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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo con su sangre y la Virgen María con sus lágrimas nos muestran que la vida cristiana es de participación en la cruz y que el dolor no derrumba nuestra fe sino que la hace madurar.
Homilía nsdo012a, predicada en 20160915, con 6 min. y 52 seg. 
Transcripción:
El Quince de Septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a la Santísima Virgen María en la memoria que conocemos como Nuestra Señora de los Dolores. Esta celebración litúrgica tiene particular resonancia en aquellos países, que son muchos, que celebran el día Catorce de Septiembre la exaltación de la Santa Cruz. Es entonces evidente en esos lugares la relación que hay entre el misterio de la cruz de Jesucristo y la participación de la cruz que tiene María, a quien llamamos Nuestra Señora de los Dolores. Pero también en otros lugares, también en otros países donde no tenemos esa coincidencia de fechas. Esta es una buena oportunidad para volver nuestra mirada hacia la Santa Virgen María. Tres lecciones podemos tomar de esta celebración que es sobria y tal vez por eso mismo, tan hermosa.
La primera lección es la lección de la solidaridad, la lección de la cercanía. Como hemos comentado en otras oportunidades, son muchas las mujeres que han vivido o que están viviendo esta clase de dolor. Me impresionó muchísimo el testimonio de una mamá cristiana y católica en Nigeria, donde ha actuado con tanta violencia, con tanta agresividad el fundamentalismo islámico, con una predilección por el secuestro a niñas, a menores de edad. No contentos con estos secuestros, los fundamentalistas islámicos de Boko Haram han también atacado iglesias, iglesias de cristianos protestantes y también iglesias de cristianos católicos. Decía en una entrevista una señora nigeriana. Cuando vamos a Misa el Domingo tengo que preparar a mis hijos porque no sabemos si vamos a volver a casa. Es decir, mira el drama que vive esta mamá y si eres madre, o mejor dicho, si hay algo de humanidad en ti, por favor entiende lo que están viviendo estas personas. Muchas de estas madres han visto cómo sus hijos son torturados, han visto cómo sus hijos son decapitados, han visto cómo sus hijos son torturados y asesinados. Estos son dramas que no deben salir de nuestro corazón y de nuestras intenciones. Son cosas que suceden en Nigeria, que suceden en Irak, que suceden en Siria y aún en otros lugares, con algo menos de ruido. Pero no se nos olvide que las persecuciones a los cristianos no han desaparecido del todo en Asia, especialmente en los países de corte comunista. Entonces, esta fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos invita a levantarnos por encima de esa hipersensibilidad que tenemos para todo lo que a nosotros nos talla o nos molesta. Lo que a nosotros nos incomoda, nos talla, nos duele, lo sentimos gigantesco y se nos olvida que hay muchas personas que están sufriendo en tono mayor y de un modo continuo por ejemplo, en Siria, en Irak, en Nigeria o en Kenia. Esa es la primera lección.
La segunda lección la podemos llamar el despertador. Es un despertador ¿por qué? es un despertador, porque nos está indicando que el dolor, con toda su violencia, no puede aplastar la fe obstinada de una mujer como la Virgen Santísima. Observemos que en la Pasión de Cristo todo tipo de insultos, toda clase de improperios, todo tipo de blasfemias, se lanzan contra el Hijo de Dios. Y sin embargo, Él permanece, como dice el Apóstol San Pedro, como Cordero llevado al matadero. Humilde, manso, orante. Digna Madre de su Hijo, esa es también Nuestra Señora. Es decir, el odio rodeó a Cristo, pero no fue capaz de entrar en Él. El odio rodeó a María, pero no fue capaz de vencer la pureza, la humildad y la fe de ese corazón. Y este es un despertador para nosotros. Esto tiene que hacernos pensar cuál es nuestra reacción. Porque yo en vida he encontrado a muchas personas que cuando les llega un problema les llega un dolor. ¿Dónde está Dios? Ya no se puede creer en Dios. ¿Cuál Dios? Dios me dejó solo. No será que nos hace falta madurar mucho en la fe, antes de lanzar esa clase de expresiones. Así que ahí también hay una lección.
Y en tercer lugar, esta fiesta, esta memoria de Nuestra Señora de los Dolores nos enseña que el camino de la elección siempre es un camino de participación en la cruz de Cristo. Es muy fácil entrar en una lista de los elogios, los privilegios que recibió María por su vocación particular, su virginidad perpetua, su impecabilidad, su inmaculada concepción. Pero eso tiene también un precio que se llama participación en la cruz de Cristo. Y esto en nuestro corazón tiene algo que decir. ¿No fue Cristo también el que nos dijo? El que no toma su cruz cada día, no puede ser discípulo mío. Hoy, en muchos lugares, en muchas predicaciones, en demasiadas iglesias, se esconde el misterio de la cruz. Hoy muchos pretenden vender una especie de cristianismo light, un cristianismo tan suave, tan suave, pero tan suave, que en realidad esconde el misterio de la cruz. Ahí está María con sus lágrimas, ahí está Cristo con su sangre, para mostrar que la vida cristiana no es simplemente un programa de mejoramiento continuo o una terapia de superación personal. Qué bueno que llegue esta celebración a nuestro corazón y que dé su fruto en nosotros.

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