Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay que tener prudencia con aquellas cosas que no son estrictamente mandadas por Dios.

Homilía o021001a, predicada en 19960115, con 7 min. y 27 seg.

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Transcripción:

Las lecturas de este día nos ayudan a tener un poco más de claridad sobre la virtud de la obediencia, sobre su grandeza y sobre cuál es su percepción o plenitud. En el caso de Saúl nos encontramos con una desobediencia. Y en el caso de los discípulos de Jesús nos encontramos con una aparente desobediencia. Saúl protesta y se considera obediente. Jesús tiene que explicar por qué sus discípulos no son desobedientes. Sin duda, esta escena del evangelio de Marcos que hemos escuchado se refiere a un día en el que por costumbre se ayunaba. No se trata de un día en el que estuviera preceptuado como tal el ayuno, pero sí un día en el que había costumbre de ayunar. Fíjate que no dice se trataba de un día de ayuno para el pueblo. Pero sí se ve que la gente fervorosa, que la gente piadosa ayunaba en esa fecha o en ese día.

De manera que el problema que está en el evangelio de Marcos es la obediencia a la costumbre. Esa especie de fuerza social que va constituyendo en obligatorias más cosas de las mandadas. Mientras tanto, en el caso de Saúl, el problema es que Dios ha dado una orden terminante. Y la ha dado así estricta, porque así lo ve en su pedagogía como necesario para ese pueblo rudo, tosco, materialista. Y entonces Saúl se ha puesto con muchas hermenéuticas, y ha sacado sus propias conclusiones. Entonces, ¿Cuál es la desobediencia de Saúl? Es la desobediencia a algo que está expresamente dicho por Dios. Y en aquellas cosas que están expresamente dichas por Dios. La interpretación solo sirve de escondrijo a la rebeldía. Pero la Palabra de Dios, para la cual todo está desnudo y patente, no se deja embolatar. Y esa palabra de Dios por boca del profeta, en este caso, o por voz de la conciencia en otros casos, se le hace ver al interesado Mira: tú puedes engañar a todo el mundo, tú puedes engañar a tus tropas, pero hiciste mal. Lo que se te mandó fue otra cosa o lo que se te prohibió que otra cosa.

Entonces la desobediencia de Saúl es real, así pareciera legal. Y esto nos muestra que hay veces que uno puede obedecer a las leyes y quedar bien con todas las personas y sin embargo estar desobedeciendo. Y se necesita la voz de un profeta que tenga el olfato y el sentido de Dios para decir aunque esta situación es legal, aquí no se está obedeciendo a Dios. Esto es importante porque muestra que la voluntad de Dios nunca queda perfectamente traducida en ningún texto. Y también muestra que los textos son engañosos, especialmente si uno les da toda su confianza a esos textos, porque en ellos puede hacerse fácilmente la ilusión de que está obedeciendo plenamente. Y resulta que en el fondo de su corazón hay una rebeldía que está escondida detrás de una determinada interpretación. La enseñanza, entonces, es necesitamos más que palabras, necesitamos el sentido de Dios y necesitamos el amor a que su voluntad se cumpla. Ese amor a que su voluntad se cumpla, esa sumisión como absoluta, como desde la raíz de nuestro ser, es la que va a ofrecer Cristo con toda su vida y especialmente con su muerte en la cruz. Ahora vamos al caso del Evangelio.

En este caso no había una ley que mandará eso, pero desde siempre se ha hecho así. Es que aquí se ha acostumbrado desde hace mucho tiempo así. ¿Y ustedes por qué no respetan eso? Jesús hace ver que ese tipo de costumbre puede ser oportuno o puede no ser oportuno, pero en ese caso sí cabe interpretación y con una con una simbología preciosa, con una simbología llena de sentido y de poesía. Les dice es que el novio está todavía, el novio está todavía. Aquí no vale simplemente aplicar lo que siempre se ha acostumbrado. Por favor, abran los ojos, dense cuenta de quién es el que está en medio de ustedes. De manera que en aquello que no está estrictamente prescrito, es necesario tener también el sentido de Dios, no sea que venga Cristo a visitarnos y le digamos a usted también ayune entonces, y sometamos simplemente a la costumbre y simplemente a lo que parece bien a todos, incluso al mismo Dios.

De modo que que en aquello que no tiene que ver directamente con lo mandado por Dios, en aquellas cosas que pertenecen más bien como a la costumbre, en esas cosas hay que tener suma prudencia y hay que tener una vez más sentido de Dios y búsqueda de su voluntad, no sea que simplemente repitamos las cosas por repetirlas. Además, es evidente que cuando se hacen las cosas simplemente porque ya se han hecho, no se hacen para la gloria de Dios.

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