|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vida cristiana no es sólo esfuerzo de la voluntad
Homilía nde2018a, predicada en 20200108, con 4 min. y 51 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, compartamos una palabra sobre la primera lectura que ha sido tomada, como es lo normal en el tiempo de Navidad de la Primera Carta de San Juan. Es interesante ver en esta lectura cómo hay un precepto, pero que está sustentado por un hecho. Trato de explicarme. El precepto está en aquella frase que dice, Así como Dios nos ha amado, nosotros debemos amar a nuestros hermanos. Al utilizar esa expresión claramente nos encontramos frente a un precepto, Debemos amar. Inmediatamente percibimos la dificultad de este mandamiento. Así como hay personas que resultan fáciles de querer, hay personas que nos resultan difíciles de aceptar, de acoger, de amar. Pero ahí está ese precepto. Lo interesante y lo que quiero destacar es que ese precepto no queda únicamente sobre la base de nuestra voluntad. Es aquí donde entra el hecho, la afirmación de algo que ya ha sucedido y que sigue sucediendo. Lo que se nos dice, es que el mismo amor que hay en Dios, el mismo amor que se ha manifestado en Cristo, ese es el que está también en nosotros. De modo que, si el amor de Dios, si el Espíritu de Dios, el mismo que movió a Cristo, es el Espíritu que nosotros hemos recibido, es también ese espíritu el que nos faculta para amar. Es la presencia de ese Espíritu la que hace posible que nosotros amemos. Y precisamente porque ese Espíritu ha llegado a nosotros, no es simplemente nuestra voluntad, no es simplemente nuestro esfuerzo. Dice aquí, En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros. Nos ha dado, de su Espíritu. Me acuerdo de algún exégeta que hacía una bonita explicación valiéndose de los modos gramaticales. Decía el modo indicativo, es el que cuenta lo que Dios ha hecho. El modo imperativo, es el que corresponde a nuestra vida cristiana y lo que a nosotros nos corresponde hacer. Pero el modo imperativo, es decir, la parte nuestra, no sale de la nada ni de nuestro solo esfuerzo, sino que el modo imperativo viene del modo indicativo, es decir, lo que nosotros estamos llamados a hacer, tiene su fuente en lo que Dios ya ha hecho y sigue haciendo por nosotros. En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Nosotros hemos visto, nosotros damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Entonces, en la medida en que descubrimos el magnífico, desbordante amor de Dios que viene a salvarnos, y en la medida en que nos ponemos en la esfera de influencia de ese Espíritu que ha sido donado con tanta abundancia, en esa misma medida, el amor a los hermanos no es simplemente una tarea que se nos impone para un esfuerzo psicológico nuestro, sino que es el fruto natural de la obra que Dios ya empezó en nosotros. Por eso sentimos confianza, por eso no tenemos temor. Por eso no estamos simplemente asustados frente a las consecuencias de nuestra vida como los que están incompletos en el amor, sino que en la medida en que ese amor va creciendo en nosotros, tenemos plena confianza y avanzamos no como siervos asustados, sino como hijos que se saben muy amados. Sigamos esta celebración experimentando en el sacrificio eucarístico la grandeza del amor de un Dios que ha hecho todo por nosotros. Amen.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|