Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Necesitamos la embriaguez del Espíritu y no la del pecado.

Homilía o012003a, predicada en 20020115, con 6 min. y 48 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El sacerdote Elí se equivocó juzgando a Ana. Ana estaba atravesada de dolor y rezaba para sus adentros una y otra vez. Hay que tener en cuenta que muchos judíos, no sé si todos, al rezar, balancean el cuerpo. Ustedes habrán visto, tal vez en las películas, cómo ellos, al rezar los salmos, van haciendo como una especie de pequeña danza en el puesto. A uno le desconcierta eso. Uno no lo entiende, pero es porque van llevando el ritmo. La poesía hebrea no se basa en la similitud de las terminaciones, como pasa en mucha de la poesía en español, sino se basa en el ritmo y el ritmo se va llevando con todo el cuerpo. La oración es una oración con todo el cuerpo.

Por eso Ana, que seguramente repetía especies de letanías e insistiendo en su plegaria y que además no se le oía lo que estaba diciendo, parecía una persona bailando sola. Esto explica en parte el juicio tan duro pero errado que formula Elí. Elí juzga a esta mujer y la tiene por una borracha, por una mujer perdida. ¿Y entonces? Pues la mujer le corrige a Elí y le explica que ella sí está ebria, pero ebria de dolor. Y esto nos hace recordar otra ebriedad que también fue mal juzgada en los Hechos de los Apóstoles en el Capítulo Segundo, cuando Pentecostés. También nos encontramos con que hubo gente que formuló un juicio equivocado. Pedro y los apóstoles salieron colmados del Espíritu Santo y empezaron a profetizar.

Oraban en lenguas al parecer, y la gente los vio. Y unos decían, ¿Y esto qué es?. Y otros decían están llenos de mosto también ahí los calificaron de borrachos porque estaban que cantaban y que alzaban manos, y que alababan y cantaban y más cantaban y dijeron están borrachos. Pero tampoco en ese caso era ebriedad de vino, sino era la ebriedad del Espíritu Santo. Es muy importante, creo yo, tener en cuenta que existen esas distintas ebriedades, esas distintas embriagueces existe la embriaguez del dolor. Existe la embriaguez del vino. Existe la embriaguez del gozo en el espíritu.

Y digo que es importante porque todos de alguna manera necesitamos algún género de embriaguez. ¿Qué es la embriaguez? La embriaguez es salirse de las casillas un poco estrechas. Es salirse de la cuadrícula rígida de lo que está planeado, de lo que está controlado por nuestra propia razón. La embriaguez es como el reventarse de la estructura, diríamos de la cuadrícula de ¿Cómo se llama esto que se utiliza en las en las construcciones y que van armando poco a poco y que forma como un esqueleto? ¿Eso,como se llama? Andamio. El andamio. Nuestra vida no puede ser solamente un andamio montado de piezas. Necesitamos que la vida explote, que la vida aparezca, que la vida surja. Por eso necesitamos las celebraciones. Necesitamos los paseos, las fiestas, los cambios en los horarios, los ratos de recreación. Necesitamos momentos en que la estructura se suspende y aparece algo nuevo a partir de tal hora hay silencio profundo.

Pero hay días en que no hay silencio profundo, sino que hay una serenata a las novicias. Es decir, se rompe la estructura, hay algo que cambia. Necesitamos de esas rupturas, necesitamos de esos cambios en todo sentido. Pero el punto está en que cuando se rompe la estructura no tiene que entrar el pecado. Y esa es la invitación para el día de hoy. La invitación de hoy es, todos necesitamos embriaguez. Es cierto, necesitamos ese tipo de cambios, de explosiones de vida, pero necesitamos estar llenos del Espíritu para que nuestra embriaguez no sea embriaguez en el pecado, como juzgó Él, y no sea embriaguez en el licor, como juzgaron malamente a los apóstoles, sino para que sea embriaguez en la fuente misma de la vida, que es la embriaguez del espíritu.

Y el sacerdote se equivocó, juzgó mal, pero luego, cuando entendió la situación, le dijo con muy buen corazón y le dijo en nombre de Dios que Él te conceda lo que le estás pidiendo. Y es muy bonito ver como Ana pasa de la embriaguez de la tristeza al gozo del espíritu. Ya no parecía la misma, le cambió el rostro. Y desde ese buen corazón, y desde ese optimismo, desde esa alegría, ella vuelve a su casa con una certeza. Dios me ha escuchado. Y efectivamente Dios la escuchó porque ella quedó embarazada como lo deseaba, y de ella habría de nacer uno de los más grandes profetas, el profeta Samuel. Entonces, ¿Qué le pedimos a Dios? Qué nos enseña a embriagarnos. Que nos enseñe a darle espacio a la vida sin darle espacio al pecado.

Y número dos, pidámosle al Señor que cuando el dolor nos abrume, como le pasó a Ana, cuando tengamos la embriaguez del dolor, Él transforme nuestro luto en danza, como dice el Salmo, y Él nos cambie como Ana de esa embriaguez, del dolor al gozo, a la ebriedad en el Espíritu. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM