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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La labor de la Iglesia no puede desprenderse nunca de la sanación y la liberación porque Cristo ha venido para aquellos que han sentido gran dificultad en ser buenos y para aquellos que se han visto bajo el poder del mal.

Homilía o013011a, predicada en 20200115, con 5 min. y 6 seg.

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Transcripción:

En el Evangelio de hoy, tomado del capítulo primero de San Marcos, aparece la poderosa obra de sanación y de liberación que realiza nuestro Señor Jesucristo. Y en esa poderosa obra se destacan los enfermos y también los posesos, precisamente la sanación es sobre todo para los enfermos, y la liberación es liberación del poder que Satanás tiene en los posesos, sanación y liberación.

Yo creo que Cristo nos está marcando una pauta muy importante en la evangelización, yo creo que nos está mostrando que la labor de la Iglesia no puede desprenderse nunca de estos dos verbos: sanar y liberar. Es interesante analizar desde el punto de vista de su origen, de dónde provienen las palabras enfermo y poseso.

La palabra enfermo viene del latín, viene de infirmus. Infirmus es aquel que no está firme, es aquel que de alguna manera colapsa, se derrumba o está muy frágil. Piensa, por ejemplo, en lo que sucede después de un terrible terremoto, Dios nos libre. Muchos edificios colapsan, se derrumban y otros, aunque no se hayan derrumbado, podemos decir que amenazan ruina. Podemos decir que no tienen firmeza y, de hecho, las autoridades prohíben que se vuelva a esos edificios porque claramente pueden venirse al piso en cualquier momento. Esa es la idea de infirmus, el que no tiene firmeza, el que ha perdido sus bases, el que está en el suelo o pronto a colapsar.

Y ¿qué significa la palabra poseso? Poseso viene del verbo latino possidere, que significa poseer. De manera que poseso es el que es posesión, el que es poseído por el poder del mal. Entonces fíjate quiénes son los primeros destinatarios de la ternura, la misericordia y el bien del poder de Cristo. ¿Quiénes son esos primeros? Ya nos damos cuenta quiénes somos, nosotros, los enfermos. Nosotros, los que hemos estado en el poder del mal, sino directamente y Dios nos libre, bajo el poder del diablo, sí que hemos estado seguramente bajo el poder del pecado, bajo el poder de algún vicio.

Entonces, Cristo viene a devolver firmeza al que encuentra dificultad en mantenerse firme en el bien. Nosotros, los que hemos perdido firmeza en el bien, porque el poder de las corrientes de este mundo, los atractivos de este mundo, los intereses de este mundo, nos hacen difícil mantenernos firmes en el bien. Para nosotros ha venido Cristo y para nosotros, que tal vez hemos estado bajo el poder, bajo las garras del mal, del pecado, de los vicios, en algún caso de la acción directa del demonio, para nosotros ha venido Cristo.

Es decir, todavía mirémoslo de esta otra manera, Cristo viene para aquellos que han sentido gran dificultad en ser buenos y para aquellos que se han visto bajo el poder del mal, el que ha conocido el poder del mal y el que no logra mantenerse firme en el bien, esos son los destinatarios de Cristo, esos somos nosotros, por nosotros ha venido. No es cierto que lo decimos en el Credo: «Por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo, se encarnó y se hizo hombre», por nosotros.

Repítelo varias veces, que tú puedas decir, como decía San Pablo en la carta a los Gálatas, capítulo dos: «Me amó y se entregó por mí». Ha venido por mí, porque yo no tenía firmeza en el bien. Ha venido por mí porque yo estaba bajo el poder del mal. Ha venido por mí, ha venido porque me ama. Y su nombre es Jesucristo.

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