Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El amor de Jesús sana y restaura integralmente, devolviendo dignidad y vida. Es un amor universal, eficaz y en movimiento, que transforma y nos impulsa a crecer buscando siempre el bien.

Homilía o013015a, predicada en 20260114, con 9 min. y 26 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, está tan desgastada la palabra amor, que siempre conviene volver al verdadero diccionario de las palabras buenas. El corazón de Cristo, si no lo sabías, es el mejor diccionario, porque en el corazón de Cristo las palabras vuelven a tomar su auténtico significado. Por ejemplo, la palabra amor, si tú quieres saber qué significa realmente amar, pues vete al corazón de Cristo. Mira cómo ama Cristo, mira cómo obra Cristo y ahí vas a encontrar qué significa amar. Es decir, Cristo es el diccionario que repara nuestros diccionarios.

Y en el corazón de Jesús las palabras vuelven a encontrar su sentido, qué significa servicio, qué significa verdad, qué significa evangelio, qué significa buena noticia, qué significa pureza. Todo esto y mucho más lo podemos aprender en nuestro Señor Jesucristo. Pues bien, hoy estoy hablando de amor, porque el Evangelio precisamente nos presenta a Cristo realizando ese acto tan precioso del amor que se llama sanación.

Y yo creo que sanación es algo que todos necesitamos, pienso que es algo que todos buscamos, porque la sanación es como la recuperación de nuestra dignidad, la recuperación de nuestras fuerzas, la recuperación de nuestra alegría, la recuperación también de nuestros talentos, de nuestras capacidades y destrezas. Una persona que está postrada, una persona que está disminuida, es una persona que difícilmente puede desarrollar todo eso que ha aprendido, todas esas destrezas, todas esas capacidades, todas esas luces que tiene, todo ello lo pierde.

Y por eso la sanación, como ya lo muestra el primer milagro del que nos habla el Evangelio de hoy, es realmente como esa mano tendida. Ya sabes, cuando Cristo fue a curar a la suegra de Pedro, la tomó de la mano, la levantó. Eso es la sanación, es la mano tendida de Dios que nos levanta. Y sabemos que la sanación tiene muchas dimensiones. Necesitamos sanación en nuestros cuerpos, pero también necesitamos sanación en nuestras almas, en nuestras emociones, en nuestros recuerdos, en nuestros pensamientos. Necesitamos sanación interior y por eso, qué hermoso acercarnos a Jesucristo.

Hay tres características de Cristo como auténtico sanador, como sanación que viene de Dios Padre, como médico divino, expresión que le gustaba muchísimo a San Agustín. Hay como tres dimensiones principales de ese amor sanador de Cristo. En primer lugar, es un amor universal. En segundo lugar, es un amor eficaz. Y, en tercer lugar, es un amor itinerante. Veamos en qué consisten estas tres dimensiones del amor sanador de Jesucristo. Es un amor universal, mira cómo el texto nos dice que una población, que era relativamente grande en aquel tiempo, Cafarnaúm, a orillas del lago de Galilea, tenía que contener mucha gente que estaba sufriendo, tenían muy diversas dolencias.

Y todas estas personas van donde Cristo, a las puertas de la casa de Pedro se agolpa la población. Podemos imaginar cuántos lamentos, cuántos dolores, cuántas lágrimas, cuántos ruegos. Ayúdame, ayúdame porque estoy enfermo. Ayuda a mi esposa que está enferma. Mira mi hijo, mira a mi hija, mira que mi papá está sufriendo. Y frente a todo ese mosaico de dolores, el amor de Cristo se multiplica, es un amor que quiere llegar a todos, es un amor que quiere tocar a todos, es un amor que quiere levantar a todos. Y esta es la característica de un amor que es tan generoso, que podemos llamarlo universal.

Esto es bueno destacarlo, porque en la manera como hoy se habla del amor, con mucha frecuencia me parece que se cae en una relación completamente cerrada. Muchas personas hablan del amor de pareja, como lo que decía una canción bien antigua, por allá de mi época de juventud, esa Isla para Dos. Algunos estarán recordando esa melodía, la Isla para Dos. Es decir, estamos tú y yo, yo para ti y tú para mí. Y aquí estamos los dos y los dos disfrutamos y los dos la pasamos bien y los dos nos sacamos fotos, fotos por aquí y por allá, los dos estamos súper contentos.

Y está muy bien que tú disfrutes si estás con ese hombre, si estás con esa mujer que es tu pareja, pues eso está muy bien. Te felicito, me alegro contigo. Pero un momento, no se te olvide que el mundo es mucho más grande y el amor no puede quedar así encerrado. Entonces el amor de Cristo, un amor célibe, un amor casto, un amor generoso, un amor universal, es un amor que se abre a las necesidades de muchos. No se encierra egoísticamente en una sola relación, en una sola persona, como lamentablemente pasa a veces en nuestra época.

Segundo, es un amor eficaz. A veces queremos reducir el amor solamente como a sentimientos. Yo siento esto, yo deseo esto. Yo estoy muy feliz con esto, esto me gusta mucho. Y de nuevo aquí nos tienta esa deformación del amor que es el egoísmo. Pero mira, cuando nosotros hablamos de amor no estamos hablando solo de palabras, de hecho, la Palabra de Dios nos corrige y dice: «Hermanos, no amemos únicamente de palabra y con la lengua, sino amemos con las obras y de verdad». Y por eso, el amor es eficaz, el amor marca una diferencia.

Y tenemos que preguntarnos cuando sentimos que estamos amando o cuando decimos que amamos, tenemos que preguntarnos: Bueno, ¿cuál es el impacto? ¿Cuál es el bien que está trayendo ese amor que tú dices que tienes, cuál es el bien que está trayendo, a quién está transformando ese amor que tú dices que tienes? Porque si tu amor no está transformando, si tu amor no está marcando una diferencia, y claramente tendrá que ser una diferencia positiva, entonces es otra cosa. Quizás es únicamente sensualidad, quizás es únicamente conveniencia, interés, egoísmo, qué sé yo, pero no es auténtico amor.

El amor sanador es un amor que trae un cambio, que marca una diferencia, que hace que algo sea distinto en el corazón de esa otra persona. Y eso es maravilloso y eso lo trae Cristo. El último aspecto que quiero mencionar es que el amor, el amor sanador, es un amor itinerante. Y esto, de nuevo tiene que ver con la superación de esas relaciones que son absorbentes, que son cerradas, que son egoístas. A mí me llama la atención como termina el pasaje de hoy, porque resulta que Cristo, después de una jornada extenuante, sin embargo, madruga, se va a orar y entonces, Pedro lo busca y le dice: Mira, la gente te está esperando, todo el mundo te busca, pues todo el mundo en Cafarnaúm.

Y Cristo dice: No, vámonos a otras partes. Eso es lo que quiere decir itinerante. La palabra itinerante viene del latín iter itineris, que quiere decir el camino y, por lo tanto, el amor que sana es un amor en camino. ¿Qué quiere decir eso? Que no es un amor que se queda únicamente aquí como yo soy aquí tú especie de mayordomo que te voy a cuidar para siempre. No es esa la idea del amor sanador. El amor sanador se mueve. Y sabes ¿por qué se mueve? Porque el amor sanador también quiere que tú te muevas, porque el amor sanador también quiere ponerte en movimiento a ti, porque si tú no estás en movimiento, hay algo que todavía no ha madurado realmente en ti.

O sea que el amor auténtico, ese amor que sabemos que sana, es un amor que definitivamente te pone en movimiento. Y sabes ¿por qué te pone en movimiento? Pues porque te quiere hacer crecer y porque es necesario que crezcas, porque tu plenitud no ha llegado. El verdadero amor siempre busca el bien y por eso la plenitud de la sanación no es dejarte quieto y cómodo. De hecho, el amor verdadero tiene que incomodar un poco, tiene que poner en movimiento. Cristo les decía a sus discípulos: Sígueme, eso significa, camina conmigo. Ven, vamos a movernos, vamos a avanzar.

El amor sanador no termina en algo estático simplemente, sino que nos pone en movimiento, entre otras cosas, para que nosotros también aprendamos a servir y aprendamos a sanar. Así que saciemos de este amor sanador de Cristo, pero sepamos también que Él nos pondrá en movimiento, porque hay mucha tarea por hacer, porque hay mucho bien que este mundo no conoce, pero que sí necesita. Te animas, te animas a dar el paso, te animas a escuchar a este bendito profeta de Nazareth, a este nuestro Señor Jesucristo, para ser sanado tú y para ponerte en camino con Él. Espero, espero que estemos en la misma sintonía, porque yo quiero ser discípulo del Señor. Que Dios te bendiga.

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