Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Amor oblativo que gratuitamente busca son sabiduría el bien del amado: tal es el amor que Juan considera como una definición de Dios.

Homilía nde2009a, predicada en 20130108, con 9 min. y 25 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, se ha dicho que el texto hoy proclamado y escuchado en la primera lectura, viene a ser el equivalente a una definición de Dios. Dios es amor, estas palabras se encuentran en el capítulo cuarto de la primera carta del apóstol San Juan. Dios es amor, pero no todo amor es Dios. Si logramos percibir esto, creo que nos hemos acercado al texto de una manera provechosa. Dios es amor, pero no todo amor es Dios. Entonces interesa saber cuáles son las señales del verdadero amor.

Y el pasaje que hemos oído y en general, esa primera carta nos da abundante contenido para reconocer cuál es el amor que sí es de Dios. Por ejemplo, nos dice el amor que Dios nos tiene, Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él. Entonces, hay dos características del amor que aparecen ahí. Se trata de un amor oblativo sacrificial y ya esto descarta una gran cantidad de cosas que pasan por el nombre de amor, en nuestra época y entre nosotros. Porque casi siempre la expresión te amo o el uso de la palabra amor en nuestro tiempo alude más a una satisfacción del que dice amar se convierte como en un bucle, como en una flecha que sale de mí, atraviesa a la otra persona, pero finalmente vuelve a mí como satisfacción, como deleite.

Por el contrario, lo que nos dice esta primera carta de Juan, es que el amor que hemos recibido del Dios amor, es un amor oblativo, sacrificial que se entrega. Es una flecha que va en directo hacia el amado. Pero no todo sacrificio sirve para este propósito. Nos dice para que vivamos por medio de Él. El amor crea un bien, un bien permanente, un bien digno de ese nombre. Y ese tipo de amor que Santo Tomás describe como amor de benevolencia está entonces unido al conocimiento y a la sabiduría. Porque para crear un bien en el amado es necesario conocerlo, conocer sus circunstancias, conocer sus límites, conocer sus necesidades.

Así que aquí ya hay dos notas bastante exigentes sobre lo que significa amor. Es un amor unido al conocimiento y la sabiduría. Un amor que se pregunta por cuál es el bien adecuado y necesario, cuál es el bien saludable y fecundo para la persona amada y que luego, conociendo ese bien, es capaz de dar de sí mismo, es capaz de inmolarse, es capaz de sacrificarse para que ese bien llegue al amado. Entonces se trata de un amor que es sabio, que es fecundo, que es generoso, que es oblativo. Todavía aparece otra característica en el pasaje de hoy.

En esto consiste el amor, dice el apóstol Juan, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó. Entonces, aquí se está hablando de la anticipación, el amor se anticipa, y precisamente porque va primero, no pone condiciones, se trata de gratuidad, se trata de amor, de gracia. Es la misma descripción que de un modo más extenso encontramos en la primera carta a los Corintios, capítulo trece, el pasaje tan conocido del apóstol San Pablo. El retrato que nos da San Juan sobre el amor, con estas palabras tan breves pero tan elocuentes, sirve para que nosotros devolvamos a esa palabra la nobleza, la altura que merece, para que no permitamos que esa palabra sea manoseada, sea degradada.

Pero sobre todo, este retrato debe servir para que nos admiremos con gratitud inmensa por la manera como hemos sido amados. Porque lo que está contando el apóstol no es un simple deseo, Él no está diciendo, qué bonito que ese amor existiera. Está afirmando de una manera gozosa, así hemos sido amados. Y esta certeza que es factual, que no es una hipótesis, que no es una teoría, que no es un simple deseo. Este hecho es el que se convierte en fundamento interior para también nosotros empezar a amar así. Especialmente necesario ese amor cuando se trata de los servidores de Cristo. Con mucha frecuencia el sacerdote se halla en tal circunstancia que solo este tipo de amor tendrá sentido como expresión de su ministerio.

Mirémoslo con un momento de atención y descubriremos que es así. El sacerdote tiene que ser sabio, tiene que tener conocimiento suficiente para ver con cada penitente, en cada asamblea, en cada comunidad, con cada persona, con cada pareja, cuál es el bien que puedo traer a estas vidas, necesita de esa sabiduría. El sacerdote necesita una capacidad de donación de sí mismo. Y si el sacerdote está pensando en recibir inmediatamente retribución por el amor que entrega, muy fácilmente, se ve envuelto en una cantidad de malos entendidos que luego causan dolor e ineficacia apostólica. Y por supuesto, eso lo sabemos todos y con los años como que se confirma más.

El sacerdote necesita vivir de un amor de gratuidad, en el sentido de tener muy claro que muchas veces el fruto de su trabajo, el fruto de su sudor, no se verá inmediatamente, incluso no se verá en mucho tiempo y en ocasiones ni siquiera la palabra gracias asomará. Así que necesitamos esta experiencia de amor, necesitamos sentirnos amados. Gracias al Señor estamos aquí en su casa y estamos alrededor de su altar para que el sacramento donde se manifiesta la caridad en su fuente, como dice Santo Tomás, nos impregne, nos envuelva, nos arrope con la experiencia de ser amados para también nosotros poder amar.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM