Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestro tiempo habla mucho de "transparencia" pero a la vez queremos oír sólo lo que nos agrada; en algún momento hay que escoger entre verdad y comodidad.

Homilía nde3015a, predicada en 20160106, con 7 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Esta es una de las varias ocasiones en que la Escritura presenta las limitaciones de los discípulos, esa tremenda honestidad de la Biblia es una verdadera lección para nosotros. Esa palabra que se utiliza tanto hoy, transparencia, podemos decir que es una de las características de los relatos bíblicos. La transparencia que, entre otras cosas, significa no agrandar, pero tampoco achicar ni esconder los defectos que son tan evidentes. Hoy, por ejemplo, termina el pasaje del Evangelio diciendo: «Eran torpes para entender». Esto no significa disminuirlos, no significa insultarlos, no significa cambiar la realidad, simplemente se está reconociendo un hecho, eran torpes para entender.

En otra ocasión Cristo les habla de un modo metafórico: «Cuídense de la levadura de los fariseos», y esta gente lo interpreta en términos estomacales: Lo dice porque se nos olvidó traer pan. Y Cristo, claramente disgustado, les dice: «¿Hasta cuándo tendré que soportaros?». Lo último que deseo mencionar en esta dirección, pero hay más ejemplos es en los discípulos de Emaús, como les dice, con un lenguaje fuerte: «¡Qué torpes sois para entender lo que dicen las Escrituras!». Esto es transparencia, pero esto también nos indica de qué modo y con qué lucidez quiere tratar Cristo nuestra propia vida.

Hay una pésima costumbre que se está introduciendo en algunas universidades, propiamente en el nivel de college, en Estados Unidos, esa pésima costumbre es que, por decirlo de alguna manera, declaran un cierto espacio de la universidad como lo que ellos llaman un espacio seguro, safe space. Y la idea es que dentro de ese espacio seguro nadie cuestiona, nadie critica, nadie se mete con la vida de nadie. Esto, especialmente para asegurar que no sean ofendidos los que pertenecen a otra raza, a otra cultura o los que tienen una orientación sexual como, por ejemplo, son gays o son transexuales. Entonces, un espacio seguro, un safe space, es un espacio donde nadie se mete con nadie, donde lo único que se puede hacer es simpático y agradable y nadie entonces cuestiona a nadie.

Esta es una pésima costumbre, por supuesto que no estamos a favor del insulto y no estamos a favor de lo que se llama a veces el bullying, no estamos a favor de eso. Pero crear esos espacios artificiales donde solamente se puede sonreír de manera estúpida y donde nadie puede cuestionar la manera de ser de otro, significa condenarnos a vivir en la mentira. Fíjese cómo la Biblia se mete con la vida de uno: No sea necio, no sea torpe, aprenda, crezca. Y eso da reciedumbre y uno tiene que acostumbrarse a que uno lo pueden cuestionar. Por ejemplo, en el caso de la vida religiosa, es una gran dificultad que a veces los formadores no saben cómo tratar a las personas, porque cualquier cosa que se les diga es una herida profunda: Ay, entraron, se metieron con mi vocación.

Y resulta que, si nosotros vemos grandes formadores como un Luis Bertrán, cuestionaba de una manera agria y si tenía que descartar, descartaba. Esa reciedumbre, hija de la transparencia, es una lección interesante que nos da la Biblia en el día de hoy. Entonces, acostumbrémonos a que Dios nos habla también así. Es decir, la bondad, la misericordia, la ternura de Dios no es una especie de maquillaje permanente, no es una especie de sonrisa que termina siendo hipócrita y que, finalmente nos deja metidos en nuestros defectos. Para limpiar las heridas muchas veces hay que sacar la pus que está ahí y hay que echar un buen antiséptico que seguramente arde, pero así se sana la herida, así cambia la gente.

Entonces, estos discípulos aparecen en toda su crudeza, aparecen en toda su limitación, no habían entendido lo de la multiplicación. Observa, este texto fue San Marcos, observa que es lo mismo que nos dice San Juan, lo cual da una comprobación interesante, porque al relatar el mismo milagro ¿qué nos dice San Juan sobre la actitud de Cristo al día siguiente de la multiplicación? Que cuando Él vio la cantidad de gente que lo estaba buscando, dijo: Ustedes no han entendido el milagro, no han entendido, simplemente se llenaron la panza, eso fue lo que pasó con ustedes.

También ahí, hay un lenguaje directo, crudo, un lenguaje casi ácido, pero eso es bueno, eso es bueno, que nos sacudan, que nos cuestionen. No que nos mantengan en una especie de nube rosada donde todo parece bonito y donde finalmente vivimos y quizás morimos engañados. Pidámosle a Dios entonces, que nuestro lenguaje, sin faltar a la caridad, sea capaz de entrar en la realidad de la propia vida y de la vida de otros. No hay que seguir en esto el pésimo ejemplo de aquellos colleges en Estados Unidos, donde simplemente todos quedan condenados a ser buena cara y a desconocerse para siempre. Ese ejemplo no hay que imitarlo, habrá otras cosas que se puedan imitar de esas instituciones de alta academia.

Y, en segundo lugar, reconozcamos que todos necesitamos, de vez en cuando, que nos hablen con esa claridad, que nos reconvengan, que nos exhorten, porque si no, no hay cambio posible. Mi última comparación es la de la persona que va al gimnasio, ahora que en tantos sitios se dan esos lugares para ejercitar y para mejorar la salud del cuerpo. Cuando llega la persona al gimnasio, ¿qué tipo de entrenador quiere? No se quiere el entrenador que me felicite simplemente porque me senté y descansé. El entrenador que necesito, es aquel que exigiéndome, logra lo mejor, cultiva lo mejor en mí. Así que vamos a darle permiso a Dios para que haga esa obra en nosotros.

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