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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo llama a sus discípulos para que a partir de lo que son lleguen a ser lo que Dios quiere que sean, lo mismo pasa con nosotros Jesús a partir de lo que somos quiere llevarnos a lo que Dios en su sabiduría y bondad quiere que seamos.
Homilía o011009a, predicada en 20220110, con 4 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Después de la hermosa fiesta del Bautismo del Señor, fiesta con la que concluye el tiempo litúrgico de Navidad. Hoy abrimos otro tiempo litúrgico que se llama el Tiempo ordinario. Me gusta decir que el Tiempo ordinario es el tiempo en el que vamos recorriendo por orden, de una manera ordenada, el ministerio público de Cristo, es decir, lo que Cristo hizo y enseñó en favor de nuestra salvación. Esto significa sus milagros, sus exorcismos y también sus palabras. Eso es lo propio del tiempo ordinario.
Y ¿cómo vive la Iglesia el tiempo ordinario? En primer lugar, lo vive en dos fases. Una primera fase, una primera etapa cortica, va desde este día después del Bautismo del Señor hasta el Miércoles de Ceniza, cuando ya empezará ese dúo potente de Cuaresma y Pascua. El tiempo de Pascua termina con la fiesta de Pentecostés y después de Pentecostés retomamos el Tiempo ordinario. Ahí viene la segunda etapa del Tiempo ordinario, que va desde después de Pentecostés hasta la gran Fiesta y luego la semana de Cristo Rey. Con esa celebración gozosa y gloriosa, termina el Tiempo ordinario y ya viene el siguiente año litúrgico, otra vez con Adviento y Navidad.
Bueno, para las lecturas de entre semana en el Tiempo ordinario, nosotros lo que hacemos es seguir en los Evangelios, seguir la secuencia de lo que nos presentan los Evangelios. Primero Marcos, que es con el que empezamos hoy. Luego Mateo y finalmente Lucas. O sea que al final del año litúrgico. Que Dios nos lo conceda, pues vamos a tener a Lucas.
Pero por ahora empezamos con Marcos. Y Marcos, nos cuenta en el texto de hoy lo que sucede inmediatamente después del Butismo del Señor. Como Cristo, pues, después de las tentaciones, debo decirlo, después de las tentaciones en el desierto, empieza a predicar y llama a sus primeros discípulos.
Y aquí hay algo muy importante para tener en cuenta. Y es que Cristo llama a sus discípulos para que a partir de lo que son, lleguen a ser lo que Dios quiere que sean. Esa frase suena un poco así, profunda ¿no? trascendente. A partir de lo que son, lleguen a ser lo que Dios quiere que sean. ¿Qué eran ellos? pescadores. Pero Dios quería de ellos algo más. Pero algo más a partir de lo que ya eran. Ellos eran pescadores. Y ahora Dios los llama a ser pescadores, pero de hombres. Antes recolectaban de las aguas del mar de Galilea, recolectaban sustento para ellos. Eso era ser pescadores, pescadores de peces. Ahora Cristo los llama para que sigan siendo pescadores, pero pescadores de otra forma, para que de las aguas tormentosas de este mundo, saquen a los pecadores.
Y como comenta uno de los padres de la Iglesia, aquí se da un hermoso contraste, porque al pez cuando lo sacas del agua muere. Mientras que al pecador cuando lo sacas de los engaños del mundo, vive. Y a eso llamó Cristo a sus apóstoles, para que en vez de traerle muerte a los pececitos, le trajeran vida, vida nueva a hombres y mujeres como nosotros. Demos gracias a Dios por este llamado.
Pensemos también que Cristo, a partir de lo que somos, quiere llevarnos a lo que Dios, en su sabiduría y en su bondad, quiere que seamos. Y que la gloria sea siempre para Cristo. Amén.

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