Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al conocer la historia del pueblo elegido vemos como el Señor obró en él y esta historia de salvación se hace nuestra porque Dios también quiere obrar en nosotros.

Homilía o012011a, predicada en 20180109, con 6 min. y 32 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del primer libro de Samuel en la Biblia. Dos libros que llevan el nombre de este gran profeta se llaman, respectivamente, Primero de Samuel y Segundo de Samuel. Y lo que cuentan los libros de Samuel es, los orígenes de la monarquía. Conviene aquí hacer un breve recordatorio de cuáles son las grandes etapas de la historia de la salvación, como aparecen en el Antiguo Testamento. En los primeros Once Capítulos del Génesis encontramos la creación y encontramos aquella historia de cómo el pecado se difunde y cómo Dios prepara el momento de su visita a un pueblo especial.

El pueblo que saldrá de Abrahán del Capítulo Doce del Génesis. Hasta el final de ese mismo libro se cuenta la historia de los patriarcas. El llamado Abraham, luego Isaac y luego Jacob y sus hijos. De entre esos hijos se hace particular énfasis en uno llamado José. Eso es lo que nos cuenta el resto del Génesis. Luego el libro del Éxodo nos cuenta cómo los descendientes de Jacob, es decir, las doce tribus de Israel, se establecen en Egipto. Pero luego de que los egipcios los recibieron, casi diría yo, con gratitud por todas las obras buenas que hizo José, pasaron a una actitud distinta y empezaron a oprimirlos. Y entonces surge un gran líder a partir del Capítulo Tres del Éxodo. Ese gran líder se llama Moisés.

El libro del Éxodo y el resto de los libros del Pentateuco, es decir, Levítico, Números, Deuteronomio, nos cuentan la salida de Egipto, el recorrido por el desierto y el momento en el que llegan a la Tierra Prometida. La entrada en la Tierra Prometida es una nueva etapa y está descrita en dos libros, El libro de Josué, de un modo un poco más poético y elaborado, y el libro de los Jueces, que tiene una estructura un poco más de crónica, una estructura narrativa. Llamábase Jueces a aquellas personas que en momentos específicos de esa etapa del pueblo de Israel, sirvieron de expresión de la voluntad de Dios. Con el debido respeto, podemos decir que los jueces eran como parches que Dios ponía en los momentos en que el pueblo se apartaba por su rebeldía o era atacado por sus vecinos.

Los vecinos son llamados los filisteos. Es el nombre genérico que se da a los distintos pueblos, pueblos pequeños pero muy aguerridos que había en esa zona. Esa es la etapa de los jueces. La etapa de los jueces termina precisamente con el hombre que estamos recordando hoy. Samuel. Efectivamente, vamos a escuchar siguiendo la lectura de este libro de Samuel y luego los libros de los Reyes. Vamos a escuchar que cuando Samuel fue constituido gran profeta de Dios, la gente se volvió a Samuel para decirle. Queremos un rey. Y así se abre esa etapa nueva que es la etapa de los Reyes. El primero de los reyes se llamó Saúl, pero Saúl cayó en grave rebeldía y desobediencia contra Dios, y entonces Dios eligió a otra persona. El famoso rey David.

Y a David le hizo una promesa, la promesa de que siempre habría un descendiente suyo reinando sobre Judá. Así vamos recordando las etapas. Fíjate cómo nos vinimos desde la creación hasta el rey David. El tiempo de los reyes es también el tiempo en el que brilla más, en el que se hace más presente. El ministerio de los profetas. La monarquía y la profecía van muy unidas. Dentro del Antiguo Testamento, porque si bien los reyes tenían ese servicio que podríamos llamar civil o militar, eran sobre todo los profetas los que continuamente estaban recordando a los reyes los compromisos de la Alianza. El balance del tiempo de los Reyes no es muy positivo.

La verdad es que muchos de ellos fueron infieles a Dios. Muchos de ellos fueron obstinados y se resistieron a los profetas. Las cosas se complicaron gravemente y llegó el momento en el que lo que quedaba del pueblo de Dios, que era básicamente la tribu de Judá, fue atacada y fue vencida por un pueblo que es llamado el pueblo de los caldeos. Los caldeos que tenían como capital Babilonia, vencieron a los judíos y se los llevaron en destierro a esa ciudad, a Babilonia. Cuando los judíos estuvieron en Babilonia, que fue cosa de un poco más de cincuenta años, pues pasaron por las más duras humillaciones. Y el pueblo que surgió, el pueblo que fue liberado de la cautividad en Babilonia y que volvió a Jerusalén, fue un pueblo muy disminuido y muy desanimado. Pero también dentro de ellos había algunos sumamente fieles al Señor.

Esto sucede en el siglo sexto, antes de Cristo, hacia finales. Y es ese pueblo humilde el que va a preparar la llegada del Mesías. Estas son las grandes etapas del Antiguo Testamento, y esto nos ayuda a entender cuál es el lugar de Samuel, el profeta, dentro de todo ese conjunto, con ese contexto. Estemos muy atentos a cuáles son las lecturas que siguen en los próximos días, porque conocer esta historia es conocer no solamente cómo obró Dios, sino cómo también quiere obrar en nosotros. Porque como dice en algún lugar la carta a los Hebreos, Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

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