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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solo en el silencio captamos la voz de Dios para saber actuar en la vida de los niños y jóvenes atacados con fuerza por la obra del pecado queriendo pervertirlos y corromperlos.
Homilía o013010a, predicada en 20180110, con 6 min. y 30 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo tercero del primer libro de Samuel, nos cuenta precisamente la vocación de este profeta. En aquel momento Samuel era un muchacho, era un niño, dormía en el templo del Señor y de noche Dios lo llama. Estos son los elementos fundamentales que, con la ayuda del Espíritu Santo, queremos reflexionar. Un muchacho, un Dios, el Dios de Israel y la noche. ¿Qué podemos aprender de esos elementos? Intentemos, como lo hemos hecho muchas otras veces, hacer algunas preguntas con sencillez, con humildad, intentemos preguntar.
Preguntémonos por qué un muchacho y preguntémonos por qué de noche. Con alguna frecuencia Dios manifiesta su gracia a través de niños. Recordemos, por ejemplo, que los que recibieron las visiones de La Salette fueron unos jovencitos, unos adolescentes. La que recibió la presencia y la palabra de la Santísima Virgen en Lourdes fue también una chica, una adolescente. En Fátima, podemos hablar francamente de niños, eran tres niños, incluso la mayor llamada Lucía, era prácticamente una adolescente.
¿Por qué en ciertas ocasiones Dios se dirige a los niños? Posiblemente porque la obra del pecado cada vez ataca con mayor fuerza y desde más temprana edad. Observemos cómo en nuestra época se está presentando un fenómeno de corrupción, un fenómeno de perversión de la infancia. Un canal infantil de televisión y una productora inmensa de cine, estoy hablando de Disney, cada vez más ofrece materiales, es decir, de entretenimiento, que hacen propaganda a la homosexualidad. De lo que se trata es de que los niños, desde muy pequeños, acepten la homosexualidad e incluso quieran explorarla.
En esa misma línea de la sexualidad ha habido intentos, por ejemplo, en mi país, Colombia, y en otros países, he sabido también de España, lo mismo intentaron hacer en Ecuador, cartillas de educación sexual para corromper la mente de los jóvenes, la mente de los niños. En muchos países se quiere que, desde muy temprana edad, los niños prueben la droga. Cuando el Estado de Colorado en Estados Unidos, aprobó el uso recreativo de la marihuana, había restricciones muy severas en cuanto a la edad, se decía que personas mayores de 21 años. La realidad es que, en ese Estado, y ya cada vez más en otros sitios, niños desde 8 o 9 años están probando esa clase de sustancias.
Entonces, es como si Dios dijera: Ya que ustedes quieren corromperlos desde tan temprana edad, yo quiero llegar primero, yo quiero llegar primero. Y por eso, es importante cuidar el camino de la santidad en los niños. A veces incluso, creo que, pecamos de eso nosotros sacerdotes, porque a veces como que hablamos de los niños y de los pecados de los niños como si fueran cosa de juego. Y resulta que a veces, sin saberlo o incluso sabiéndolo, algunos de esos niños y niñas están involucrados en prácticas asquerosas, crueles, repugnantes.
Este fenómeno del bullying se presenta muchas veces en la infancia y los traumas salvajes que tienen muchas personas por esa práctica del bullying, es decir, ese maltrato entre iguales. Por ejemplo, en el colegio, cuando se burlan de un niño, cuando marginan a una niña, cuando le muestran asco, cuando ridiculizan, cuando oprimen, cuando fastidian a una persona, ese tipo de tortura muchas veces lo hacen los niños, eso está sucediendo. Entonces, Dios nos está diciendo yo quiero llegar primero. Y por eso hay que tomar muy en serio la infancia.
Pero además, el mensaje es de noche y también eso tiene su sentido. Durante el día hay muchas voces, pero, sobre todo, en una cultura como aquella en la que estaba Samuel, la noche es tiempo de silencio y de descanso. Dios necesita que bajemos el volumen de todas las otras voces, Dios necesita que todas esas voces se disminuyan para que alcancemos a captar la voz de Él. O sea que el mensaje que nos deja Samuel es muy claro, hay que llegar pronto a la vida de los niños, pronto, porque el demonio, el mundo y la carne ya se abalanzan sobre ellos para corromperlos, hay que llegar pronto y tomarlos en serio.
Pero además, niños y jóvenes necesitan tiempos de verdadero silencio. Bueno, en realidad todos los necesitamos, que bajen esas otras voces, que disminuyan esas otras voces y que se escuche cada vez mejor la voz del Señor.

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