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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El tiempo litúrgico llamado "ordinario" va presentando por orden el ministerio público de Cristo.
Homilía o012006a, predicada en 20120111, con 4 min. y 51 seg. 
Transcripción:
Estamos iniciando el día de hoy el tiempo llamado ordinario. Para entender qué quiere decir. Recordemos lo que son los tiempos litúrgicos. Liturgia quiere decir celebración. Y nosotros, cristianos, celebramos a Cristo. Celebramos su misterio, su hermosura, su sabiduría, su poder. Y en Cristo, a lo largo del año tenemos dos momentos centrales, su llegada y su partida. Su llegada la celebramos en los tiempos litúrgicos de Adviento y Navidad. El Adviento que nos prepara y la Navidad que quiere darnos ojos para contemplar cómo este Dios no solamente ha nacido, sino que se ha establecido en nuestra tierra, ha sido uno de nosotros. Y luego la partida, la partida de Cristo, no sucedió de cualquier manera. Fue en la cruz con el derramamiento doloroso y generoso de su propia sangre, como Jesús terminó sus días en esta tierra. Y por eso necesitamos una preparación que se llama Cuaresma para descubrir nuestra realidad de pecadores y para recibir con provecho y con gratitud lo que Jesús quiere traernos. Pero su partida fue también su victoria, fue también su Pascua, porque el demonio nada logró en Cristo. Entonces, así tenemos los dos tiempos litúrgicos de Cuaresma y Pascua que se centran en torno a la partida de Cristo. Adviento y Navidad miran la llegada de Cristo. Cuaresma y Pascua, miran la partida de Cristo. Pero bueno, entre la llegada y la partida, Cristo realizó un maravilloso ministerio, un servicio de amor a través de sus palabras, a través de su oración, a través de sus milagros, a través de sus exorcismos. Cristo realizó un maravilloso servicio de amor, y eso es lo que nosotros contemplamos en el tiempo llamado ordinario. Es decir, le seguimos el hilo al ministerio público de Jesús. ¿Cómo se organizan las lecturas durante el tiempo ordinario? Pues hay que distinguir, ante todo, que una cosa son los domingos que tienen su propio ciclo y otra cosa son los días entre semana. Como ahora nos encontramos en un martes, pues vamos a hablar de los días entre semana. Los evangelios cada año litúrgico, los evangelios del tiempo ordinario para los días entre semana llevan siempre la misma secuencia. Siempre empezamos con San Marcos, el cual leemos casi completo, de una manera pausada, con una secuencia que es la misma de los textos, es decir, como el que va leyendo un libro página por página. Nosotros vamos tomando pasaje tras pasaje del Evangelio según San Marcos. Luego vamos a tomar a San Mateo. Pero como hay tantas cosas que tienen en común y que cuentan con ligera variación, apenas San Mateo y San Marcos, eso no lo repetimos, sino que para San Mateo leemos aquellos textos que son más propios de San Mateo, por decir algo. El Sermón de la Montaña es algo específico de San Mateo. Y después, muchas semanas después, tendremos el evangelista Lucas. Esa es la secuencia que nosotros llevamos para los evangelios en el tiempo ordinario. Y eso se repite todos los años. En cambio, la primera lectura tiene su propio ciclo. Las lecturas que se siguen semana tras semana para los días de entre semana en el tiempo ordinario son distintas dependiendo de si se trata de un año par o de un año impar. Por ejemplo, en este año que es par, empezamos con el libro de Samuel porque vamos a hacer un recorrido por los reyes de Judá y de Israel. En los años impares, hay un comienzo distinto que es la carta a los hebreos, pero en este momento nos interesa prepararnos para escuchar la historia de los reyes de Israel y de Judá y aprender qué quiere decirnos eso en nuestra vida. Bienvenidos al tiempo ordinario.

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