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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
1. Amar es construir un bien en quien amamos. 2. Sólo ama de verdad quien se ha sabido y sentido amado por Dios. 3. El primer objetivo del amor e vencer el poder del pecado.
Homilía nde2015a, predicada en 20160105, con 8 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Durante el tiempo de Navidad escuchamos para la primera lectura fragmentos de la primera carta del Apóstol San Juan. El texto de hoy, por ejemplo, está tomado del capítulo cuarto. La razón por la que la Iglesia nos ofrece ese libro de la Biblia como meditación particular en Navidad es porque podemos decir que la primera carta de Juan es como una meditación sobre el misterio de la Encarnación. Recordemos que ya en los primeros versículos de esta primera carta se habla de ese misterio precioso de la Encarnación. Esta es la carta que empieza con las siguientes palabras, Lo que habíamos oído lo que hemos visto, lo que tocaron nuestras manos acerca de la palabra de vida, porque la vida se ha manifestado, eso os venimos a decir. De modo que la primera carta de Juan es como una homilía y una aplicación de aquel versículo que está en el capítulo primero del Evangelio de Juan. Ese versículo dice, El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos visto su gloria. Por ahí empieza la primera carta de Juan diciendo lo que hemos visto, lo que hemos tocado, lo que vieron nuestros ojos, lo que hemos palpado de la Palabra de vida, es decir, la manifestación de la gloria del Hijo de Dios en nuestra carne. Ese es sin duda el tema central de esta primera carta. Así que como ejercicio espiritual, es una buena idea leer este libro de la Biblia que no es muy extenso, son cinco capítulos. Hoy aparece la manifestación del amor de Dios. Dios es amor, ese amor se ha manifestado. Como se dicen tantas cosas, diríamos superficiales, sobre el amor, conviene recoger ágilmente unos tres pensamientos sobre el amor que aparecen en esta lectura. Lo primero está en que el amor se manifiesta. Esto es muy propio de la cultura semita. Para ellos, el amor, en primer lugar, no es un sentimiento, sino es una actitud y un comportamiento que busca el bien de la persona amada. En nuestra cultura, marcada por el posmodernismo y por una especie de posromanticismo y sobre todo por mucho individualismo. El amor es fundamentalmente visto como un sentimiento que llega relativamente por accidente y que arrasa con poder aquellas estructuras interiores de la persona. La Biblia mira el amor de otra manera. El amor es algo que sí existe, se manifiesta y se manifiesta en las obras que realiza, esas obras son obras de bien. Amar es, en primer lugar, realizar, construir el bien por aquella persona que amamos. Esto es muy importante para entender versículos como aquel del evangelio donde Cristo dice amen a sus enemigos. Si esa frase la interpretamos en la clave posmoderna individualista de nuestra época, sería como si Jesús nos dijera, sientan cosas bonitas por la gente que les cae mal. Y eso, por supuesto, es algo imposible de digerir y peor de practicar. Si uno va a la realidad de los hechos. La persona que me cae mal seguramente me cae mal por unas cuantas buenas razones. Y tratar uno de forzar el corazón para ver cómo siento cosas bonitas por la persona que me ha maltratado o que se ha burlado de mí o con la que tenemos una mutua y bien cargada antipatía es una cosa ridícula. Cuando uno, en cambio, mira el esquema Bíblico, uno se da cuenta de que amar al enemigo es, ¿Cuál es el bien posible que usted le puede realizar a esa persona?, ¿Cuál es el bien que usted puede construir en la vida de esa persona? Entonces, el protagonismo no lo tienen los sentimientos, sino más bien algo que podríamos llamar sabiduría y que podríamos llamar resolución. Luego otra enseñanza que nos trae esta carta en el pasaje de hoy es que ese amor tiene un orden. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero, lo cual indica que solo se puede vivir el mandamiento del amor si uno tiene conciencia y experiencia del inmenso bien que ha recibido de Dios. El amor no es algo que uno pueda sacar automáticamente del corazón. El amor es más bien el resultado de haber sido amado. Hay que recordar aquí la frase de Santa Catalina de Siena, El alma, viéndose tan amada, dice ella no puede defenderse de amar. Me fascina esa expresión. El alma que no puede defenderse de amar, es decir, que estando llena, inundada, finalmente se rebasa, se desborda en amor, esa es la manera como la santa mira el amor al prójimo. Entonces no es como el que jala de una cuerda a ver qué puedo sacar. No es como quien se obliga y dice es que tengo porque me toca, sino más bien es un resultado que podríamos llamar natural de la inundación del amor de Dios. Y la última lección que nos deja este pasaje está en la parte final. Nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por los pecados, con lo cual se está indicando que la obra primera y fundamental del amor, el bien fundamental que hay que construir cuando amamos, es esa victoria sobre el pecado. También esto tiene su correlato en los Evangelios. Démonos cuenta de cómo, en el caso de aquel paralítico que lo bajaron quitando un pedazo del techo, lo primero que hace Cristo es, tus pecados son perdonados. Ese es el primer acto de amor, lo primero es eso. Y la primera advertencia que le da Cristo a otro paralítico en el evangelio de Juan, ese que estaba al lado de una especie de piscina donde se supone que obraban unos poderes. Lo primero que le dice Cristo es vete, has quedado curado, vete y no peques más, no sea que te suceda algo peor. O sea que la obra del amor es, en primer lugar, la obra de la victoria del pecado, lo cual le da una ruta a la Iglesia. Hay gente que cree que la Iglesia está amando más cuando se dedica más a las obras corporales de misericordia, las cuales ciertamente no hay que descuidar. Pero mucha gente cree que esa es la obra principal de la Iglesia y que, por decirlo de alguna manera, se puede medir el amor en términos de número de mercados distribuidos, número de niños educados, cantidad de casas que se han dado a los que estaban sin techo. Todo eso tendrá sentido si es parte de una obra integral de evangelización que finalmente lo que quiere es la victoria sobre el pecado.

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