Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Quedarse con los bienes que Dios nos da puede oscurecer el hecho de que Él es el supremo Bien.

Homilía nde3013a, predicada en 20150107, con 6 min. y 9 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hermanos, los Evangelios de estos días entre la Epifanía y el bautismo del Señor, son como un eco de esa solemnidad que hemos tenido el domingo pasado. La palabra epifanía indica una manifestación o una revelación. Los Evangelios de estos días son pasajes escogidos que ayudan a ver la persona de Cristo como aquel que manifiesta el misterio del amor de Dios. Sobre todo, estos pasajes son útiles para invitarnos a profundizar en lo que Cristo hacía, porque uno puede quedarse en la superficie cuando se trata de las obras de Cristo.

Quedarse en la superficie es quedarse en el beneficio que uno obtiene de Cristo. Cuando uno se acerca a Cristo con una necesidad y logra solucionar esa necesidad, existe la tentación de la superficialidad. Es decir, cuando iba donde él estaba mirando mi problema y cuando me retiré de él, estaba viendo que mi problema se arregló. Si obramos de esa manera, y yo creo que todos alguna vez hemos caído en eso, observemos que, en realidad, no nos hemos encontrado con Cristo. Observemos que en realidad no importa quién sea Cristo, la persona está tan concentrada arreglando su problema, la persona está tan metida en el beneficio que recibe, que se queda sin lo mejor.

Esto es un defecto, por supuesto, pero si puede servir de magro consuelo, es un defecto que tuvieron también los discípulos. Nos dice el Evangelio de hoy que los discípulos no habían entendido, no habían entendido la multiplicación de los panes. Es curioso eso, o sea que si había algo que entender. Y dice uno: Pero ¿qué hay que entender si yo voy a una comida y hay bastante comida bien sabrosa, ahí qué hay que entender? No hay nada que entender. Pues en el caso de la multiplicación de los panes, sí había algo que entender. Podemos decir que el milagro es un beneficio, es un bien que nos llega. Pero, ante todo, el milagro es una revelación, revelación de quién es Cristo, revelación de cómo nos ama, revelación de cómo Dios está de nuestra parte, revelación de la compasión del Padre.

Es una cantidad, es un buen número de revelaciones que están ahí. Y si uno se queda nada más con el pan y con el pescado, si uno se queda únicamente con el beneficio, se pierde toda esa revelación. Entonces, estos son días, no solamente para ver algunas epifanías, sino sobre todo para entrenar nuestros ojos, de manera que cuando nos acerquemos a Cristo, no nos quedemos simplemente arreglando problemas, no nos quedemos simplemente solucionando lo que a nosotros nos fastidia o nos duele, sino que cada milagro se convierta en una revelación.

Es muy interesante ver que San Marcos, que fue el evangelista de hoy, utiliza esa frase: «No habían entendido lo de la multiplicación de los panes». Digo que es interesante porque Marcos, como es sabido, es el evangelista más narrativo. Por el contrario, Juan es el evangelista más contemplativo. Y es Juan el que le da el nombre de señales o de signos, casi hubiera podido decir epifanías, a lo que nosotros llamamos milagros de Cristo. Relatando esto mismo de la multiplicación de los panes, Juan presenta una escena muy semejante a la que hoy vimos en el lago, según San Marcos.

Según el evangelista Juan, según este cuarto evangelista, cuando ya Cristo estaba en la otra orilla, llegó la gente y Cristo los saluda casi que con un regaño y les dice: Ustedes vienen no porque hayan entendido los signos, sino porque comieron hasta saciarse. Fíjate que es la misma idea de hoy, es decir, ustedes se quedan con el beneficio, ustedes lo que quieren es únicamente su sanación, ustedes lo que quieren es que Dios les arregle sus problemas para seguir ustedes viviendo a su manera, no han entendido nada. Es lo mismo que nos dice Marcos hoy.

Pero para que esos regaños no tengan que caer sobre nosotros, la única solución es necesitamos abrir nuestra mente a la revelación que Dios nos quiere dar. Aprender a contemplar no solamente a los milagros de Jesús, sino al Jesús de los milagros. Y cuando buscamos al Señor más allá del beneficio, entonces la epifanía, la epifanía se convierte en el lenguaje permanente de nuestra vida cristiana.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM