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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La historia de los reyes se entrelaza con la historia del don de la profecía en Israel: ningún poder es genuino sino bajo el poder de Dios.
Homilía o011006a, predicada en 20160111, con 5 min. y 17 seg. 
Transcripción:
Estamos iniciando, hermanos, el Tiempo ordinario. Y para la primera lectura hay una diferencia entre los años pares y los años impares. Los años impares, como fue el año pasado, se empieza el tiempo ordinario con la Carta a los Hebreos y durante varias semanas se hace esa reflexión, se da esa mirada al misterio de Cristo Sacerdote.
En los años pares como es este, se empieza con el primer libro de Samuel. Esta obra es el comienzo de toda una etapa en la historia del pueblo de Dios, porque Samuel va a ser el encargado de elegir de parte de Dios al primer rey que se llamará Saúl. Será el encargado de descartar a Saúl. Que tal vez es uno de los puntos más duros de la vida de Samuel. Y sobre todo Samuel mismo es el encargado de elegir al rey David, que va a ser el rey por antonomasia.
Todavía en tiempo de Jesús, la gente tenía como referencia lo que significa ser rey. El reinado de David. Eso explica por qué cuando le querían hacer un elogio a Jesús, le decían Hijo de David, que es como decir en ti se renuevan los verdaderos y los buenos tiempos.
Así que lo que vamos a encontrar en estos días siguientes para la primera lectura de la Misa son los comienzos de la monarquía en Israel. Pero hay un movimiento paralelo. No se trata solo de ver la historia de unos reyes. El mismo Samuel que tiene ese oficio de encontrar a quién elige Dios para rey. Sigue ejerciendo su propio ministerio, su propio servicio. Y su servicio es servicio de profeta. O sea que la historia de los reyes va en paralelo a la historia de los profetas.
De hecho, en varias ocasiones nos damos cuenta qué es el profeta, es la voz del profeta en la medida en que viene como voz de Dios la que tiene la primacía. Así que no es un simple recuento histórico de cuáles fueron los reyes de Judá o de Israel, sino que es un recorrido por la profecía, por la labor de estos hombres que con gran valor van a mostrar el querer de Dios.
Los profetas nunca abandonan al pueblo de Dios. Es decir, Dios sigue enviando profetas incluso hasta el momento más duro de la historia del Antiguo Testamento, que es en el tiempo del destierro. Esa es la razón por la que tenemos estas lecturas, y esa es la razón por la que resulta tan notable que Dios, superando la esterilidad de Ana, le conceda el primer gran profeta del tiempo de los reyes al pueblo de Israel.
Claro que la frase que acabo de decir no es exacta, porque no es exactamente Dios luchando contra la esterilidad de Ana. Lo que dice dos veces la primera lectura de hoy es, Dios había hecho estéril a Ana, que es un modo hebreo de indicar que esa esterilidad no escapa al plan de Dios. Nada escapa al plan de Dios. Entonces esa esterilidad de Ana es parte del plan que va a mostrar la gloria del mismo Dios.
Esto es bueno saberlo, porque lo mismo que Ana pasó sus malos ratos. A veces uno puede pasar tiempos en que se siente estéril. Y si se para la película ahí, si uno se queda solamente mirando la esterilidad, pues se hunde en su tragedia. Pero si uno inserta ese momento malo dentro de un arco más amplio, dentro de un plan más amplio, que uno no alcanza a ver completo, pero sí uno lleno de fe y confianza en Dios hace esa operación lo mismo que Ana. Uno verá que el fruto de Dios realmente es grande, es bello y es bueno.

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