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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Iglesia ha perdido autoridad por nuestra incoherencia, por contradicción en las voces que se escuchan en ella y porque se está predicando con errores las enseñanzas sobre todo en materia moral.
Homilía o012012a, predicada en 20200114, con 6 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Yo creo que a nosotros, lo mismo que a aquellos primeros oyentes que tuvo Cristo en Cafarnaún, nos llama la atención aquello de la autoridad de Cristo. Y hay motivos nuevos por los que tiene que llamarnos la atención esa autoridad del Señor. Efectivamente, hay muchas personas que sienten que las autoridades se han acabado o se están acabando. ¿A qué me refiero con esto? Pensemos para empezar por casa, pensemos en la situación de la Iglesia. ¿No es verdad que muchas personas sienten que la Iglesia ha perdido autoridad? Muchas personas lo sienten. Y en los análisis que he hecho en estos dos últimos años. Creo que hay tres razones principales por las que se ha perdido autoridad en la Iglesia. Todas son graves y todas tienen que llamarnos a conversión a todos. Pero muy especialmente, claro está, a nosotros, los sacerdotes. Tres razones por las que se ha perdido autoridad en la Iglesia. Primero, sin duda lo más grave por el antitestimonio. Los escándalos financieros, los problemas de abuso. Las múltiples incoherencias en nuestra vida, pequeñas y grandes, hacen que nuestra palabra pierda autoridad. Es como si continuamente nos estuvieran diciendo ¿Tú qué vas a decir? ¿Tú ¿cómo te vas a atrever a hablar? Mira, tú mejor cállate. Ese lenguaje que muchas veces tiene de injusto, seamos sinceros. Pero ese lenguaje tiene su explicación, no su justificación. Pero tiene su explicación, en buena parte en aquello de nuestra incoherencia, nuestro pecado. ¿Cuál sería la respuesta entonces para recuperar autoridad? Pues todos, pero muy especialmente nosotros, sacerdotes, necesitamos una vida más recta, una vida más coherente. Es decir, que aquello que predicamos lo vivamos y que lo vivamos en plenitud y con gozo. Esa es la primera causa por la que se pierde autoridad por la incoherencia. Segundo, se pierde autoridad porque hay contradicción en las voces que suenan en la Iglesia. Si una persona va a una parroquia, a un templo o está en un retiro espiritual. Y el sacerdote alegremente dice Bueno, ahora les voy a dar la absolución a todos, todos. Nadie tiene que confesarse conmigo escuchen bien, nadie se confiesa, porque les voy a dar la absolución a todos y utiliza incluso la misa para eso. Y entonces les dice que Dios les perdone sus pecados. Y empieza a repartir cruces. Y todos quedaron absueltos. Y luego una persona que estuvo en ese retiro, o en esa parroquia o en esa comunidad, va a otra parte y escucha que eso de las soluciones comunitarias está prohibido. Tendrían que ser casos de extrema gravedad donde simplemente no hay manera de atender la confesión si no es de otro modo. Y el ejemplo típico es del avión que se está cayendo, así como me oyes. Entonces, si un sacerdote dice que ya quedé absuelto porque él dio una absolución comunitaria repartiendo cruces. Y si otro sacerdote me dice. Y en ese caso tiene razón, que eso no es cierto y no es válido y es un abuso. Entonces, qué clase de institución es la Iglesia donde uno dice una cosa y otro dice otra. Uno dice que la homosexualidad es un pecado. La práctica homosexual, quiero decir, es un pecado. Y otro dice, cómo están diciendo ya algunos obispos en Alemania. No, no, no, no, no, espérate, hay que bendecir las relaciones homosexuales. Entonces, si uno me dice que hay que bendecir y el otro me dice que es pecado, entonces ¿A quién le creo? Entonces la voz de la Iglesia se debilita y se agrieta. Esa es la segunda causa por la que hemos perdido autoridad. La tercera razón por la que perdemos autoridad es porque hay enseñanzas que son muy sólidas en la Iglesia, que han estado muy claras. Y cuando lo que se ha enseñado con claridad centenares, por no decir miles de veces, ahora se pretende enseñar de otra manera. Entonces la gente dice pues entonces cambió ahora todo en la Iglesia. Entonces ahora uno no sabe a qué atenerse. Y si uno no sabe a qué atenerse, qué autoridad tiene esa Iglesia que hoy me dice una cosa y mañana me dice otra. Fíjate, es algo parecido a la segunda causa, solo que en la segunda causa de pérdida de autoridad. Ambas predicaciones suceden en el presente. Fui a esta iglesia y luego fui a otra iglesia y me dijeron dos cosas diferentes en dos parroquias distintas. Aquí es que la Iglesia siempre enseñó algo y ahora lo cambiaron. Entonces la Iglesia siempre fue muy clara, por ejemplo, en que el adulterio hace que una persona no pueda comulgar. ¿Por qué? Porque no le vamos a poner corona al pecado de adulterio. No vamos a decir espérate, espérate. Es un pecado tan especial que hay que tratarlo de otra manera, hay que tratarlo con pinzas y hay que tratarlo con delicadeza, porque simplemente la gente ahora piensa eso. Pues no, ese no ha sido el cristianismo. El cristianismo ha sido valiente. El cristianismo desde la época misma de nuestro Señor, se ha plantado con fuerza delante de los intereses y el espíritu de este mundo. Entonces, cuando se ha predicado siempre una cosa, sobre todo en materia moral, y ahora se predica otra cosa, entonces se pierde autoridad. Pidamos al Señor por nuestra Iglesia, necesitamos todos conversión, pero no podemos seguir desangrando la autoridad de la Iglesia porque el precio es muy alto. Una iglesia sin autoridad es una iglesia irrelevante y una iglesia irrelevante no puede ser sal de la tierra, ni puede ser luz del mundo. Necesitamos mucha oración y mucha conversión.

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