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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la Dolorosa vemos una flecha que apunta hacia el corazón de Cristo, la unión de su sufrimiento con la de su Hijo es una indicación del camino por el que somos salvos.

Homilía nsdo014a, predicada en 20180915, con 5 min. y 29 seg.

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Transcripción:

El Quince de Septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a la Virgen Santísima en el misterio de su dolor junto a la cruz. Popularmente llamamos a esta memoria litúrgica Nuestra Señora de los Dolores o también es ocasión de hablar de la Dolorosa. La Dolorosa es María. María junto a la Cruz. Creo que es oportuno preguntarnos por qué tenemos esta celebración. O sea, la cruz de Cristo es una tragedia. Y que una mamá tenga que presenciar impotente, semejante crueldad, semejante tragedia. ¿Qué tiene de litúrgico? ¿Qué hay en ese acontecimiento que sea digno de un recuerdo agradecido y de un recuerdo propio de nuestra liturgia? Esa es la pregunta que nos hacemos.

Inmediatamente nos damos cuenta que esa pregunta refluye sobre el misterio mismo de la cruz. Es el misterio de la cruz del Señor el que realmente nos cuestiona. ¿Por qué nosotros levantamos así la cruz? ¿Por qué la veneramos? ¿Por qué incluso en Semana Santa hay un gesto litúrgico, un momento litúrgico que se llama adoración de la Santa Cruz? que por supuesto es adoración del Crucificado. ¿Cuál es el sentido? ¿Por qué tiene importancia esa cruz? Lo que quiero decir es que todo lo que nosotros hablemos del dolor de María Santísima sólo adquiere sentido si lo conectamos con el dolor del Crucificado y con el misterio de la Cruz. Y si nosotros nos acercamos al misterio de la Cruz, encontramos que no solamente hay dolor, no solamente hay sangre. De hecho, las llagas de nuestro Señor Jesucristo son al mismo tiempo la expresión de la crueldad. La crueldad de nosotros, seres humanos pecadores, pero también expresión de la misericordia de Dios. Porque las manos que han preferido padecer antes que castigar, son manos que nos están invitando al abrazo del amor de Dios. Y por eso lo que nosotros celebramos gozosos en la cruz es el amor. Amor hasta el extremo, amor que no se mide, amor que no calcula. Eso es lo que nosotros celebramos en la Cruz. Es decir, que cada vez que nosotros levantamos la cruz, lo que estamos diciendo es, yo he sido amado hasta el extremo.

En eso seguimos el ejemplo de un San Pablo, por ejemplo, que en el Capítulo Segundo de la Carta a los Gálatas dice refiriéndose a Cristo me amó y se entregó por mí, eso es lo que nosotros decimos. Levantar la cruz o trazarnos la señal de la cruz ¿Qué es? Es decir, me amó y se entregó por mí. Por eso amamos la cruz, porque es la expresión máxima, perfecta, sin límite de lo que quiere decir ese amor. Con esa claridad nos damos cuenta que cada persona que se asocia a esa manera de amar, de algún modo es una página del Evangelio. Es como una glosa santa, un comentario santo del Evangelio. Esto se nota especialmente en los mártires. Cuando una persona se entrega, incluso hasta las llamas, se entrega a las fieras, se entrega a la crueldad de los azotes por dar testimonio de la fe. La fe que salva al mundo está dando un supremo sublime testimonio de amor a Dios. Pero también está dando un supremo y sublime testimonio de amor a nosotros. Porque la fe que se afianza en medio de esta tierra es faro y fortaleza para todos nosotros. Entonces, entendemos que cada persona que se asocia y vive el misterio de la cruz está irradiando ese mismo amor y está en cierto sentido, ayudándonos a ver ese mismo misterio. Y de eso es de lo que se trata.

Entonces, ¿Qué es lo que nosotros recordamos y celebramos en la Dolorosa? ¿Qué es lo que vemos en ella? Vemos una flecha que apunta hacia el corazón de Cristo, el sufrimiento de ella. La unión de su sufrimiento con el de su Hijo no es otra cosa sino una indicación de cuál es el camino por el que nosotros podemos ser salvos. Y por eso, porque hay personas que se han asociado así a Cristo, y porque entre todas ellas brilla particularmente la Virgen. Por eso celebramos a Nuestra Señora de los Dolores.

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