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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Hay una relación entre la suma de confusión con orgullo, y la permanencia del reinado de las tinieblas; pero Cristo vence.
Homilía o012007a, predicada en 20140114, con 4 min. y 44 seg. 
Transcripción:
El pasaje de hoy tomado del Evangelio según San Marcos, nos presenta dos de las principales actividades que realizó Cristo en su ministerio público. Por una parte, la enseñanza, encontramos en Jesucristo al Divino Maestro. Por otra parte, la expulsión de los demonios, Cristo es el exorcista mayor. Allí donde Él se hace presente, se quebranta, se desmorona, se derrumba el imperio de Satanás. Y esto es lo que tenemos que reflexionar. El poder de la enseñanza de Cristo y la expulsión del reinado de Satanás. Comentemos un poco sobre esta Palabra del Señor, una palabra que impactó tanto a sus contemporáneos. Por eso decía: La gente enseña con autoridad. Efectivamente, los escribas de aquella época, podríamos decir los intelectuales, la gente que tenía una gran preparación y mucho estudio eran personas que habían convertido el estudio de la Palabra de Dios, como en una especie de pasatiempo académico. Las distintas interpretaciones posibles, las muchas variaciones en el sentido de las palabras, muy pronto sirvieron de pasto para que los maestros, los maestros entre los escribas, se alzaran con su vanidad para decir yo tengo la interpretación correcta. Y otro decía no, eso se debe interpretar de otra manera. Y otro decía soy yo quien lo sabe interpretar. Entonces toda esa academia, todo ese esfuerzo intelectual, finalmente terminaba siendo una rivalidad de autoridades, haciendo distinciones muy sutiles, elaborando teorías cada vez más sofisticadas, pero al mismo tiempo cada vez más distantes de las necesidades reales de la gente, que son siempre necesidades de encuentro con el Dios vivo. Ese jugar con las palabras, ese elaborar grandes andamios de ideas y más ideas, todo eso, aunque resulte entretenido para nuestra mente, es inútil cuando se trata del encuentro con el Dios vivo. Podemos decir que la Palabra de Dios quedaba amordazada y asfixiada en esa maraña de erudición y de posibles interpretaciones, y sobre todo en esa guerra de egos, en esa guerra de vanidad. Llega, en cambio, Jesucristo y su lenguaje directo, sencillo, comprensible para todos. Viene a denunciar, por una parte, todo el aparato de ideas de aquellos escribas y sobre todo, viene a traer la frescura de la noticia del amor. Porque el amor busca un camino para encontrarse con nosotros y ese camino es Jesucristo. Dios, Dios-Amor ha querido darnos en Jesucristo la sencillez, la pureza y la fuerza de su mensaje. No debemos perderlo. Y por eso también es de destacar la labor de Cristo como aquel que destruye, aquel que quebranta el poder del enemigo. Porque fíjate que hay una relación entre una cosa y otra. Las ideas confusas y la arrogancia y el ego inflado de aquellos maestros. Eso es precisamente el precioso jardín donde se pasea a sus anchas el demonio. Allí donde hay confusión, allí donde hay orgullo, allí prospera con gran fuerza el enemigo. Pero en cambio, allí donde llega la sencillez y allí donde llega la claridad, muy pronto se ve quién es el bueno. Muy pronto se ve quién es el santo y entonces se destruye el reino, el falso imperio de Satanás, y brilla con todo su esplendor el Reino de Dios. ¡Bendito sea Jesucristo!

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