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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Necesitamos líderes con autoridad nacida de la coherencia, la verdad, la sabiduría, la fortaleza y la generosidad, capaces de conducir de nuevo a Dios los corazones que se han alejado del Evangelio.
Homilía o012016a, predicada en 20260113, con 9 min. y 40 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy nos presenta uno de los rasgos más fascinantes, más interesantes y más inspiradores de la Palabra y el ministerio de Jesucristo. Estoy hablando de la palabra autoridad. Efectivamente, nos dice el Evangelio que la gente, por ejemplo, en Cafarnaún, se quedaba asombrada porque él hablaba con autoridad. ¿Qué significa esto? Y hagámonos otra pregunta que puede ser muy interesante ¿Se puede llegar a aprender un camino para tener esa autoridad? Mira que esta pregunta es importante porque hay muchos papás y por supuesto, muchas mamás también, sienten que no tienen autoridad y no saben cómo conseguirla. Hoy se ha convertido en un lugar común burlarse, y muchas veces burlarse con buen sustento, con buenas razones de los gobernantes, porque son personas ridículas, porque son personas egoístas, muchísimos de ellos, no todos. Entonces nos preguntamos ¿Se necesita autoridad? Y la respuesta es sí, porque sin autoridad no puede haber liderazgo. Sin autoridad no puede haber orden. Sin autoridad quedan abiertas las puertas no solamente al oportunismo, que ya es una gran desgracia, sino también a la anarquía. Entonces, ¿Cómo se logra la autoridad? Pues yo creo que hay unas tres o cuatro características que por supuesto las tenía todas nuestro Señor Jesucristo y que nosotros creo que debemos también aprender. La primera de esas características es la coherencia. Como decía San Gregorio Magno, la norma de un predicador tiene que ser practicar lo que dice. Y por eso existe también un refrán que nos critica a nosotros los sacerdotes. El cura predica pero no aplica. Ya se pierde autoridad ahí. Cuando tú dices una cosa y tus acciones dicen otra, se pierde la autoridad cuando los papás les dicen a los hijos no mientas, pero luego entra una llamada telefónica y entonces ponen al hijo a mentir, di que no estoy. Eso es incoherente. Cuando se está pidiendo, por ejemplo, a las personas que sean honradas, que sean justas y no practicamos la justicia o la honradez, ahí se pierde toda autoridad. De manera que lo primero para la autoridad es la coherencia. Y si lo piensas bien, la coherencia tiene que ver con muchas cosas en nuestra vida, porque tiene que ver con esa unión que tiene que darse entre nuestros pensamientos y nuestras palabras, de manera que fielmente expresemos lo mismo en lo que estamos convencidos. Pero todavía más importante, tiene que haber una unión entre lo que tú piensas, lo que tú dices y lo que tú haces. Cuando se da esa verdadera unión, ahí estamos empezando bien, ahí estamos empezando a avanzar en el camino de la autoridad. Segundo, se gana autoridad cuando realmente la verdad habita en nosotros, porque hay muchas maneras de ser coherentes. Hay personas que son coherentes, pero en el mal. Por ejemplo, yo me he encontrado gente que dice, pues si yo soy grosero, yo soy violento, pero yo nunca me muestro de otra manera, yo no soy hipócrita, yo soy malhablado, pero yo me muestro como yo soy. Mira, una persona patán, una persona vulgar, una persona cruel, así tenga la coherencia, porque efectivamente por dentro está tan podrido como se muestra por fuera. Eso no tiene autoridad. Tiene que haber verdad y la verdad es algo que todos buscamos. Yo recuerdo un programa que tuve, que hacer hace años sobre este tema de la verdad y me impactaba mucho un pensamiento que lo voy a volver a compartir aquí. Y es que todos buscamos la verdad, incluso el peor de los jefes mafiosos, el criminal más avezado estará buscando gente que le diga la verdad. Nadie quiere rodearse de mentirosos, nadie quiere tener como pareja a una persona que miente. Nadie quiere tener como socio a un tramposo. Todos necesitamos de la verdad. Y por eso la verdad tiene una fuerza que no se puede detener. No la puedes detener fácilmente. La verdad, la verdad se impone, sufre, pero al final se impone. De manera que la segunda característica de la autoridad es la verdad. Si tú ya tienes coherencia y tienes verdad, ya tienes dos cimientos muy, muy sólidos para empezar a ganar autoridad. Tercero, cuando nosotros entramos por el camino de la verdad, de la coherencia, pues muchas veces lo que sucede es que vamos a encontrar resistencia, vamos a encontrar ataques, incluso es posible que encontremos persecución. Cuando una persona empieza a ser atacada y la persona empieza a modificar su discurso y empieza a dar explicaciones y justificaciones para tratar de quedar bien con todos, esa persona pierde autoridad inmediatamente. Por el contrario, la persona que sabe resistir el impacto de la contradicción y no se arruga y no se quiebra, o como dicen en México, no se raja, esa persona tiene autoridad. Oye, es que realmente esa persona estaba convencida de eso, fue coherente con eso, fue verdadero, y cuando lo persiguieron, y cuando lo calumniaron, y cuando lo encarcelaron, pues ahí permanecía firme, eso da autoridad. Eso tiene autoridad. Y hay gente que ha tenido que sufrir muchísimo, pero como una especie de bendición después de tanto sufrimiento. Son personas que han mostrado pues, una gran autoridad y la gente los escucha. Un ejemplo que a mí me ha impactado profundamente y a mucha gente es el de este obispo vietnamita de apellido Ván Thuán, este obispo vietnamita que fue horriblemente torturado, sobre todo de manera psicológica, porque el régimen comunista no quería dejar huellas en su cuerpo que pudieran luego utilizarse como argumentos en contra del gobierno comunista. Entonces este hombre, que sufrió durante años y que fue perseguido. Pues finalmente pudo ser liberado. Y la palabra del cardenal. El Papa Juan Pablo II lo creó Cardenal. La palabra del cardenal Ván Thuán es una palabra penetrante, es una palabra con autoridad, porque es un hombre coherente, porque es un hombre verdadero y porque es un hombre con fortaleza. Llevamos tres características y muchas veces recordamos a profesores nuestros, o tal vez a nuestro papá o a nuestra mamá. Recordamos personas que han estado cerca de nosotros y las admiramos, entre otras cosas porque sabemos que en medio de sufrimientos supieron sostenerse, supieron ser coherentes, supieron ser verdaderos y supieron ser fuertes. Una última característica que es muy propia de la autoridad es que la autoridad sabe buscar el bien común. El que tiene auténtica autoridad sabe buscar el bien común. Es muy lamentable cuando uno se encuentra a personas que tienen una gran inteligencia, una gran fortaleza y son bastante coherentes, pero finalmente solo están trabajando por lo suyo. Finalmente, solo están trabajando por su propia ventaja, es decir, en el fondo son egoístas. O tal vez los bienes que pretenden son únicamente para la gente de su partido, para la gente de su camarilla, para la gente de su grupito, para la gente de sus amigos, de su círculo. Eso es muy triste. Y entonces, cuando se encuentra una explicación y cuando se dice, Pues es que sabemos por qué el tipo estaba haciendo eso. Pues es que estaba haciendo eso, porque finalmente lo único que quería era favorecer a su familia. Lo único quería, lo único que quería era engordar sus bolsillos. Ya está claro qué era lo que quería. Ya está resuelto. Ahí ya no queda nada de autoridad, porque ya se sabe cuál era el fin. El propósito suyo era únicamente servirse de su cargo, servirse de lo que tenía. No estaba ayudando a nadie. Pero cuando una persona está pensando en el bien común, muchas veces hasta sacrificar su propia comodidad y sacrificar lo que podrían ser sus ventajas, esa persona despierta admiración. Entonces mira, coherencia, verdad, que lo puedes llevar todavía a una palabra más bonita, sabiduría. Coherencia, verdad, sabiduría, fortaleza y generosidad para buscar el bien común. Todo eso, por supuesto, y muchísimo más lo tiene nuestro Señor Jesucristo y necesitamos hoy líderes, especialmente en la Iglesia Católica. Necesitamos líderes que caminen por esos caminos, que avancen por esa senda y que recuperen para Dios muchos corazones que por desengaño, por confusión, se están apartando o se han apartado del Evangelio. Que Dios nos bendiga. Y qué interesante esto, sobre todo para aquellos que están llamados a ser líderes y a llevar a otros, por ejemplo, a sus hijos, o por ejemplo a sus feligreses, o por ejemplo, a sus alumnos, hacia los buenos pastos, hacia los caminos de la verdad, la santidad y la justicia. Que Dios te bendiga.

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