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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sentido de las lecturas en la semana de Epifanía

Homilía nde2023a, predicada en 20260106, con 13 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos. Una manera de aprovechar más la celebración de la Eucaristía, es decir, que tenga mayor fruto en nosotros, es ver cuáles son las lecturas que escuchamos y por qué se leen esas lecturas. Algunos de ustedes tienen la costumbre muy bella de venir a la Santa Misa prácticamente todos los días. Eso está muy bien, pero creo que incluso personas que asisten con frecuencia pueden preguntarse ¿Por qué leemos esto que leemos? Bueno, pues comentemos un poco cuál es ese motivo. Si usted es una persona observadora y ha asistido varias veces a misa estos días, usted se habrá dado cuenta que la primera lectura la tomamos de la Primera Carta de San Juan. Durante todo el tiempo litúrgico de Navidad vamos escuchando en la primera lectura a San Juan.

Concretamente la Primera Carta de San Juan. Hay que recordar que para nosotros los católicos, la Navidad, no es solamente una noche, ni solamente un día. Apenas celebrada la Navidad, viene toda esa semana que se llama la octava de Navidad, que va desde la Nochebuena hasta la celebración de María, Madre de Dios, el primero de enero. Pero el primero de enero no se acaba todavía, el tiempo de Navidad. El tiempo de Navidad, tiempo litúrgico de Navidad, continúa. Viene la celebración de la Epifanía, que en muchos lugares como nuestra querida Panamá es en domingo. En otros lugares es siempre el seis de enero y todavía no se acaba el tiempo de Navidad. Sigue. ¿Hasta cuándo? Sigue hasta el domingo del bautismo del Señor, que es de hecho, el próximo domingo.

¿Por qué tenemos ese tiempo de Navidad? Porque estamos ante un misterio muy grande y una comparación muy bonita sobre lo que es un misterio. La podemos tomar del arte. Este templo tan bello, este santuario nacional, tiene muchos detalles de arte. Si usted viene en el tiempo en el que se puede visitar y por supuesto, que no sea durante la Santa Misa. Usted puede ver una cantidad de imágenes, vitrales, cuadros, esculturas. Usted necesita tiempo para ver toda esa belleza para apreciarla, porque de verdad hay muchas cosas muy lindas en este lugar. La clave está en eso, usted necesita tiempo para apreciar.

Podemos decir que el tiempo de Navidad es un tiempo que nos da la Iglesia para que apreciemos ese misterio tan grande que se resume en estas palabras tan cortas, Dios se hizo hombre. Esas palabras se dicen muy pronto, pero su significado, su profundidad, su belleza son para contemplar como se contempla un cuadro lindísimo, como se contempla una escultura preciosa. Así que estamos en el tiempo de Navidad y vamos a seguir en este tiempo litúrgico hasta el próximo domingo, que es la fiesta del bautismo del Señor. Ya con la fiesta del bautismo del Señor empieza otro tiempo litúrgico que se llama el tiempo ordinario.

Usted puede notar ese cambio de tiempo porque después de la celebración del bautismo, nosotros sacerdotes también los señores obispos, pues vamos a utilizar un ornamento diferente. Yo estoy con este ornamento blanco, esta casulla blanca que es propia de Navidad, también se utiliza en Pascua. Si tiene usted memoria, recuerda que antes de Navidad estábamos en el Adviento y las vestiduras litúrgicas eran moradas. Todos estos colores, todos esos símbolos, son propios de la delicadeza y el amor con que la Iglesia trata todas las cosas que tienen que ver con el amado Señor Jesucristo. Bueno, ya estamos ubicados, esto es tiempo de Navidad. En tiempo de Navidad, pues, debe haber unas lecturas para la Misa. ¿Para qué sirven las lecturas de la Misa? Bueno, las lecturas de la misa forman la primera gran parte de la celebración de la misa.

Esa primera gran parte la llamamos, la Liturgia de la Palabra. Estamos celebrando la Palabra. La segunda gran parte es la Liturgia de la Eucaristía. Pero no son partes desconectadas, sino que la Liturgia de la Palabra está en función de la liturgia de la Eucaristía. ¿De qué manera? La Liturgia de la Palabra te ayuda a reconocer quién es Cristo. Cristo anunciado en el Antiguo Testamento. Cristo, que predica en el Evangelio. Cristo que es predicado en el Nuevo Testamento. Pero el centro de la Palabra es Cristo, y la Liturgia de la Palabra es para que conozcas y reconozcas a Cristo. Una vez que ya tienes más luz sobre quién es Cristo, pues, ya sabes a quién vas a recibir en la segunda parte de la Misa, es decir, en la Liturgia de la Eucaristía. Esa es la conexión tan bella que hay.

Primero se ilumina nuestra mente, se calienta el corazón, como le pasó a los discípulos de Emaús. El corazón tiene que calentarse, tiene que arder. Y con ese ardor de amor en el corazón y con esa luz en la mente. Luego pasamos a la Liturgia de la Eucaristía y después de la preparación conveniente, porque uno nunca debe comulgar de cualquier manera, después de la preparación correspondiente, pues uno comulga, pero ya uno comulga sabiendo a quién está comiendo, quién lo está alimentando a uno. Y qué nos dice la liturgia de la Palabra en el tiempo de Navidad. Las lecturas nos ayudan a profundizar en el misterio propio de la Navidad. El misterio propio de la Navidad es que Dios vino. El Adviento nos prepara para eso, para recibir a Dios que viene. De la misma manera que la Cuaresma nos prepara para la Pascua.

Y así como en Navidad celebramos que Dios vino, pues en Pascua celebramos que Él se levanta glorioso y vuelve al Padre, pero no vuelve solo, dice hermosamente el apóstol San Pablo en la Carta a los Colosenses, que Cristo llevó consigo un cortejo, un cortejo inmenso. Y ese cortejo inmenso lo formamos nosotros. Entonces en Navidad estamos celebrando que llegó y en Pascua estamos celebrando que partió, que se fue, pero ya no se va solo. Ya nos vamos con Él. Esa es la relación que tienen esos tiempos Litúrgicos. Por una parte, Adviento y Navidad, por otra parte, Cuaresma y Pascua. Adviento y Navidad es la llegada, Cuaresma y Pascua es, la salida. Pero siempre, insisto, la salida de Cristo no es abandono de nosotros, sino que Él sale junto con todos nosotros. Entonces, si en Navidad estamos celebrando la llegada. Eso se llama en teología, eso se llama la encarnación.

Y resulta que hay un libro en la Biblia que es como una meditación sobre la encarnación. Una meditación muy profunda, con unas palabras que a veces uno no entiende del todo. Porque usted sabe que la manera más común de no entender es creer uno que sí entiende. Y eso es lo que sucede con el lenguaje de San Juan, tanto en la primera Carta y en la segunda y la tercera como en el Evangelio. Son palabras tan sencillas que uno cree que está entendiendo, pero es muy posible que uno no esté entendiendo. Lo digo por experiencia propia. Entonces, ¿Qué hay que hacer? Pues lo que hay que hacer es detenerse, tomar una Biblia católica, porque las Biblias católicas tienen notas, tienen introducciones, tienen comentarios y esa tarea le puede servir a usted si su corazón está ardiendo, si usted de repente está sintiendo un amor que le crece hacia Cristo, especialmente hacia Cristo encarnado, Cristo recién nacido, Cristo bebé.

La Primera Carta de Juan es un tesoro. Y los Evangelios, Esos son más difíciles de explicar los Evangelios. Estos evangelios son los Evangelios que nos muestran el brillo, el resplandor de la obra de Dios en Jesucristo. Cristo es la Epifanía. Entonces, cómo nos recuerda la Iglesia este tiempo de Epifanía. Mostrándonos escenas donde brilla, quién es Cristo. Por los milagros que hace, por los panes que multiplica, por el agua convertida en vino. Es decir, son momentos en los que aparece la grandeza de Cristo. Resumen, Estamos en un tiempo litúrgico que se llama Navidad. El sentido de la Navidad es la celebración de la llegada del Hijo de Dios en nuestra carne y ¿Que se lee? Se lee la Primera Carta de Juan porque es una meditación sobre la Encarnación.

Y después de la Epifanía, se leen aquellos textos que nos hablan de la revelación de Dios, del esplendor de la obra de Dios en Jesucristo, para que nosotros reconozcamos que Él es la Epifanía, Él es la manifestación de la gloria divina. Vamos a seguir esta Eucaristía, felices de ser católicos, felices de ser Iglesia, felices de poder escuchar la Palabra Divina, conocer cada vez más a Jesús y adorarle, amarle y alimentarnos de Él. Amén.

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