Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ante la fe el dolor no es mudo ni estéril.

Homilía nsdo010a, predicada en 20140915, con 6 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la memoria de Nuestra Señora la Virgen María, en su dolor junto a la cruz, trae numerosas enseñanzas que son útiles a la hora de evangelizar. Podemos decir que evangelizar es visitar con la Pascua de Jesucristo la vida humana. Y como la vida humana tiene distintas áreas, entonces la evangelización también tiene distintas tareas. Por ejemplo, es necesario evangelizar la inteligencia. Eso es lo que se quiere con la teología, la evangelización de la inteligencia. Hay que evangelizar distintas regiones del planeta porque tienen también distintas expresiones de humanidad, distintas culturas, y nosotros somos enviados por el Señor Jesucristo para ir a esos distintos modos de ser humano y allí hacer presente la gracia de Cristo.

Me parece que esta memoria de Nuestra Señora de los Dolores la podemos leer también en esa clave de evangelización. El sufrimiento es una realidad profundamente humana. Una realidad que entonces hay que visitar con la luz y con la gracia del Evangelio. Lamentablemente es una realidad de la que tratamos de apartar nuestros ojos. A veces nos imaginamos que todo dolor se va a poder solucionar con alguna pastilla, algún calmante, alguna terapia o algún aparato. Intentamos vivir distraídos, ajenos al dolor, como si el dolor fuera simplemente un estorbo del que hay que deshacerse. La Biblia tiene una visión muy distinta sobre el dolor. La experiencia de los grandes hombres en todas las culturas es distinta cuando se trata del dolor y especialmente nuestros santos. Y en ellos brilla la Virgen María. Tienen una mirada diferente sobre el dolor. El Papa, recientemente canonizado, Juan Pablo Segundo, tiene toda una carta sobre el tema del dolor. Cómo el dolor es salvífico y por eso es importante prepararse para evangelizar también esa realidad humana.

No debemos preocuparnos solamente de llevar entusiasmo o de llevar alegría. Eso está muy bien, pero hay ocasiones en que ese entusiasmo no va a ser tan sencillo frente a la persona que gime por el hijo que ha perdido, frente aquel que tiene por delante una enfermedad terminal en su último desarrollo y en tantas otras ocasiones, las cosas no se solucionan simplemente con diciendo con aquella expresión mexicana que me gusta tanto échele ganas y vamos para adelante y no te preocupes y vamos y ánimo. No, no, no basta eso, se necesita algo más profundo. Y en ese sentido, esta fiesta litúrgica de Nuestra Señora, la Virgen María, nos ayuda a percibir que el dolor es una realidad profunda, que tiene que ser afrontada con fe, pero que también tiene su propia fecundidad, como lo muestra especialmente el texto del Evangelio escuchado.

Recordemos, para terminar algunos de los bienes que destaca el Papa Juan Pablo y otros autores sobre el sufrimiento, de modo que tengamos algunas herramientas a la hora de evangelizar también a aquellos que están sufriendo. Evidentemente, el dolor nos recuerda nuestra condición de criaturas. Lo más humano con respecto al sufrimiento es tratar de quitárselo de encima. Pero a veces no podemos. Esa misma impotencia, aunque es desagradable, tiene un dato teológico fundamental: Somos criaturas, no somos, no somos Dios. El recordatorio de esa dependencia creatural es también una fuente de una humildad profunda, si se sabe mirar. El dolor es una escuela, como lo recuerda la primera lectura de la Carta a los Hebreos nos dice que Cristo aprendió sufriendo a obedecer. Y nos damos cuenta de que cuando una vida humana está rodeada de demasiado aplauso y mimo y capricho normalmente tenemos a una persona con una capacidad de comprensión y con una capacidad de análisis mínima.

El sufrimiento nos obliga a entrar en la entraña profunda de lo que es la existencia y nos plantea las preguntas más serias. Por ejemplo, ¿el porqué mismo de la vida? Así que el dolor también da profundidad y da madurez. El dolor usualmente nos hace misericordiosos. Cuando hemos pasado por el sufrimiento, miramos de otro modo al que está sufriendo y de ahí brota también la solidaridad. No es casualidad que tantas personas que sufren son capaces de asociarse con otros, de entender a otros y de apoyar a otros. Pero el mensaje más profundo quizás es que si el dolor se une a la Pascua de Cristo, se cumple lo que dijo San Pablo: Si sufrimos con él, reinaremos con él. Ese dolor que se vuelve fecundo para esta tierra se vuelve cosecha de vida eterna si está unido a aquel que venció al dolor y a la muerte. Cristo nuestro Señor, a quien sea la gloria.

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