Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Lo que interesa ante Dios no es cuánto trabajo me cuesta algo, o si es duro para mí, sino qué tan dócil soy a su Palabra y voluntad.

Homilía o021005a, predicada en 20120116, con 4 min. y 25 seg.

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Transcripción:

A mí me parece más bien dramática la situación del profeta Samuel. Miremos lo que le sucede. Samuel empieza haciendo lo que se llamaba un juez. Se llamaba jueces a aquellos que traían la justicia de Dios, lo cual, dicho de un modo coloquial, equivale a ajustar las cuentas, ajustar la vida al plan de Dios. Porque la vida se desajusta, se sale de su justo medio, de su justo lugar, y entonces se necesita ajustarla, traerla al querer de Dios, al plan de Dios. Y esa era entonces la primera tarea que tenía que realizar Samuel. Pero luego resulta que el pueblo empieza a pedir un rey. Quieren ser como los demás pueblos, quieren parecerse a los demás pueblos.

Samuel se da cuenta que eso no puede ir bien. Samuel se da cuenta que eso implica en el fondo un rechazo a Dios y Dios se lo confirma. Dios le dice a Samuel: no te están rechazando a ti, me están rechazando a mí. Con dolor, sin embargo, y venciéndose a sí mismo, Samuel tiene que elegir al primer rey. Ese primer rey se llama Saúl. Pero entonces viene la segunda parte. Saúl resulta rebelde. Y entonces Samuel, como aparece en este Capítulo Quince del primer libro que lleva su nombre, primer libro de Samuel. Entonces Samuel, que ha elegido a Saúl de parte de Dios, ahora tiene que rechazar a Saúl de parte de Dios. Es todo un episodio que una vez más, resulta torturante e incómodo para el profeta. Pero al fin y al cabo lo que él tiene que hacer es obedecer y al fin y al cabo, lo que no ha hecho Saúl es precisamente obedecer. Eso es lo que le ha faltado.

Yo creo que esta es una gran lección para nosotros. A veces se cree que hacer cosas muy difíciles para Dios es como ganar puntos. Es como ganar una posición. Es como ganar una especie de favor divino. Pero el profeta nos enseña algo muy importante hoy, lo que vale no está en razón del trabajo que a ti te cueste. Lo que importa no es si a ti te costó mucho trabajo. Eso puede ser un sacrificio. Ah, es que es un sacrificio muy duro. Entonces debe tener gran valor. No, lo que importa no es la dureza. Lo que importa más bien es la docilidad. Lo que importa no es si es duro para ti realizarlo, sino si tú eres dócil, si, si tú eres dúctil. Si Dios puede modelarte. Esto es muy importante porque en eso va a consistir luego la perfección cristiana. Y ahí está el secreto mismo de la santidad. No se trata de decir cómo es un ayuno riguroso, debe elevarme muchos grados de santidad.

Como es una limosna cuantiosa, debe darme un lugar especial ante Dios. Como me he abstenido, por ejemplo, de matrimonio, porque hice un voto de celibato o de castidad, entonces debo tener una posición preeminente. No te fíes de eso. Lo importante más bien que la dureza de lo que tú sientes es la suavidad con la que tú obedeces, la docilidad con la que acoges la palabra divina. Eso le faltó a Saúl para su desgracia. Aprendamos de esta lección y pidamos al Señor la suavidad en la obediencia a sus mandatos.

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