Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El dolor de la Virgen es expresión de la fusión de su amor con el amor de su Hijo, redentor del mundo.

Homilía nsdo009a, predicada en 20140915, con 4 min. y 50 seg.

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Transcripción:

El quince de septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda el dolor, el sufrimiento, la inmolación de María Santísima. El nombre popular que tiene esta celebración es Nuestra Señora de los Dolores y a veces se utiliza también la expresión la Dolorosa, la Virgen Dolorosa. Creo que hay tres puntos muy sencillos, muy concretos, que podemos reflexionar en esta fiesta. En primer lugar, la unión entre Jesucristo y su Santísima Madre, el momento supremo del dolor de Cristo es la cruz. El momento supremo del dolor de María es la cruz. La cruz, con toda su crudeza y con toda su dureza, es el lazo máximo de unión entre la misión de Cristo Redentor y la misión de María, a la que la Iglesia, precisamente por ese momento, se atreve a llamar corredentora.

Esta unión de los corazones de Jesús y María es tan profunda que dice San Juan Eudes: formaron un solo corazón que palpitó por la salvación del mundo. Estamos también llamados nosotros a unirnos a esa solicitud amorosa, a esa generosidad de Jesucristo. Y hay gente que lo ha vivido. Digo, además de la Santísima Virgen, recordemos el caso del apóstol San Pablo, que dice: que nadie en las comunidades que él conoce, nadie que esté sufriendo lo deja él, indiferente. ¿Quien sufre, quien tiembla sin que yo esté en ascuas? Dice el apóstol Pablo. De esa manera hermosa está indicando que le interesa, que le preocupa, que sufre por la salvación de todos. Es decir, que su corazón ha aprendido a palpitar al ritmo del corazón de Cristo. Este es el primer elemento en esta fiesta.

Segundo elemento, démonos cuenta que la razón de nuestra admiración por la cruz de Cristo no es una idolatría del dolor. No es el dolorismo lo nuestro como cristianos, lo que nosotros festejamos, lo que nosotros aclamamos no es el dolor, es el amor. Esto vale para Jesús, como dice bellamente Santa Catalina de Siena: Los clavos no hubieran sido suficientes para mantenerlo retenido en la cruz. Es el amor el que lo tiene apegado a ese altar de sacrificio en donde se demuestra la gravedad del pecado. Altar en el que se demuestra sobre todo la magnificencia y la generosidad de Dios Padre. Así que el dolor no es sino una puerta de entrada, no es sino una rendija para ver el gran misterio del amor.

Y el tercer punto, que por favor, no se nos olviden los crucificados de hoy. Y así como recordamos a los que están padeciendo, sobre todo padeciendo por dar testimonio de su fe. No olvidemos a aquellas mujeres que, asociadas al drama de sus propios hijos, por muchas razones y de muchas maneras, sufren por todas ellas por las que sufren, especialmente transmitiendo el don de la fe. Por todas ellas hacemos una intención en este día. ¿Cuántas veces la maternidad es sinónimo de un maltrato y de un desprecio? Fíjate que incluso laboralmente, cuando una mujer tiene que decir bueno, yo que soy, pues yo soy ama de casa, casi tiene que decirlo como pidiendo disculpas. No tendría que ser así. Si te has consagrado completamente a una familia, a unos hijos, eres verdadera heroína de nuestra sociedad. Pero la sociedad no lo reconoce.

Que en este día una madre, la Madre Dolorosa, la Virgen de los Dolores, nos recuerde la dignidad y la bendición de tantas madres. Amén.

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