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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Biblia presenta la vida humana en su crudeza pero también la ilumina con la mirada y el plan de Dios.
Homilía o011011a, predicada en 20260112, con 22 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Iniciamos en este lunes de la primera Semana del Tiempo Ordinario la lectura del Evangelio según San Marcos. Pienso que es provechoso para vivir mejor la Eucaristía, conocer un poco de la manera como se organizan las lecturas. Estamos empezando para los días entre semana. Estamos empezando el Evangelio de Marcos. El texto que se leyó es del Capítulo Primero de San Marcos y vamos a ir día por día. Me refiero a los días de entre semana, no los domingos. Vamos a ir día por día escuchando casi todo el Evangelio de San Marcos hasta llegar al borde de la pasión. La pasión no se lee en el tiempo ordinario. No se lee en los días de entre semana. Se reserva para la Semana Santa. Después de que terminemos ese recorrido con San Marcos, vamos a hacer lo mismo con una gran parte del Evangelio según San Mateo. Aunque se omiten, hay más pasajes porque hay muchos textos de Mateo que son prácticamente idénticos a los de Marcos. Entonces vendrán varias semanas, bastantes semanas leyendo a San Marcos, a San Mateo, y después de haber escuchado a San Marcos y a San Mateo en la parte final del tiempo ordinario, sigo hablando de los días de entre semana. Vamos a escuchar textos de San Lucas y de esa manera se completan las treinta y cuatro semanas, treinta y tres o treinta y cuatro según el año que tiene el tiempo ordinario. Ya ahí tenemos una primera lección, y es que los evangelios del tiempo ordinario, básicamente lo que nos presentan son los evangelios, para que cada día nosotros tengamos una porción del Evangelio que va a servir como luz y como alimento espiritual. Surge una pregunta ¿Y San Juan? San Juan no se escucha tanto en el tiempo ordinario, pero San Juan si se escucha bastante en Cuaresma, muchísimo en Pascua, bastante en el tiempo de Navidad. Porque además del tiempo ordinario sabemos que hay esas parejas de tiempos litúrgicos, el Adviento que va con la Navidad y la Cuaresma, que va con la Pascua. Esa es la manera como el Evangelio llega a nosotros en los días de entre semana. Los domingos tienen su propio ciclo. Entonces, por ejemplo, en este año estamos en el ciclo A, que es el de San Mateo. Entonces, casi todos los domingos vamos a escuchar textos de San Mateo, los domingos y eso durante todo el año. El año entrante estaremos en el ciclo B, si Dios permite, todo el año va a ser San Marcos y el siguiente año todo el año San Lucas. También, ahí se cumple que San Juan no tiene un año específicamente dedicado. Pero ya dijimos que San Juan se oye bastante en Cuaresma, mucho en Pascua, bastante en el tiempo de Navidad. Esa es la manera como se distribuyen los Evangelios. Entonces, si usted tiene la saludable costumbre de venir a la Santa Misa, y puede hacerlo porque a veces uno quiere pero no puede, entonces ya sabe lo que va a escuchar. Aquí empezamos con San Marcos, Capítulo Primero y vamos a seguir todo Marcos, después Mateo, después Lucas, hasta que termine el tiempo ordinario. La primera lectura es un poco más complicada. La primera lectura tiene un ciclo que es distinto para los años pares y para los años impares. En este caso estamos en un año par. ¿Y qué se escucha en los años pares? Pues lo que hemos oído, el comienzo de la historia del profeta Samuel. Y luego va a venir la historia de los reyes, porque Samuel fue el profeta encargado por Dios para darle reyes a su pueblo. Entonces van a aparecer reyes como Saúl, David, Salomón, Roboam. Todo eso que usted también lo puede encontrar en la Biblia, por supuesto, porque los textos son tomados de ahí. Entonces, en este caso, la primera lectura fue tomada del primer libro de Samuel. Luego seguirán textos de segundo de Samuel, primero de Reyes, segundo de Reyes y luego algunos textos también de los libros primero y segundo de las crónicas. ¿Qué es lo que nos presenta esa secuencia? Ese es todo un ciclo que va a tomar bastantes semanas. Lo que nos presenta es la historia de los reyes, la historia de los reyes de Israel y de Judá. O sea que hoy, por ser año par, empezamos a escuchar la historia de los Reyes de lo que sucedió, empezando por el profeta que fue elegido por Dios para escoger en su nombre los reyes. Esa es una manera de acercarse. Después de que terminemos de leer toda esa historia de los reyes, que por supuesto es una historia del Antiguo Testamento, entonces la Iglesia nos ofrece otros textos del Nuevo Testamento. Y así va el año. Tiene una variedad que es bastante considerable, pero por ahora que nos quede claro que lo que vamos a escuchar en los siguientes días es Reyes de Israel y de Judá. Eso es en el año para así se empieza. Y si el año fuera impar, como fue el año pasado y cómo será el año próximo, entonces empieza con la carta a los Hebreos durante como cuatro o cinco semanas se empieza con la carta a los Hebreos es un documento denso que trae profunda, profunda reflexión sobre el misterio de Cristo. Cristo como sumo sacerdote. Entonces, para orientarnos en los años impares, se empieza con la Carta a los Hebreos varias semanas. Me parece que son cinco semanas de carta a los Hebreos para contemplar a Cristo como sacerdote y contemplar el valor eterno del sacrificio de Cristo. Mientras tanto, en los años pares como es el presente, se empieza con la historia de los reyes y ya lo hemos dicho, comenzando por la historia de Samuel. Ese es como el esquema general de las lecturas de entre semana. Esa es la manera como están estas lecturas. De manera que usted sepa, cuando viene a misa, sepa un poco qué es lo que puede esperar, qué es lo que se va a encontrar. Si usted es especialmente amigo de la Sagrada Escritura, si usted tiene como un amor especial por la Biblia, yo les sugiero que no se contente con lo que se lee aquí en la iglesia, sino que usted en su casa tiene Biblia. Entonces usted tome la Biblia esos libros primero de Samuel, segundo de Samuel, primero Reyes, segundo Reyes, y usted va leyendo integralmente esa historia. Nos falta responder a otra pregunta ¿Y para qué sirve esa historia? ¿Qué aprendemos nosotros de esa historia? Porque en los evangelios es como bastante obvio lo que uno puede ir aprendiendo. Cada evangelio trae su enseñanza y es mucho más fácil predicar de los evangelios que de las primeras lecturas. ¿Para qué nos cuentan toda esa historia? Pues nos la cuentan porque está en la Biblia y porque está en la Biblia, porque la Biblia nos cuenta cómo es la vida humana vista desde Dios. Lo que vamos a encontrar en toda esa historia de los reyes y de los profetas, porque van siempre unidos, profetas y reyes. Lo que vamos a encontrar es la vida humana, con sus miserias, con sus envidias, con sus pecados, con sus incoherencias, con sus dolores, con sus esperanzas, con sus triunfos. Lo que vamos a encontrar es vida humana, vida humana también con su mezquindad. Por ejemplo, fíjese lo que apareció aquí. Que este hombre, Elcana, tenía dos mujeres. Empezamos mal, Empezamos mal. No, no, está como muy ejemplar la cosa, dos mujeres, además, como se podía esperar. Pues estas dos mujeres se miran como rivales en ese momento, en ese tiempo estamos hablando de qué época, ¿En qué época sucede esto? Pues esto sucede en el siglo once, antes de Cristo y en una cultura que es la del Medio Oriente. ¿Qué es lo que acredita? ¿Qué es lo que le da valor a una mujer en esa época? Tener hijos y cuantos más hijos, más valiosa es esa mujer, se valoraba extraordinariamente tener hijos, tener muchos hijos. ¿Por qué? Por muchas razones, pero sobre todo porque los hijos eran los trabajadores del campo. Tener muchos hijos es tener muchos trabajadores. Tener muchos hijos es también tener mucha gente que me defienda porque ese tiempo era extraordinariamente violento. Entonces, una mujer llamada Feniná es arrogante, es presuntuosa. Eso tampoco suena muy edificante. Es una mujer arrogante porque ella sí tiene bastantes hijos. Feniná tenía hijos. La otra Ana no los tenía. Entonces, fíjate, no es una historia edificante. Algunos de ustedes les gustan los libros de santos y las historias de los santos, sobre todo historias antiguas de santos suelen ser muy edificantes. Es decir, solo nos cuentan como cosas bonitas. Este santo, desde que era niño y cuando no estaba atendiendo a los pobres levitaba. Y bueno, así sucesivamente. Entonces son historias donde todo es bonito, todo es virtuoso y uno se acerca a la Biblia y se encuentra con este tipo que tiene dos mujeres que la una humilla a la otra y aquí yo soy aquí la que más pare. ¿Cuál es el problema? Y así. Eso no suena como muy edificante. Y vamos a seguir escuchando cosas escandalosas. Por ejemplo, estos sacerdotes que aparecen aquí que se llamaban Jofni y Pinjás, traduce esta Biblia, este leccionario. Otros llaman a ese nombre Fineés, esos dos sacerdotes que los voy a llamar aquí. Esos dos tipos eran unos corruptos, eran unos corruptos, corruptos litúrgicamente, porque no obedecían la ley de Moisés, eran corruptos moralmente porque abusaban de mujeres. Estos sacerdotes eran corruptos espiritualmente. Y entonces dice uno ¿Para qué nos ponen a leer esas cosas? ¿Cuál es el propósito de eso? Y para cerrar la lectura de hoy, pues aparece un tipo absolutamente machista, con cero capacidad de empatía, con nada de inteligencia emocional. Que usted, qué opina de eso que le dice Elcana a la pobre Ana. La pobre Ana que siente que no vale nada porque acuérdese que el valor de la mujer era parir, era el único valor. Por supuesto que tener hijos es algo muy, muy valioso, pero centrar todo el valor de la mujer solo en los hijos es una desproporción. Pero bueno, ese era ese tiempo. Entonces Ana, que ya sentía que ella era como una basura porque era estéril, no podía tener hijos, ella vivía deprimida. Luego la otra que la humilla y entonces aparece este señor que no entiende nada de mujeres, aunque tenía dos, ni veinte que hubiera tenido. Y entonces le dice qué tal eso, Ana, ¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Porque está apenado tu corazón? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos? Yo creo que es de las frases menos empáticas de toda la Biblia. O sea, este señor no entiende el dolor de ella. No entiende el dolor de Ana. Y además ahí se nota una inmadurez masculina que es bastante frecuente, una inmadurez masculina que mira a la mujer casada básicamente como la que tiene que atender a todos y tiene que sentirse centrada en él, en el esposo. Bueno, sé que estoy extendiéndome un poco en esto, pero es para hacer aguda la pregunta ¿Por qué escuchamos esto? Por qué si vamos a la iglesia, no nos presentan libros así, bien edificantes de cosas bonitas, gente que se portaba bien. Había un niño que se portaba bien y luego creció y se volvió un gran santo. Y había una niña que era maravillosa y se portaba bien. No, aquí hay una cantidad gente que se porta mal. De hecho todo, toda esta gente que menciona aquí, todos se portan mal, los sacerdotes horribles, su comportamiento. Elcana horrible, machista, sin ninguna empatía, centrado solamente en sí mismo. Penina orgullosa de mala manera, humillante. La Biblia nos habla así por una buena razón. La Biblia nos habla así porque la vida humana se parece más a esto que a los libros bonitos. La vida humana con mucha frecuencia tiene esto. Yo sé que ha habido en el mundo hombres muy virtuosos, muy puros, muy generosos, muy empáticos, muy sensibles a Dios y a la necesidad del prójimo. Entre todos esos hombres, obviamente después de Cristo, hay que señalar a San José, pero es mucho más probable que usted en su vida concreta se encuentre con un tipo como el cana, o sea, el machista. Este es mucho más probable que usted se encuentre con personas inicuas y egoístas como estos sacerdotes Ofni y Finees. Esto es lo que uno se encuentra en la vida. Entonces la Biblia no nos está contando historias bonitas. La Biblia nos está presentando la vida con toda su dureza. La Biblia nos presenta la vida como sucede. La mujer que siente que no vale nada. Eso era lo que le pasaba a Ana. Ana sentía yo no valgo nada, yo no le importo a nadie. Y el esposo que tendría que entenderme, que es un medio esposo, compartido un esposo, el esposo que tendría que entenderme. No, lo que quiere es que yo me sienta feliz, feliz con un medio esposo. ¿Que es eso? Pues esto es importante, porque cuando la Biblia nos presenta esas miserias humanas, tanto las que padecemos como las que hacemos, la Biblia nos está obligando a que nos reconozcamos. El propósito de estos textos es que usted vea su vida metida en la Biblia. Si usted conoce gente miserable, egoísta, sin empatía, gente que humilla a otros, usted lee este texto y dice: Esto se parece a la vida mía. Ese es el provecho de leer la Biblia, y eso no te lo da ningún otro libro. Pero por supuesto, la Biblia no se queda solo contando las miserias. Lo más hermoso, lo más precioso de la Biblia en este sentido, es que nos presentan todas estas miserias que son los renglones torcidos y nos presenta cómo Dios va escribiendo. Te acuerdas el refrán que dice Dios escribe derecho en renglones torcidos. Estos son los renglones torcidos. Entonces, ¿Qué es lo que la Biblia nos enseña? Que la vida es dura, que todos somos pecadores y muchos de nosotros miserables, pecadores, pero que en medio de nuestras miserias Dios va llevando adelante su plan. Y es maravilloso ver cómo esta mujer, Ana, que aquí aparece absolutamente devastada, es una mujer que va a dar a luz milagrosamente y va a dar a luz a uno de los más grandes profetas del Antiguo Testamento, el hombre que va a abrir una nueva etapa en la historia de Israel. Ese hombre fue el profeta Samuel, porque Ana es la mamá de Samuel. Entonces, cuando uno mira. No un acontecimiento, no un pedacito, no una foto, hay que mirar la película. Lo que se nos presentó hoy fue una foto terrible. Ya describí cómo son estos personajes, pero uno no debe quedarse mirando la foto. Por eso hay que ir a la Biblia, leer la Biblia y uno va viendo cómo estos personajes van evolucionando. Por ejemplo, spoiler hay que dar spoilers en la misa spoiler. Miren estos dos curas. Bueno, no eran curas, hay que guardar proporción. Estos sacerdotes Jofni y Pinjás acabaron mal, pero muy mal. Entonces, si uno se queda solo mirando aquí el pecado de Feniná, la depresión de Ana, el machismo de Elcana. No entiende nada de la Biblia. Pero si uno va viendo la película y uno va viendo cómo suceden las cosas, uno va descubriendo qué maravilla el plan de Dios. Resumen ¿Para qué leemos estas cosas del Antiguo Testamento? ¿Para qué leemos estas historias tristes con nombres raros? Respuesta Porque la vida humana es dura, porque es necesario que uno pueda reconocer su propia vida en la Biblia y porque la Biblia nos enseña que en medio de tanta dureza, Dios es capaz de escribir una historia que es una historia de amor, que es una historia de gracia, que es una historia de salvación. Quiere decir que Samuel ya es lo máximo de lo máximo, no. Samuel también tiene unas cuantas cosas que llegarán en su momento. Esas no las voy a anticipar. Pero Samuel es parte como de una escalera. Es como un peldaño en una escalera y uno sigue y después se encuentra con otros profetas y con otros reyes y con otros sabios. Y sigue y sigue, y la escalera cada vez nos va llevando a una luz más grande, hasta que llega la luz inmensa. La luz inmensa se llama Jesucristo, el sol que nace de lo alto. Entonces uno entiende que Jesucristo es la culminación de una escalera que empezó en la oscuridad y en la mezquindad y en la miseria de una mujer arrogante que creía que porque podía parir mucho, valía mucho. Desde la oscuridad de Feniná hasta la belleza y la pureza de María, desde la dureza egoísta de Elcana hasta el corazón manso y humilde de Cristo. Esa es la Biblia. La Biblia nos va haciendo todo ese caminito para que a la vez uno pueda reconocer su propia vida aquí y uno pueda ver cómo Dios, a pesar de lo que ven nuestros ojos, siempre está trabajando, siempre está construyendo, siempre está abriendo un futuro diferente. Para eso leemos estos textos. Demos gracias a Dios por contar con la Sagrada Escritura. Los libros bonitos, edificantes, piadosos, sirven, claro que sirven. Pero el valor que nos aporta, la bendición que nos aporta la Sagrada Escritura es irreemplazable. Nada puede reemplazar lo que hace el texto sagrado. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

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