Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo, al asumir nuestra carne, asumió también nuestra historia.

Homilía o011001a, predicada en 19980112, con 21 min. y 8 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, con la fiesta del bautismo del Señor que celebrábamos ayer, termina el tiempo litúrgico de la Navidad. Tal vez no habría que llamarlo de Navidad solamente, porque en realidad lo que se celebra ahí es la encarnación. Y Dios asume la carne no solo cuando tiene un cuerpo, sino cuando toma sobre sí la historia de ese pueblo al que pertenece. Asumir nuestra carne no fue solamente tener brazos y piernas como nosotros, sino fue entremezclarse, entretejerse con nuestra historia, y así Él se entremezcló se entretejió con la historia del pueblo de Israel. De este modo, Dios estaba cumpliendo las promesas que había hecho a los patriarcas, y de este modo también se preparaba el camino de la salvación, no solo para el pueblo de los patriarcas, sino para todos los pueblos, también para nosotros. Ese asumir nuestra carne tiene su culminación, entonces con la fiesta del bautismo.

Veíamos a Jesús en la celebración de ayer, haciendo fila con los pecadores, reunido con ellos para recibir agua de arrepentimiento, no porque hubiera pecados en Él, sino porque esa agua del Jordán era también el agua de la alianza. En ese Jordán, Josué había hecho o había renovado la alianza de Moisés y esas aguas del Jordán eran un testimonio que gritaba culpa a Israel. Por eso los israelitas le dan voz a esas aguas y reconocen sus culpas, con lo cual se disponen a renovar la alianza. Así pues, cuando Jesucristo va a bautizarse en el Jordán, lo que está haciendo es asumiendo plenamente la carne de su pueblo, asumiendo plenamente la necesidad de Dios que hay en la historia de los hombres. Y por eso ese ciclo de la encarnación termina precisamente con la fiesta del bautismo del Señor.

Hoy se inicia el tiempo llamado ordinario, nombre como hemos comentado en otras ocasiones, es muy inapropiado. Porque lo ordinario suena como de mala calidad o suena como que no tiene nada en especial. Es ordinario. Este es un tiempo ordinario, en realidad, a lo que alude la palabra se expresa mejor con el modo como se anuncia en latín. Es el tiempo durante el año ¿Y durante el año que es lo que hace la Tierra? Darle vueltas al sol. ¿Y qué es lo que hace la Iglesia? Darle las vueltas a Cristo. Este es el tiempo para darle la vuelta a los misterios de Jesucristo. Puede decirse que la liturgia anual de la Iglesia Católica tiene dos ciclos grandes. Uno es el ciclo de la encarnación que comprende Adviento y Navidad, donde celebramos el misterio de amor y de misericordia, por el que el Verbo de Dios asume una carne para luego ofrecerla por nosotros. Y luego hay otro ciclo que es el ciclo de la Pascua, por el cual nosotros nos unimos a Jesucristo para ofrecernos al Padre.

Estos dos ciclos los podemos apoyar en aquellas palabras que Jesús dice en el Evangelio de Juan. Salí del Padre y vine al mundo, ahora dejo el mundo y voy al Padre. Salí del Padre y vengo al mundo. Es el ciclo de Navidad, es el ciclo de la Encarnación. Ahora dejo el mundo y voy al Padre. Es el ciclo de la Pascua. Sin embargo, hay que recordar la expresión de San Pablo que cuando Él sube a los cielos, ya no sube solo, sube con todos nosotros. Sí, vino a nuestra tierra. Sí, se untó de nosotros. Sí, se tejió, se entretejió en nuestra historia. Al levantarse ya no se levanta solo, sino con todo el tejido, con toda la tela, con todo aquello que se le ha unido a él. Y esos somos nosotros, toda la Iglesia. Entonces, en la liturgia de la Iglesia Católica hay esos dos ciclos el de la Encarnación y el de la Pascua. El ciclo de la Pascua comprende el tiempo de Cuaresma y el tiempo llamado Pascual. Pero además de esos dos ciclos, hay muchos otros domingos y mucho otro tiempo durante el año. En todo ese tiempo, durante el año, nosotros ¿Qué hacemos? Lo mismo que hace la Tierra alrededor del Sol. La palabra año viene de una palabra en latín que significa círculo o anillo o vuelta, annus.

Entonces el tiempo durante el año es mientras le damos la vuelta al sol. Pues durante este tiempo nosotros nos vamos a dedicar a recorrer los misterios de Jesucristo, que es nuestro sol. ¿Y cómo le damos la vuelta a los misterios de Cristo? Pues fundamentalmente con el Evangelio. Entonces, ¿Qué es lo que se hace durante el tiempo llamado ordinario o tiempo durante el año? Leer el Evangelio. Eso es lo que se hace. El texto tomado de hoy es precisamente el comienzo del Evangelio según San Marcos, capítulo primero, versículos del catorce al veinte. Leer el Evangelio, meditar el Evangelio. El Evangelio es el camino que la Iglesia recorre dándole la vuelta al misterio de Jesucristo. ¿Por qué empieza en el versículo catorce? Porque los primeros trece versículos lo que nos cuentan es la predicación de Juan Bautista y el bautismo del Señor que ya dijimos. Por qué sirve para culminar el ciclo de la encarnación. De modo, pues, que lo que vamos a hacer durante el año es darle vueltas al misterio de Jesucristo.

Aquí pasa como las mamás con los niños. Mira al niño y mira al niño y mira al niño y lo mira por una parte y por otra parte. Y no se cansa de mirarlo. Le da vueltas. O como la amada con su amado, como la madre con su hijo. Así también la Iglesia le da vueltas a Jesucristo y lo mira por todos los aspectos y lo mira en todos sus misterios y lo escucha en todas sus enseñanzas, y lo alaba en todos sus milagros. Eso es lo que nosotros haremos. Eso explica la lectura del Evangelio. Si hacemos propósito de asistir a la Santa Misa, no solo los domingos, los domingos tienen su propio ritmo. Porque es que la Iglesia, la liturgia de la Iglesia, es muy bonita y cada elemento de la liturgia tiene su propio ritmo. La Iglesia es como esas melodías maravillosas que tienen muchos instrumentos y que tienen muchos ritmos. Así también es la liturgia. La liturgia tiene ritmos diarios como laudes y vísperas, tiene ritmos semanales fundamentalmente en los domingos, tiene ritmos anuales, como estos tiempos litúrgicos.

Entonces ya entendemos por qué en el ritmo anual se lee este Evangelio y hacemos un propósito. Si yo asisto con atención, con provecho, con amor a la Santa Misa, todos los días le voy a dar un recorrido grande a todos los misterios de mi Señor y Salvador Jesucristo. Y la primera lectura ¿De donde sale la primera lectura? Últimamente, tal vez algunos se hayan dado cuenta. Yo procuro comentar estas cosas litúrgicas en la homilía, porque estoy aburrido de ver cómo la gente asiste a la misa como a ver qué sale ahora, quién sabe qué nos irán a leer. ¡Ay, mira! Primer libro de Samuel. Pero da la impresión de que les hubiera dado lo mismo que fuera la Carta de Santiago o el libro de Job, o hubiera sido el Apocalipsis. No. Cada cosa en la liturgia tiene una historia y en ese sentido tiene un significado. Tiene un por qué. La liturgia se parece a una casa. Y en las casas las cosas tienen su lugar porque tienen una historia. Si uno llega, por ejemplo, a la casa de alguien y dice: Hola, esta porquería de porcelana que hace aquí, quitemos esto, votémoslo. Usted no sabe que esa fue la porcelana que le regaló el abuelito Manuel a la abuelita Josefa cuando estaban todavía de novios y cuando le propuso matrimonio, pues es un mamarracho porcelana, no le aquí no se le quita nada a nadie. Si es un mamarracho de porcelana, pero tiene mucho significado para nosotros. Y ese cuadro a ese cuadro lo conseguimos cuando se hizo la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. Y esas flores. Así, cada cosa.

Entonces, a ver, a ver si es que vamos a asistir a la Misa como extraños o como familiares. Nosotros somos familia de Dios. Cómo asistimos nosotros a la liturgia como extraños. Porque cuando yo llego a una casa que no conozco, como cuando soy un extraño, ni sé y probablemente ni me importa por qué pusieron cada cosa en su sitio. Pero si es mi casa, si es mi familia, yo tengo que saber por qué ponen las cosas donde las ponen y qué significado tiene y qué historia hay detrás. Por eso ahí va la segunda cuña, va la segunda propaganda. No solo asistir a la Santa Misa diariamente, sino buscar con provecho las lecturas. Yo he podido comprobar que cuando le pasan a uno los años y uno no le pone cuidado a estas cosas, uno empieza a tener la sensación de que le están leyendo cualquier cosa.

La misa ¿En qué consiste? En que dicen unas oraciones, sacan un libro, leen de alguna parte, repiten lo mismo, consagran, comulgamos y nos vamos con esa idea de misa. Uno empieza a sentir que las lecturas se repiten y uno empieza a sentir que siempre se dice lo mismo. Y ahí empieza a cogerle a uno el sueño en ese momento. ¿Por qué? Porque la repetición causa sueño. ¿Qué hay que hacer para dormir a un niño? Se busca una melodía que sea la, la, la, la, la, la, la, la y se va repitiendo la melodía y así se arrulla. Para arrullar a una persona hay que hacerle repetir lo mismo. Se arrulla y se arrulla a la persona hasta que al fin se queda plácidamente dormida. La persona que no entiende la liturgia está condenada a dormir. Bueno, que no es grave condena. Después de todo, no es la peor de las condenas. Está condenada a aburrirse, a no entender y a dormir. A eso está condenada con todas estas propagandas.

Volvamos a nuestro texto. Ya sabemos por qué el Evangelio, aunque no hemos predicado sobre el Evangelio, sino sobre la liturgia. Y ahora queremos saber por qué esa primera lectura. Resulta que desde el Concilio Vaticano Segundo hubo un propósito muy claro en la Iglesia. Vamos a leer más Biblia. Vamos a escuchar más la Palabra de Dios, más en comparación con lo que se escuchaba antes de este concilio. No quiere decir que antes no se conociera la Biblia, como a veces se dice atropelladamente, injustamente. Vamos a leer más Biblia. Y por eso las lecturas del tiempo ordinario se dividieron en dos, las primeras lecturas. Hay lecturas para el año par y hay lecturas para el año impar. Es decir, hay dos ciclos de lecturas, un ciclo para los años impares y otro para los años pares. En este año, que es par mil novecientos noventa y ocho, se empieza por leer el primer libro de Samuel. Todavía no decimos por qué ese libro, El primer libro de Samuel. Si estuviéramos en año impar, entonces empezaría por leer la carta a los Hebreos. En el tiempo ordinario se lee la carta a los Hebreos. Vea usted en los años impares la carta a los Hebreos y en los años pares se empieza por el primer libro de Samuel. ¿Por qué eso? ¿Qué Introduce el primer libro de Samuel? ¿Quién fue ese Samuel? ¿Qué tendrá de importante ese señor? Resulta que Samuel representa un comienzo dentro de la historia de Israel. Y resulta que la Carta a los Hebreos representa también como un comienzo en la meditación sobre Jesucristo, Samuel, quien fuese Samuel. Ahí se nos va a ir contando en las lecturas de estos días. Samuel es un personaje que se encuentra entre los jueces y los reyes. La historia del pueblo de Israel viene con esta secuencia. Hay unos patriarcas Abraham, Isaac, Jacob. Luego viene toda la epopeya del Éxodo. Moisés y Josué. Después de Josué entran una serie de personajes carismáticos movidos por el Espíritu de Dios para liberar al pueblo de la de las guerrillas, de la oposición, de los problemas con los filisteos. Estos son los jueces. Pero si miramos unos años después se dio un gran cambio. Apareció una institución que se llama La Monarquía. Aparecieron los Reyes, el primero de los cuales Saúl, luego David, en fin.

Estos reyes ocupan una buena porción de la historia de Israel hasta que sucede el acontecimiento terrible del destierro a Babilonia. No se recuperan del destierro, realmente no se recupera la realeza, aunque sí vuelven a su tierra. Luego tenemos el tiempo de los Macabeos en que se lucha contra la dominación helénica y luego, finalmente, la dominación de los romanos, el emperador Augusto y el nacimiento de Cristo. Samuel es importante porque Samuel fue el que hizo el puente entre los jueces y los reyes. Samuel fue el que ungió al primer rey, a Saúl, Samuel fue contado entre los jueces. A Samuel se le llama juez, el último de los jueces. Estos jueces no eran, que tuvieran juzgados, se les llamaba jueces, era porque hacían justicia, porque ponían las cosas en orden, las ponían de acuerdo con el orden, querido por Dios, estos eran los jueces. Entonces Samuel fue uno de estos personajes a los que llamaban jueces, es decir, gente que era tomada por el Espíritu de Dios, que tenía palabras proféticas y que tenía como el poder del Señor para poner en orden las cosas. Estos eran los jueces, pues Samuel fue uno de estos jueces con una característica muy especial, que fue un juez al que le tocó ungir al primer rey. O sea que sacamos esta conclusión.

¿Por qué se lee? ¿Por qué se empieza la lectura del primer libro de Samuel en los años pares? Respuesta Porque Samuel introduce toda una secuencia que la vamos a seguir en este año en la primera lectura, que es la secuencia de la realeza de los Reyes. Como quien dice, vamos a iniciar dos lecturas. La lectura del Evangelio según San Marcos lo vamos a leer de a sorbitos y vamos a tomar la lectura de la realeza, la historia de los reyes de Judá y de Israel. Entonces ahora sabemos mejor qué es lo que vamos a escuchar en la Santa Misa. Si yo voy a asistir a misa entre semana, dice uno, esas se llaman las ferias en la nomenclatura litúrgica. Si yo voy a asistir a la Santa Misa entre semana, lo que me voy a encontrar es una lectura a sorbos del evangelio de Marcos para darle la vuelta a Cristo y una historia de los reyes de Israel. ¿Por qué los reyes son los reyes? Son una porción muy importante del Antiguo Testamento. Todo lo que pasó con los reyes y las enseñanzas que vienen de ahí. Además, Cristo es Rey. Cristo es el gran descendiente de David. O sea que la línea de lectura fundamental, por lo menos al principio, la línea de lectura al principio del año, pares reyes y los reyes y la realeza nos van a ayudar a comprender a Cristo como Rey y como Señor.

Bueno, esa es el año par y el año impar, ¿Porque se empieza con la carta a los Hebreos? Estoy tentado de decirles asistan a misa el próximo año y escucharán una predicación sobre por qué la carta a los Hebreos. Pero como no estoy seguro de que nos veamos con todos. De que nos encontremos otra vez todos. Entonces voy a comentar por qué esto. Resulta que la carta a los Hebreos se lee en el año impar. Haciendo una presentación de Cristo como sacerdote. Este es el gran tema de la Carta a los Hebreos. O sea que fíjate cuál es la belleza que está en esto. Uno empieza a leer el evangelio de Marcos, el evangelio de Marcos siempre comienza el año siempre y nos va a leer enterito o casi completo, el evangelio de Marcos. Luego leeremos unos pasajes de Mateo y luego unos pasajes de Lucas. Los evangelios se leen casi completos en los días de entre semana en la Santa Misa. Y esto es así todos los años. Pero la primera lectura sí cambia en los años impares. Empezamos haciendo énfasis en Cristo Sacerdote y en los años pares hacemos énfasis en Cristo Rey valiéndonos para esto en las lecturas que nos hablan de los reyes de Israel.

Bueno, este es el propósito que tiene la Iglesia con estas lecturas, que nosotros le demos la vuelta a Cristo, que nos asimos de los bienes de su casa, como dice el Salmo que conozcamos a Cristo como Rey y a Cristo como sacerdote. El mismo Cristo que obra en el Evangelio como pastor, como buen Pastor, nos aparece en las lecturas, en las primeras lecturas de los años pares e impares, como rey y como sacerdote. O sea que ¿Sabe usted qué es lo que vamos a recibir? Cristo, grandes dosis de Cristo. Eso es lo que vamos a recibir dosis de Cristo Rey, Cristo, Sacerdote, Cristo Pastor, Cristo, Sol de nuestras vidas. A Él el honor, la alabanza, el poder por los siglos eternos. Amén.

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