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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
María Santísima es Nuestra Señora de los Dolores porque su lucha fue constante. Su vida estuvo marcada por el dolor pero que con el auxilio de Dios se sobrepuso y dio fruto abundantísimo.
Homilía nsdo021a, predicada en 20250915, con 7 min. y 18 seg. 
Transcripción:
El Quince de Septiembre recordamos a la Santísima Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Y hay dos sentidos muy bellos de la expresión Señora de los Dolores, que yo creo que hoy es el día para subrayarlo, hoy es el día para destacarlo. ¿Qué significa ser Señor de algo? Pues puede significar que es algo que te caracteriza y ese es el primer sentido. O puede significar que es algo que tú tienes dominado. Por ejemplo, cuando se dice que Alejandro Magno fue señor de toda Grecia, pues lo que se quiere decir es que logró dominar la Grecia de aquel tiempo. Eso es lo que significa, Señor en ese contexto. Así que cuando nosotros hablamos de la Señora de los Dolores, tenemos esas dos interpretaciones. La primera interpretación es que el dolor caracterizó, impactó la vida de María. El segundo sentido es que María se levantó por encima del dolor y precisamente como auténtica victoria, la estamos saludando hoy. Ambos significados se complementan y ambos hay que tenerlos presentes en esta fiesta de Nuestra Señora de los Dolores.
Veamos con más detenimiento la primera acepción en la primera interpretación. Cuando nosotros decimos que ella es Señora de los Dolores y estamos interpretando esos dolores como una especie de característica suya, como algo que fue muy suyo, pues indudablemente estamos diciendo una gran verdad. Suele recordarse en esta festividad del Quince de Septiembre. Suele recordarse que ella padeció muchas veces y recuerdo un predicador laico ya fallecido, Rafael Arango, que hizo una lista bastante más extensa de los tradicionales siete. Porque se suele hablar de los siete dolores de la Virgen. Y él decía, los dolores de la Virgen fueron muchísimos más. Pero aunque nos quedáramos solo con la lista tradicional de esos siete dolores y te dejo de tarea que los busques en Internet, nos damos cuenta que el dolor realmente acompañó la vida de María, que realmente ella conoció de cerca el dolor. Podemos decir que lo padeció en su propia carne, en su corazón. Podemos decir que sus lágrimas se derramaron con abundancia muchas veces. Podemos decir que la incertidumbre, la incomprensión, la tentación, la persecución nunca estuvieron demasiado lejos de ella. Y no se nos olvide, por no hablar, todas las dificultades que uno tiene en esta tierra.
Además de lo que pueden ver nuestros ojos, está sobre todo la terrible, la espantosa enemistad del enemigo, es decir, el deseo expreso que tiene satanás de destruir todo aquello que pueda parecer inocencia, que pueda parecer verdad, que pueda aparecer bondad, que pueda aparecer pureza. Esas palabras son fuego asqueroso para satanás, porque precisamente esas palabras son triunfos de Dios, que es exactamente lo que el demonio no quiere. Por consiguiente, cuando nosotros hablamos de la Virgen María, estamos hablando de una persona en lucha constante, como se dice en muchos lugares de este país. Es que de verdad no la tuvo fácil, es que no fue fácil para ella, es que su vida estuvo marcada por el dolor. Por supuesto, el punto más duro, más agudo de ese dolor fue la cruz de su propio hijo. Simplemente me quedo sin palabras. Si, hermanos, si ya me faltan palabras para tratar de explicar cómo sufre una madre cuando pierde a un hijo. Pues ahora qué diremos de esta madre que perdió semejante hijo. El dolor caracteriza, el dolor esculpió el corazón de María. Si la carta a los Hebreos nos dice que Cristo nuestro Salvador, aprendió sufriendo a obedecer. Y si Cristo es descrito proféticamente en el profeta Isaías diciendo varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos. Creo que expresiones muy parecidas, por no decir las mismas, tendríamos que decir de María. Y en ese sentido es Nuestra Señora la que ha sido acompañada por el dolor, la que ha sido visitada por el dolor, la que ha sido atenazada y esculpida por el dolor pero no nos quedemos ahí. Ella es Señora de los Dolores.
También en ese otro sentido que es lindísimo. Y ese otro sentido es victoriosa sobre el dolor. Aquella que con el auxilio de Dios se sobrepone al dolor. Y hay un ejemplo que lo he dado varias veces y que permítanme que lo repita aquí. Ese ejemplo precioso es el contraste entre la cruz y Pentecostés. Porque sabemos que María Santísima en la Cruz se dio cuenta de la traición de los discípulos, se dio cuenta de la ausencia de los apóstoles, se dio cuenta de cómo la cobardía y el miedo triunfaron sobre los corazones de ellos. Pero unas pocas páginas después qué nos dice la Biblia. Que está ella y está orando y está orando ¿con quiénes y a favor de quiénes está orando? Con los apóstoles y a favor de los apóstoles para que reciban el Espíritu Santo. Y esto es lo que antecede inmediatamente al milagro de Pentecostés. Entonces, date cuenta cómo María Santísima, Bendita sea, Bendita sea, ¡Es Señora del dolor! Es decir, se levanta por encima del dolor. El dolor no logró volver amargo, un corazón tan puro y tan dulce como el de ella. El dolor no logró ensuciar un corazón tan puro, un corazón prístino y bello como el de ella. El dolor no pudo contra ella. Ella venció el dolor y por eso la saludamos con amor, diciendo Tú eres Nuestra Señora de los Dolores.

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