Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores celebramos el amor que se entrega sin reservas, en Dios y para su gloria.

Homilía nsdo007a, predicada en 20120915, con 5 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Qué gran contraste entre los meses de agosto y septiembre. Si hablamos de las Fiestas de la Virgen, el quince de agosto tuvimos la solemnidad de la Asunción de María. Un mes después, el quince de septiembre, tenemos la celebración de Nuestra Señora de los Dolores. Yo sé que resulta chocante unir en una misma frase celebración y dolor. ¿Qué se puede celebrar cuando el dolor parece imponerse de un modo tan cruel, tan salvaje, sobre el corazón de una mujer que es esposa y madre? ¿Qué estamos celebrando? ¿Por qué utilizar esa palabra? Yo creo que para dar una respuesta hay que mirar lo que fue la vida de María. La vida de María fue una entrega permanente al plan de Dios y en ese sentido ella está ofreciéndose una y otra vez a Dios, pero es también entrega en otro sentido. Es la entrega de su Hijo a nosotros desde la noche misma del nacimiento, desde esa preciosa Navidad.

Ese niño no es solamente de ella. Pronto asoman los pastores y sabemos que los pastores eran la gente más despreciada de aquella época. Por dar solamente un ejemplo, cuando Jesé, el papá del rey David, recibió la visita del profeta Samuel que le dijo: Uno de tus hijos lo ha escogido Dios para rey, Jesé le presentó sus siete hijos y Samuel tuvo que decir que a ninguno de éstos lo ha elegido el Señor. ¿No queda otro? Y solo en ese momento Jesé dice: ¡Ah, sí! queda otro, el pastor. Ese pastor ni siquiera lo contaba entre los hijos. Y sin embargo, a ese pastor había elegido el Señor para que fuera el rey de su pueblo. Esta es una manera de mostrar lo poco que contaban los pastores en aquella sociedad. Y esa gente, esos pastores, son los primeros que se acercan en la noche misma del nacimiento. Es decir, que María, ya desde el parto, está dando a los demás a su hijo.

También podemos recordar una escena de San Lucas cuando Jesús va llegando a lo que en esa época era la mayoría de edad, que no era a los dieciocho años, sino a los doce, porque a partir de los doce el niño casi no dependía de la mamá, sino que era simplemente aprendiz del trabajo del papá y ya estaba más en el mundo de los adultos. A los doce años, María, una vez más, ve que ese hijo es mucho más independiente de lo que parece. Ese hijo se pierde en largas conversaciones que quizás ella misma no alcanzaba a entender. Conversaciones y discusiones con los doctores de la ley. Y ahí está su niño, pero entregado a su tarea. ¿Y qué responde Jesús? Tengo que ocuparme de las cosas de mi padre. Una nueva oportunidad para que María, del tesoro de su corazón, de su amor y de sus entrañas, entregue a Jesús. Y luego empieza la predicación de Juan Bautista. Juan empieza a predicar a orillas del Jordán el bautismo de conversión, y un día no sabemos qué día, Jesús va a ese bautismo. En ese momento ya no estaba José. La tradición de los padres de la Iglesia es unánime en el sentido de que José debió morir en algún momento durante los años de juventud de Cristo. Y entonces, ¿cómo queda ella? esa es otra entrega. Y luego, cuando la gente le critica al hijo porque dicen que se ha vuelto loco y ese hijo queda allá entregado a cumplir la voluntad del Padre, y dice: Esta es mi madre y estos son mis hermanos. Es una nueva entrega. Ahora ya sabemos lo que estamos celebrando en Nuestra Señora de los Dolores.

Estamos celebrando el amor de una Madre que entrega. Es el amor lo que estamos celebrando. Pero claro, el que ama de esa manera tiene que gustar también del cáliz de Cristo. Y eso fue lo que le pasó a María. Pero qué hermoso beber de ese cáliz para que se cumpla lo que dijo Pablo: Si sufrimos con Cristo, reinaremos también con Él.

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