Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios no olvida el dolor de sus pobres, lo que Él promete lo cumple. El Señor al acordarse de nosotros trae justicia y pone todas las cosas en orden.

Homilía o012015a, predicada en 20240109, con 6 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. En la primera lectura de hoy encontramos una frase que me ha llamado la atención desde hace años, pero que creo que solo empiezo a entenderla ahora y mira la edad que tengo. ¿Cuál es esa frase? El señor se acordó de Ana. ¿Quién era, esta Ana? Esta Ana era una mujer estéril que sufría humillación precisamente por su esterilidad. Una mujer que le había rogado a Dios desde lo profundo de su alma. Con lágrimas en los ojos, le había rogado que le sanara de esa esterilidad. Y efectivamente, Dios se acordó de Ana. Ella se unió a su marido y quedó embarazada.

Y yo quiero destacar esa expresión. El Señor se acordó. Dios se acordó, porque hay dos o tres interpretaciones y todas son muy bellas sobre qué significa esa frase. Dios se acordó. En primer lugar, observemos que nuestro Dios es el Dios de las promesas. El verbo acordarse es muy importante en la lengua hebrea, porque el verbo acordarse, hacer memoria es el que te permite llevar la secuencia de las obras que Dios ha ido haciendo en tu vida. En el cántico de la Virgen, que tiene bastante paralelo con el cántico de Ana, la mujer de la que estamos hablando. En el cántico de la Virgen dice ella, acordándose de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres. O sea que el acordarse significa que nuestro Dios promete y cumple.

Porque si una persona promete algo y se le olvida, por supuesto no lo cumple. Nuestro Dios promete y cumple. Nuestro Dios cumple. Entonces, acordarse significa que el Dios que promete es el Dios que cumple y que si Dios te ha prometido algo y la Biblia está llena de promesas de Dios, Dios las va a cumplir en tu vida. ¡Qué poderoso es eso! Por ejemplo, una de las bendiciones más grandes que está en la Biblia es aquella que le dice, Pablo al carcelero en el Capítulo Dieciséis de Hechos de los Apóstoles, Cree y te salvarás tú y tu familia. Es una promesa que muchos han hecho suya. Y con esa promesa profundamente grabada en el corazón, han enfrentado dificultades, han perseverado en la oración y han traído un cambio profundo a sus hogares.

¿Qué más significa ese verbo acordarse? Dice, Se acordó de Ana. Ana la que había orado con tanto fervor. Ana, la que había derramado tan abundantes y dolidas lágrimas. Dios se acordó de Ana. Dios no olvida el dolor de sus pobres. Y esto es muy hermoso, porque lo que encontramos a veces en el mundo es que el dolor de los pequeños, el dolor de los pobres, el dolor de los marginados, es un dolor que se olvida. Por lo menos en mi país y en muchos otros. Una crítica que yo he oído y que sé que es verdad es precisamente esa. Somos un pueblo sin memoria. Que han asesinado no sé cuántos líderes sociales. Como si nada hubiera pasado. Como que no importa. Como que esas vidas no importan. Simplemente pasaron y murieron.

Que se han abortado millones de niños en el año que acaba de terminar. Año dos mil veintitrés, millones de bebés y especialmente de bebitas. Mientras se habla de derechos de la mujer, las más abortadas son las mujeres. No es solo que las mujeres aborten, porque por supuesto es así por naturaleza, es la que puede gestar, sino que la mujer es también la más abortada. Millones y millones de niñas abortadas se nos olvidan. Nuestro Dios no olvida. Nuestro Dios no olvida. Dios tiene presente ese dolor. Dios tiene presentes esos muertos. Dios tiene presentes esas lágrimas.

Y por eso, y este es el tercer aspecto, el acordarse de Dios está profundamente conectado con algo bellísimo. Cuando Dios se acuerda, está trayendo justicia, trayendo orden, poniendo las cosas en orden. Ana padecía profundamente por las humillaciones que sufría, por su esterilidad. Dios se acordó de Ana y puso las cosas en orden. Mira todo lo que significa ese verbo. Demos gracias a Dios. Nuestro Dios que es fiel, que es compasivo y que es capaz de poner las cosas en orden a Él, la gloria y la alabanza. Amén.

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