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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Descansar en Dios; estar atento a su Palabra; estar dispuesto a obedecerle: enseñanzas perdurables que nos deja el profeta Samuel.
Homilía o013007a, predicada en 20140115, con 5 min. y 41 seg. 
Transcripción:
En el Antiguo Testamento hay tres figuras que sobresalen como modelo de profetas. Tenemos, por supuesto, a Moisés, el cual hablaba con Dios como un hombre habla con su amigo. Tenemos a Elías, el que supo permanecer fiel, cuando el pueblo entero se volcaba en idolatría, en parte por la presión detestable de Jezabel. Y tenemos a este hombre, Samuel, cuya historia empezamos a recorrer en la primera lectura de estos días, comienzo del Tiempo Ordinario.
Son tres referencias de lo que significa un profeta. Por supuesto, la característica principal es la unión con Dios. Ellos llegan a hablar sobre la historia humana con autoridad porque reciben esa autoridad y reciben esa visión de su amistad, de su intimidad con el Señor. De cada uno de los tres profetas que he dicho, Moisés, Elías y Samuel, se hacen elogios muy grandes. De Elías se dice que era como un fuego, cerró el cielo tres años y medio. Tuvo entonces poder sobre el agua, con la connotación que tiene el agua para los hebreos. De Moisés se dice, no había nadie más humilde, nadie más sufrido, nadie más cercano a Dios.
El elogio que se hace de este otro profeta de Samuel es el que hemos oído hoy y que se repite algunas veces en la Escritura: Ninguna de sus palabras cayó. Es decir, todo lo que él decía era verdad y se cumplía. Yo pienso que nuestra vida cristiana, y especialmente en nuestra vida dominicana, tiene que modelarse según el estilo de los profetas, porque esa amistad, esa proximidad con Dios, es el fruto propio del bautismo, mucho más si se trata de servir al pueblo de Dios con la Palabra. Hoy, por ejemplo, podemos tomar algunas enseñanzas del pequeño Samuel.
Él pasa su noche en la casa de Dios. Pero la noche tiene su connotación especial, especialmente en el Antiguo Testamento. La noche, por supuesto, es el tiempo del descanso, pero también es el tiempo del amor y es el tiempo de la intimidad. Se da por supuesto en muchos textos que la noche es el tiempo para encontrar su descanso, fundamentalmente la pareja, y lo encuentra sobre todo en la intimidad y en el amor. Según esto, ¿qué significa descansar en la casa de Dios? Significa encontrar en el Señor la intimidad, el amor y el descanso.
No tener otro descanso, por lo menos en ese momento de su vida, en los albores de su vocación, Samuel no tiene ningún otro descanso, su descanso es el Señor. La fuente de su amor es el Señor, con nadie tiene intimidad, sino solamente con Dios. Pienso que es una inspiración interesante sobre lo que significa ser profeta. Luego Samuel aparece como el hombre de la escucha. Su sueño es leve, está atento, está vigilante, está siempre despierto para la voz de Dios, siempre dispuesto a escuchar.
En el caso de una Orden de Predicadores, la tentación es estar siempre dispuesto a hablar. Pero el profeta se forja en la dirección contraria, siempre dispuesto a escuchar. Y así como aparece en la etimología, que hay una relación entre audire y obedire, es decir, entre escuchar y obedecer. Así también en Samuel, guiado por Elí, que en eso le dio buen consejo, Samuel responde: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Y lo que Dios le dice, Samuel lo transmite, Samuel es fiel a esa enseñanza.
Entonces, ahí tenemos tres rasgos que pueden servirnos, buscar y encontrar nuestro descanso en Dios, estar despiertos para oír con atención su Palabra y estar dispuestos para ponerla por obra, para obedecerla. Así se forma el corazón de un profeta.

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