vas tranquilamente en tu carro. Ni siquiera se necesita un ser humano para detener tu carro. Sale una luz de color rojo y todo el mundo frena. Esa luz que se la inventó un tirano, ese tirano nos frena a todos en la calle, nos frenó, impuso su voluntad. El que inventó esas luces es un fascista, es un déspota que anda frenando a la gente. Pero espérate, es que si no hubiera esas luces, el tráfico sería imposible. Y los accidentes muchísimos. Esas luces son para nuestro bien. Entonces yo detengo mi carro, cosa que es muy fácil porque no tengo carro. Yo detengo mi carro y obedezco. Y como muchos de ustedes manejan sus carros y obedecen, yo no les veo a ustedes cara de trauma. No les veo a ustedes enfermos en su corazón por tener que obedecer la tiranía de los semáforos.
El triste Christopher Hitchens, un hombre al que Dios le dio una inteligencia privilegiada. Se equivoca miserablemente. ¿Deberíamos llamar a Dios un tirano si sus leyes, si lo que Él manda no fuera para nuestro bien? La misma Biblia explica los sacrificios que Dios manda no le sirven a Dios. ¿De qué le sirve a Dios la grasa de un carnero? ¿De qué le sirve a Dios un ayuno? ¿De qué le sirve a Dios que una persona se abstenga de fornicar? Lo que Dios manda no le añade nada a Dios. Oye eso. Lo que Dios manda no le añade nada a Dios.
Nosotros somos como una pintura que Dios ha pintado. Si esa pintura es oscura o es clara, no cambia nada a Dios. A nosotros nos hace bien llevar una vida recta, sincera, llevar una vida pura, orante, llevar una vida generosa, coherente. Es nuestro bien. La voluntad de Dios. Eso de que es lo que Dios quiere, cuando Dios quiere, como Dios quiere y mientras Dios lo quiere. Eso es mi bien. Esa es la gracia más grande que podemos recibir hoy. La voluntad de Dios es mi bien, es mi bien. La voluntad de Dios es mi bien. Esa voluntad a veces me cambia. Y me cambia de una manera maravillosa. Con el poder de su voluntad Dios hace obras y sana, por ejemplo, a la gente. La voluntad de Dios, el quiero de Cristo, sanó a un leproso con una sola palabra. El querer la voluntad de Dios es poderosa.
Pero otras veces el querer de Dios es más difícil de entender. ¿Será bueno o mal negocio ser amigo de Cristo? Uno supone que es un buen negocio. La Biblia habla de pocos amigos de Cristo. Había una familia que era amiga de Cristo. Eran dos hermanas y un hermano. Las dos hermanas se llamaban Marta y María. El hermano se llamaba Lázaro. Eran amigos de Cristo. ¡Qué amistad tan bella! Lázaro se enfermó. Cristo estaba ocupado en otras cosas. No fue a ver a su amigo. Lázaro se agravó. Cristo seguía en otras cosas. Lázaro estaba agonizando. Cristo seguía ya ocupado. Cuando Lázaro está en agonía. Las hermanas de Lázaro le mandan una razón a Cristo. ¡Apúrate! ¡Apúrate, que se está muriendo! ¡Que se está muriendo! Cristo seguía con los discípulos en otro sitio. Lázaro murió, le hicieron las exequias a Lázaro. Cristo no apareció ni siquiera al funeral. Estoy seguro que algunos dirían bonita la gracia, ser un amigo de Cristo. Ni lo ayudó, ni lo sanó, ni lo consoló, ni lo enterró, ni apareció. Le llegó la razón a Cristo. Se murió Lázaro.
Lo que les voy a decir ustedes no me lo van a creer, pero está en el capítulo once del Evangelio según San Juan. Saben lo que dijo Cristo. Se murió y me alegro de no haber estado ahí. Dice uno pero ¿qué es esto? Y dice Cristo, me alegro de no haber estado ahí. Vamos. Y salieron para Betania, donde vivían Marta y María. No digo que vivía Lázaro, porque ya les expliqué que Lázaro se murió. Allá llegó. Y Cristo estaba feliz de que Lázaro se hubiera muerto. ¿Por qué? Porque lo iba a resucitar. Era ocasión para que brillara el poder de Dios de una manera que nunca se había visto antes. El cadáver ya despedía mal olor, se estaba pudriendo el cadáver de Lázaro, y Cristo lo rescató de las garras de la muerte y lo trajo de nuevo con vida.
¿Esto qué indica? Lo que dice la puerta es lo que Dios quiera, cuando Dios quiera. Te aseguro que hay gente que ya estaba renegando. No sirve de nada ser amigo de Cristo. ¿Para qué soy amigo de Cristo? Perdí mi tiempo siendo amigo de Cristo. Mejor me paso al partido de los ateos, me voy con Christopher Hitchens, voy allá y me pudro. No. El cristiano sabe que Dios puede sanar con una palabra o que Dios puede tener otro plan que uno no conoce y uno no le impone nada a Dios. Uno cree en Dios y uno ama a Dios y el que más cree y el que más ama, más ve, más entiende y luego más alaba.
Vamos a orar en este momento, vamos a pedir al Señor. La obra de su poder, de su Misericordia sobre nosotros. Dios sana, muchas veces la enfermedad es el fruto de tantas tensiones que llevamos adentro, tantas presiones,tantas. En este momento, hermano, vamos a entregarle al Señor esas presiones. Lo primero es eso. Tu vida está llena de demasiadas presiones. Sientes que tienes que tener éxito en todo. ¡Todo! Tengo que tener éxito, tengo que lograr todo, hasta nosotros los sacerdotes.
Yo le tengo una admiración creciente, por ejemplo, a los párrocos. El párroco tiene que ser excelente en todo. Tiene que predicar bien, tiene que atender bien a la gente. No se puede cansar, no se puede enfermar, tiene que ser amoroso con todos, tiene que caerle bien a los jóvenes, tiene que estar en la Misa, pero si se enferma alguien tiene que duplicarse y estar también allá con el enfermo. El sacerdote tiene una presión impresionante y cualquier error que cometa un sacerdote se le cae encima. Usted es un incoherente. Usted me hizo perder la fe. Tenemos muchas presiones.
Los papás, las mamás tienen muchas presiones. Empecemos mis hermanos, entregando al Señor nuestros corazones. Nuestra presión por el éxito en Macao, en Kaohsiung, en Taiwán, se están suicidando los jóvenes por la excesiva presión de los papás. Tienes que ser el primero. Tienes que ser el primero. ¿Por qué bajaste tu promedio? Pues este mes no vas a dormir cinco horas al día, sino cuatro. La excesiva presión revienta a los muchachos.
La presión de ser bella. No puedo ser morena. No puedo ser gorda. No puedo ser fea. No puedo tener la piel que tengo. No puedo tener la cara que tengo. No puedo tener los senos que tengo, no puedo tener la cola que tengo. No puedo existir. Mejor dicho. Entonces hay una cantidad de muchachas que sienten que no pueden existir. Esto no me lo estoy inventando. Paséense ustedes por las calles de la hermosa Lima. Y miren las mujeres de las vallas. ¿Cómo son? Miden uno coma ochenta y cuatro. Son de otras razas escasísimas por estas latitudes. Son súper delgadas. Entonces la niña colombiana, la niña ecuatoriana, la niña boliviana, la niña peruana dice me tocó anorexia, no hay nada que hacer porque tengo que alcanzar, tengo que ser súper delgada, súper delgada, cuando yo sea un esqueleto me van a querer.
Señor, te entregamos las presiones que hay en nuestro corazón, te entregamos las angustias, te entregamos nuestra presión por ser exitosos, por hacer mucho dinero, por ganar todas las peleas. Te entregamos Señor, las presiones que sufrimos queriendo ser amados, queriendo no perder el amor, queriendo encontrar el amor. Señor, pon tu mano bendita sobre nuestros corazones, trae sosiego a nuestras almas. Devuélvenos la sonrisa. Devuélvenos la alegría. Devuélvenos la confianza y la esperanza en ti.
Yo te alabo y te bendigo, Señor, por este momento de plegaria. Yo te alabo y te bendigo, Señor, porque con la claridad del nuevo día, Tú también nos regalas claridad en el alma. Bendito seas Señor, Bendito y Alabado seas. Gracias por recordarme que el título más hermoso que tengo es el título de hijo tuyo. Soy tu hijo. Díselo, hermano querido. Soy tu hijo, Señor, soy tu hija. Díselo. Soy tu hija. Tu hija muy amada, Señor. Y tú me amas. Y tú me amas porque Tú eres mi Padre, porque tú me creaste y yo quiero, Señor, experimentar tu amor y quiero experimentar tu Divina Voluntad en este momento, en esta Eucaristía, en esta oración. Yo, Señor, extiendo mis manos hacia ti. Yo, Señor, quiero recibir. Soy mendigo de amor y quiero recibir la abundancia de tu amor y quiero experimentar, Señor, tu amor en mi cuerpo, en mi mente.
Quiero que bendigas mi pasado, Señor, donde hay tantas tormentas. Si hay cosas que debo confesar que debo decir en el sacramento de la confesión, Tú me darás tiempo en estos próximos días para hacer una buena confesión. Pero el pasado ya no tendrá poder sobre mí, Señor. El pasado no puede ser dueño de mi vida. El pasado, el pasado ha pasado, Señor. Tú eres mi futuro. Tú eres mi presente y mi futuro.
Yo me abro a ti, Señor. Yo abro mi corazón a tu presencia. Yo quiero recibir tu bendición. El mundo me dice que no soy digno de ser amado porque no mido uno coma ochenta y cinco, porque no mido dos metros, porque no utilizo la camisa de moda, porque no tengo el carro de moda, porque no gano el dinero que debería ganar. El mundo me dice que no merezco ser amado porque no estoy rodeado de las más bellas mujeres, porque no estoy en los lugares más exóticos. El mundo me dice que no merezco ser amado, pero el Evangelio me dice que Tú me amas, que Tú me amas, Señor, que tu amor se ha derramado en mi vida.
Bendito seas, Señor. Yo creo en tu poder. Yo creo en tu amor. Yo creo en tu gracia. Yo creo en tu Misericordia. Yo creo que has venido a esta tierra para sanarnos de la herida del pecado. Yo creo que has venido a esta tierra para bendecirnos, Señor, para bendecirnos. Bendito seas, Bendito Tú que nos bendices, Señor. Nuestro corazón se abre. Yo quiero, hermano, que tu corazón esté abierto y sereno ante Dios, dispuesto a acoger su Divina Voluntad. Bendito seas, Señor. ¡Qué hermoso eres! Gracias, Señor.
Gracias porque me ayudas a aceptarme como soy. Yo no tengo que ser otra persona para que tú empieces a amarme, Señor. Tú me amas. Tú me amas, Señor. Cada uno en su propio estado de vida. Mis hermanos sacerdotes, con toda confianza, siéntanse amados. Tú me amas, Señor. Tú me amas. Tú me amas. Soy deficiente, sí, estoy en camino. Hay mucho que mejorar en mi vida. De acuerdo. Pero tú me amas, Señor. Y con tu amor. Con tu amor, seré distinto. No, yo solo. No se trata de que yo trabaje y conquiste tu amor y lo compre. Tu amor es un regalo. Yo seré distinto, Señor, porque tu amor me va a ser distinto, porque Tú me vas a transformar. Bendito seas, Señor. Bendito y amado seas.
Terminamos este momento con una plegaria por las enfermedades físicas y mentales. Ayúdenme por favor hermanos sacerdotes. Extendemos nuestras manos para bendecir al pueblo, a este pueblo de Dios. Pedirle al Señor tu mano santa, tu mano bendita, poderosa y casta Jesús. Tu mano instrumento unido a la Divinidad, tu mano Jesús, posándose sobre la parte enferma. En este momento hemos visto obras de amor en este mismo lugar, en esta misma parroquia, hemos visto obras de amor, hemos visto sanaciones. Bendito seas, Señor.
Sana, sana nuestro sistema circulatorio, Señor. Sana nuestro sistema linfático, Señor. Esas angustias, esas tensiones que parece que acumulan células cancerosas. Disuelve, señor. Disuelve esos comienzos de tumor. Disuelve esos ganglios inflamados. Restaura el orden y la paz en nuestros ganglios Señor. Bendice, Señor, nuestro sistema nervioso central. Bendice nuestro sistema simpático y parasimpático. Bendice, Señor, esa médula espinal, recorre, Señor nuestra columna. Recorre, Señor, cada uno de esos centros nerviosos. Cada una de esas sinapsis. Recorre, Señor, de arriba abajo, recorre el cerebelo. Recorre, Señor, nuestro encéfalo. Bendice, Señor, ese cerebro. Dale al mismo tiempo la salud natural y la paz en los pensamientos y los recuerdos. Señor, Bendito seas.
Toma, Señor, nuestros pulmones. Hay muchas personas con enfermedades respiratorias, con dolencias respiratorias. Trae, Señor, el poder de tu divino Espíritu. Sanando, Señor, esos bronquios, despejando Señor, esas vías. Danos fortaleza porque vivimos en tiempos duros y hay mucha contaminación. Bendice, Señor, ese sistema respiratorio.
Bendice, Señor, nuestro corazón, nuestras vías arteriales y venosas. Bendice, Señor, cada cavidad. Bendice, Señor, esa circulación, esa circulación coronaria, ese problema que se está acumulando ahí. Dale nueva salud a ese corazón. Dale nueva fortaleza, Señor, a ese corazón.
Bendice, Señor, los órganos de los sentidos. Pon tus manos, Señor, sobre nuestros ojos irritados, tal vez infectados, Problemas de retina, problemas de cristalino. Bendice, Señor, nuestro olfato. Bendice, Señor, nuestro oído y nuestro sistema del equilibrio. Bendice, Señor, nuestro paladar. Bendice la piel. Hay muchos problemas dermatológicos. Hay muchas heridas y quemaduras en la piel, exceso de rayos ultravioletas, imprudencia nuestra y un tipo de vida que llevamos que a veces no es sano. Bendice Señor, nuestra piel, bendice la piel y sanala Señor, sana esos problemas, esas erupciones. Bendice Señor, nuestra piel, bendicela. Bendice, Señor.
Queremos pedirte por el sistema reproductor. Queremos ser sanos, Señor. Queremos ser sanos en la intimidad más profunda de nuestro cuerpo. Dale orden, dale sanidad y dale paz a nuestros órganos reproductivos. Haz que tengamos, Señor, esa paz y ese orden que nos permite seguir tu santa Voluntad en todo. En pensamiento, palabra y obra. Con paz, con paz. Y una bendición especial para aquellas mujeres que presentan miomas, distintos principios de erupciones, distintos principios de tumores, allá en el ovario, allá en las trompas, allá en la matriz. Esas infecciones persistentes o las huellas de errores que se han cometido en la práctica de la sexualidad. Bendice, Señor y sana, bendice, sana y perdona. Haz que tengamos paz en lo más íntimo de nuestro ser. Bendito seas.
Ayúdenme a orar por las parejas que no pueden tener hijos, pero que quieren tener hijos. Ayúdenme a orar. El Señor es tan grande, tan grande, tan grande, que a lo largo de mi vida. Diez niños que no iban a nacer han podido nacer por la oración. Diez niños. Ayúdenme a orar. Hay parejas que quieren tener hijos y no pueden. Ayúdenme a orar. Que el Señor desate lo que está atado. Que el Señor traiga salud y bendición. Bendito seas, Señor.
Bendice, Señor, también nuestro aparato digestivo. Dale orden y belleza a nuestra manera de alimentarnos. Enséñanos, corrígenos, sana, Señor. Sana esos problemas de duodeno, esos problemas de intestinos, de flora intestinal. Bendice, Señor, esos problemas de úlceras y de cánceres. Bendícenos, Señor. Ten piedad de nosotros. Bendice, Señor.
Bendice todo nuestro ser. Derrama, Señor. Derrama tu bendición sobre este pueblo. Sana, Señor. Sana, Señor y transforma.
Hermano querido. Siente la mano de Dios. Muchas personas sienten ese calor bendito, ese fuego que toca una parte de tu ser y tú no sabes qué te está sucediendo. Y ya hemos escuchado reportes. El Señor me sanó, el Señor me quitó esa artrosis que tenía. El Señor me quitó ese dolor con el que yo vivía. El Señor me quitó esa angustia que oprimía mi alma. Bendito seas Señor. Gracias Señor. Bendito seas. Gracias, Gracias, Señor. Gloria a ti, Señor. Bendito seas. No se te olvide, hermano, que en tu casa igual está Cristo y tú puedes orar y puedes alabar y puedes bendecir al Señor. Bendito seas Señor. Gracias Señor.

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