Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesucristo no solo hace el bien, sino que nos llama a compartirlo. Cuando no damos testimonio, detenemos su difusión; por eso, es tiempo de recibir el bien y comunicarlo a los demás.

Homilía o011010a, predicada en 20260112, con 5 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Hoy vamos a hablar de una palabra que es frecuente en el lenguaje de las redes sociales y que se ha convertido en una especie de aspiración de todos los influencers. Vamos a hablar de lo viral. La palabra viral tiene un origen que no es tan bonito porque viral viene de virus y la idea es que un virus, pues básicamente secuestra la capacidad de reproducción de las células de ese organismo al que llega y entonces lo obliga a que produzca más virus y de esa manera esos nuevos virus pues pueden contagiar a otros seres vivos y así sucesivamente.

Básicamente la idea es como una reacción en cadena, algo que se va multiplicando a medida que pasa el tiempo. De ahí viene la idea de lo viral. Por ejemplo, un buen meme ¿conoces los memes? claro. Un buen meme, pues llega a volverse viral ¿qué quiere decir eso? que por su popularidad la gente no solamente lo ve, sino que también lo comparte. Y cuando la gente lo ve y lo comparte y otro lo recibe y también lo comparte y seguramente lo comparte a más personas y cada uno a más personas, pues se produce un fenómeno como lo que hacen los virus y por eso se habla de un meme, o de un video, o de una canción, o de una tendencia que se ha vuelto viral. Como dije antes, pues hoy en día todos los influencers, toda la gente que está en redes sociales, pues quisiera ser viral. Ojalá este video le llegue a mucha gente, le guste a mucha gente, lo reproduzcan, le den like, lo comenten y se suscriban y entonces pueda llegar a muchas más personas y hay esa aspiración.

Pues resulta que el Evangelio de hoy nos presenta una forma de viralidad. Porque Cristo nuestro Señor, en los comienzos del Evangelio de Marcos, directamente después del Bautismo, pues está haciendo una acción que termina siendo viral. ¿Por qué? Porque Cristo está predicando. Esa es la acción que Él realiza, pero con su predicación también está llamando a otros para que también ellos prediquen.

Fíjate que la viralidad puede ser negativa. Por ejemplo, en el caso de una enfermedad, no se nos olvide lo que pasó en la terrible pandemia. Ya a la altura del año dos mil veinte ya va quedando un poco atrás en el tiempo. Esa es una viralidad perniciosa, es una viralidad dañina. Hay música que se repite y que la gente reproduce y que la gente comparte, pero es música sucia, es música obscena y sin embargo tiene un efecto viral. O sea que hay viralidad, hay una difusión en cadena que es perversa.

Pero también hay una viralidad positiva. Y la viralidad positiva ¿qué es? Cuando una acción buena despierta otra acción buena, cuando un gesto, por ejemplo, de responsabilidad o de cariño, de ternura, de bondad, despierta en otro la capacidad también de tener esos mismos gestos, esas mismas acciones llenas de bondad, llenas de ternura, llenas de generosidad.

Cristo no solamente obra el bien, sino que despierta a través de su llamado, despierta a otros para que también ellos multipliquen ese bien. Por eso en el Evangelio de hoy, Cristo no solamente está predicando, sino que también está llamando y llama a Pedro y a su hermano Andrés y después llama a Santiago y a su hermano Juan. ¿Para qué? Para que ellos sean esos multiplicadores. Y la acción de Cristo es tan poderosa que, por ejemplo, a fecha de hoy somos mucho más de mil millones de católicos en el mundo.

Pero a veces se ha detenido esa viralidad buena que Cristo quería, esa difusión del bien que Cristo quería, se ha detenido. ¿Y sabes quién la detiene? La detenemos tú y yo. Cuando yo recibo el bien y no lo comparto, cuando yo recibo algo bueno, por ejemplo, ese amor que Dios me tiene, ese perdón que Dios me otorga, cuando yo recibo eso, bueno, pero yo no lo comparto, yo no lo llevo a otras personas. Yo recibí el perdón, pero yo no quiero perdonar. Yo recibí la buena noticia, pero no doy testimonio. Yo recibí la fe, pero dejo la fe únicamente para mí mismo y la escondo. Ahí se destruye lo que Cristo quería. Ahí se destruye esa difusión del bien que es la fuerza misma del Evangelio.

Estamos empezando nuestro año litúrgico, estamos empezando este tiempo que se llama tiempo ordinario, que es tiempo para conocer a Jesús y para darlo a conocer. Y por consiguiente nosotros tenemos que obrar, nosotros tenemos que ir más allá, nosotros tenemos no quedarnos, simplemente recibo y recibo y recibo. No es el momento de recibo y comparto, recibo y doy a conocer, recibo y doy testimonio.

Esa será la viralidad positiva y esa viralidad positiva, que es mucho más fuerte que las redes sociales, es la que marca una diferencia. No solamente en los likes o en el número de suscriptores, sino fundamentalmente en lo que más interesa. Corazones cambiados, vidas transformadas. Gracia de Dios en acción. La gloria y el honor para Él. Amén.

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