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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿De qué clase de temor nos habla San Juan y de qué clase de amor, cuando nos enseña que el amor expulsa el temor?
Homilía nde3012a, predicada en 20150107, con 4 min. y 45 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo cuarto de la primera carta del apóstol San Juan. Ayer nos decía el apóstol: «Dios es amor». Y hoy trae otra afirmación de inmenso peso y de grandes y hermosas implicaciones. Dice San Juan: «El amor expulsa el temor». ¿De qué temor nos está hablando el apóstol? Y ¿en qué sentido el amor vence al temor? Esas son las dos preguntas en las que queremos reflexionar.
Hay muchas cosas a las que uno puede tener temor. Uno puede tener miedo, por ejemplo, si ve que un perro rabioso sale de una casa vecina y viene a atacarlo a uno. Uno puede tener temor de enfermarse, hay plagas y hay epidemias en muchos lugares de la tierra. Uno puede tener temor de un ataque terrorista, de un accidente, de una crisis financiera. Cuando se habla aquí de temor, parece que se habla de algo bastante más profundo, porque el apóstol habla del temor ante el juicio. Y según la enseñanza de San Juan, ese juicio no es otra cosa sino el examen del conjunto de nuestra vida ante la verdad de Dios. O sea que, en una primera aproximación, el temor del que nos está hablando San Juan es algo así como el temor de fracasar en la vida.
No es un temor pequeño y localizado, como puede ser la historia de aquel perro que me atacó. No es un temor pequeño y localizado como el de una crisis financiera de la cual, sin embargo, con esfuerzo quizás podría levantarme. El temor del que me está hablando San Juan, es el temor de fracasar en la vida, es el temor de encontrarme que al final nada tenía razón, razón de ser. Es el temor de encontrar que las apuestas, las grandes decisiones que tomé, las tomé equivocadamente. Es ese temor, es el temor de descubrir que tal vez yo mismo he sido una mentira, que tal vez yo mismo he engañado a muchos, he sido parte de una especie de complot y pareciera que alguien más arriba, algún sistema, alguna confabulación, alguna conspiración mundial, ha logrado que nosotros, muchos de nosotros, seamos cómplices, tontos, idiotas, útiles, es ese tipo de temor.
Y ¿cuál es el amor que vence al temor? Pues antes preguntémonos qué otras victorias hay sobre el temor, pero son victorias falsas. Por ejemplo, una persona puede tomar el camino del cinismo y decir: Pues en realidad no me importa. Es decir, la vida no tiene sentido, pero ¿a quién le importa que la vida tenga sentido? Simplemente vinimos aquí para divertirnos un poco, para pasarla bien un poco. Y que hay traiciones y que hay robos y que hay engaños y que hay adulterios, pues sí, así es el ser humano. El ser humano apesta, todos apestamos. Pero ¿cuál es el problema? Simplemente llegaste aquí como a jugar tu partida, intenta divertirte lo más que puedas y después despídete sin mucho ruido. Hay gente que mira así la vida, pero esa no es una verdadera victoria.
Más bien el cinismo lo que hace es tratar, tratar de ahogar la conciencia, ahogar la voz de la conciencia, gritar muy fuerte: Esta fue mi decisión, esto fue lo que yo quise hacer. Pero tu grito no te hace verdadero, tu grito no trae verdad a tu vida, tu grito hace más profundo tu engaño simplemente. Entonces, ¿cuál es el amor, cuál es el amor que verdaderamente nos rescata? Es el amor que Dios nos ha revelado en su Hijo. Cuando descubrimos a Dios como fundamento último de todo cuanto existe, y cuando vemos que ese Dios nos ha amado hasta el extremo, entonces entendemos que nuestros esfuerzos y nuestra vida en comunión, en comunión con ese Dios, adquiere hermosura y fecundidad, adquiere sabiduría y duración, adquiere sentido. Así, el amor vence el temor.

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