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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Busquemos a la Virgen María en los momentos más difíciles de nuestra vida y pidamos su intercesión para permanecer firmes en la fe y fidelidad a Dios.
Homilía nsdo011a, predicada en 20150915, con 4 min. y 32 seg. 
Transcripción:
El quince de septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a la Santísima Virgen María en el misterio de su dolor junto a la Cruz. El nombre popular que tiene esta celebración es Nuestra Señora de los Dolores. Tiene mucho más sentido esta celebración en esta fecha, en aquellos países en los que el catorce de septiembre se celebra la exaltación de la Santa Cruz. En la mayor parte de Europa, entiendo yo, es lo que sucede. De modo que con la celebración de la Santa Cruz, el catorce, pues queda como una especie de prolongación, como una especie de hermoso eco, celebrar a Nuestra Señora de los Dolores el día quince. En otros países la Exaltación de la Santa Cruz se celebra el día tres de mayo. Es lo que sucede, por ejemplo, en Colombia. Y sin embargo, la celebración de Nuestra Señora de los Dolores para todos. No importa en qué lugar nos encontremos. Tiene un sentido muy, muy profundo. Debo confesarles que desde hace años, cuando se acerca la celebración de algún santo o alguna memoria o fiesta de la Virgen, un ejercicio mental que me gusta es preguntarme cómo capturar, cómo captar el sentido de la fiesta. Quizás describiéndola con otras palabras. Por ejemplo, cuando celebramos la Navidad, de algún modo estamos celebrando el cumpleaños de Cristo. Puede sonar un poco superficial, pero es un modo interesante de ver las cosas. Porque si nosotros celebramos nuestros cumpleaños, pues qué interesante acercarnos a la Navidad diciendo que es el cumpleaños de Cristo. Otro ejemplo cuando hablamos de Pentecostés estamos celebrando la efusión del Espíritu Santo, pero también es propiamente la fecha de nacimiento de la Iglesia. Entonces, el día de Pentecostés estamos celebrando el misterio de la Iglesia que nace, que nace y que renace por la fuerza del Espíritu. Esa clase de ejercicio, ese buscar quizás un enfoque distinto, una perspectiva diferente, nos hace mucho bien. Nos ayuda a saborear los misterios de nuestra fe. En el caso de Nuestra Señora de los Dolores, hay varios apelativos que podríamos utilizar. Qué tal, por ejemplo, Nuestra Señora de la Fe Inmensa, Nuestra Señora de la Fortaleza Invencible, Nuestra Señora de la Esperanza sin Límites, Nuestra Señora consolada y Consoladora, Nuestra Señora Madre de la Iglesia. Sí, yo sé que hay otro día en donde se puede celebrar a María, Madre de la Iglesia. Pero ahí, al pie de la cruz, especialmente cuando contemplamos el costado abierto de nuestro Señor Jesucristo. Ahí tenemos ocasión para reflexionar en que María está como dando a luz a todo el pueblo cristiano, sobre todo cuando caemos en cuenta que fue ahí junto a la cruz donde nuestro Señor le dijo al evangelista Juan y en persona suya, a todos nosotros: ahí tienes a tu madre. Así que Nuestra Señora, Madre de la Iglesia es Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora de la Fe inmensa y de la esperanza sin límites, y del consuelo que consuela, esa es ella, la que está ahí junto a la cruz. Pero sobre todo, ella es la del amor, la del inmenso amor, la del inconmensurable amor. Esa es María. Bendito sea su nombre, bendita su presencia en nuestras vidas y que Ella nos enseñe a permanecer firmes en la fe, incluso en las horas de crisis y tentación.

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