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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús hoy nos manifiesta su amor liberándonos del poder de las tinieblas, al sanarnos, al perdonarnos en el sacramento de la reconciliación y al guiarnos con su enseñanza.
Homilía nde3022a, predicada en 20250108, con 5 min. y 38 seg. 
Transcripción:
La primera carta de Juan nos acompaña en el tiempo litúrgico de Navidad, estamos en la última semana de este tiempo litúrgico que es el más corto de todos, pero que nos deja un dulce sabor de amor en la boca, porque es grande lo que hemos presenciado, es grande ver al Dios encarnado. Y con motivo de esta proclamación del amor divino en nuestras vidas, pues la Iglesia ha escogido la primera carta de Juan como texto que nos va acompañando.
Hoy quiero detenerme en aquella frase que aparece en la lectura de hoy: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él». ¿Cómo conoce uno el amor que Dios le tiene? Yo creo que esta es una pregunta vital hoy, porque hay muchas personas que no se sienten amadas, no se sienten amadas ni por sus familias ni por sus amigos, no se sienten amadas por Dios. Y resulta que el primero de los amores y el que sirve realmente de fundamento a todo lo demás, es el amor de Dios. Es gravísimo no sentirse uno amado por Dios, es muy triste. ¿Cómo puede uno sentirse amado por Dios? Pues, la carne de nuestro Señor Jesucristo, es decir, su realidad corporal, nos enseña cómo mostró el amor, cómo mostró Él el amor.
Cristo mostró el amor liberando, sanando, perdonando y enseñando, te aprendiste los 4 verbos. Cristo mostró el amor de estas 4 maneras liberando, sanando, perdonando, enseñando. Eso que hizo Cristo en aquel tiempo, sigue siendo válido hoy. Es decir, que la persona que experimenta liberación, liberación fundamentalmente del poder de las tinieblas, la persona que experimenta liberación es una persona que, es una persona que conoce del amor de Dios. Tal vez algunos de ustedes no hayan tenido esa experiencia, pero es muy hermoso ver a una persona cuando se rompe una cadena, una cadena de pecado o una cadena de brujería o una cadena de superstición, es muy hermoso, muy hermoso.
Yo lo he vivido, sobre todo en la Renovación Carismática Católica. Yo recuerdo, por ejemplo, un gran predicador carismático, un sacerdote muy bueno que invitaba a la gente en los congresos, les decía: Mire, todos esos amuletos y todas esas porquerías que ustedes tienen, vengan aquí, vengan aquí, deposítenlo aquí. Y uno dice, bueno, pero ¿qué va a depositar la gente? Pues había una cantidad de gente que tenía pulseritas con el ojo mágico, había una cantidad de gente que tenía que paticas de conejo, otras personas tenían ahí unas medallas, pero no medallas de santos, sino medallas conjuradas.
Y así, es que esto lo vi yo con mis ojos, y es muy bello ver cómo la gente se desprende de eso. Y después de que se hizo una especie de pequeña pila con toda esa basura de brujería y de superstición. Oiga, viera usted cómo se levanta en alabanza esa asamblea. Viera usted a la gente bendiciendo a Dios con todo el corazón, están experimentando el amor de Dios.
¿Qué más dijimos? La persona que es sanada. Ah, eso también me ha tocado a mí. Yo, por ejemplo, tuve la oportunidad de concelebrar con este gran sacerdote del que tengo los mejores recuerdos, el padre Emiliano Tardif, dotado por Dios de un gran carisma de sanación. Y usted viera el rostro de las personas y viera cómo la gente se siente amada y la persona que es perdonada, eso es algo muy bello. Y eso sí que me ha tocado más de cerca, porque uno como sacerdote, uno administra el sacramento de la reconciliación y en el sacramento de la reconciliación las lágrimas de gozo que yo he visto son impresionantes.
Me acuerdo, por ejemplo, en una misión hace unos meses se confesaban muchas personas. Una persona que se confesó es una persona con una durísima, muy fuerte tendencia homosexual y está batallando con eso, este hombre estaba batallando con eso. Pero ver a este hombre con esa confianza de decir: Yo quiero salir de esto. Y confesar su pecado y viera la manera como le brillan los ojos, viera el abrazo de paz y la serenidad que expresa, ese hombre se ha sentido amado, se ha sentido amado, eso es lo que hace Cristo.
Y cuando Cristo nos enseña, cuando Cristo nos aclara las cosas, cuando uno dice: Yo nunca había entendido esto, pero, ahora lo estoy entendiendo. Ese es Cristo, eso es lo que Cristo hace, esa es la manera como Cristo manifiesta el amor. O sea que hoy, escúchame bien, también hoy se puede experimentar perfectamente el amor de Jesucristo, y nosotros podemos repetir con la primera lectura: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él».

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