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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los católicos no celebramos el dolor por el dolor, lo que nos atrae y celebramos es el amor que se manifiesta en la capacidad de sufrir.
Homilía nsdo018a, predicada en 20210915, con 4 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Hace poco alguien me escribía en los comentarios de los videos de YouTube. Me escribía en un tono bastante desafiante y yo diría grosero, hablando mal del Dios cristiano, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Sobre todo por aquello del sufrimiento del Señor. Y más o menos refiriéndose a Dios como una especie de torturador de ese tamaño era la blasfemia. Estoy mencionando esto porque el Quince de Septiembre nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a Nuestra Señora de los Dolores. Así la llamamos Nuestra Señora de los Dolores. La Dolorosa es una manera de referirnos a la Virgen María en el tránsito más duro, más terrible, por encima de toda ponderación, es decir, al tiempo de la pasión de su hijo, con todo lo que esto trajo de dolor, de padecimiento a ella misma.
Y como ya hemos dicho en otras ocasiones, creo que es indispensable en este momento decirlo. Nosotros no celebramos el dolor por el dolor, ni en Cristo, ni en María Santísima, ni en los mártires, ni en los demás santos. Nosotros no somos entusiastas del dolor. No es el dolor el que nos cautiva, el que nos atrae o el que nos admira. Más bien, lo que nos admira, lo que nos atrae, lo que celebramos es el amor que se manifiesta en la capacidad de sufrir. ¿Por qué, por ejemplo, en tantos países se recuerdan los grandes héroes, por ejemplo, héroes de la independencia? ¿Por qué? No es porque estuvieron muy cómodos en sus casas, conversando con sus amigos y pasándola bien. Si hay una razón para recordar a esos próceres es porque se sacrificaron, porque sacrificaron su dinero, su salud, su cuerpo. Muchos de ellos son conocidos incluso como mártires de la patria. Es decir, que es el sufrimiento lo que nos llama la atención de ellos, pero no el sufrimiento para celebrar que sufrieron, sino el sufrimiento para proclamar que la causa a la que se entregaban era sincera y la tenían profundamente grabada en el alma, ese es el mismo Espíritu pero mucho más alto con el que nosotros recordamos a los mártires.
San Bernardo de Claraval no duda en llamar a María Santísima mártir en el Espíritu, porque no faltó nada a su entrega, no faltó nada a su dolor, no hubo rincón de su alma que no padeciera. No hubo nada en su corazón que quedará libre de la espada del dolor. Pero en ese padecer vemos la ofrenda que ella hace, ofrenda de amor. Ofrenda de amor y de unión con la voluntad de Dios. Ofrenda de amor y de perdón hacia aquellos que le dieron la espalda a su Hijo. Ofrenda de amor con el que ella une sus lágrimas a la intercesión del Señor. Y su propia compasión a la inmensa misericordia de Cristo. Eso es lo que celebramos cuando recordamos a Nuestra Señora de los Dolores.

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