Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En Cristo ha aparecido lo que significa la palabra "amor".

Homilía nde2005a, predicada en 20100105, con 23 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Los evangelios de estos días entre la fiesta de la Epifanía y la fiesta del bautismo del Señor. Son textos que nos invitan a contemplar a Jesucristo como manifestación del poder del amor, de la providencia de Dios. Por eso tenemos este texto de la multiplicación de los panes. Ese banquete que Dios prepara en el desierto, esa cantidad de alimento para una multitud hambrienta, lo que está demostrando es el poder de Dios que cuida de los suyos y que puede proveer, y que lo ha hecho. Ha provisto todo nuestro bien en la persona de Jesucristo. Los evangelios de los otros días de esta semana van o irán en la misma línea. Mostrar en Cristo, aquel que ha sido, aquel que es la manifestación del amor, de la sabiduría, de la providencia de Dios.

Pero quiero detenerme atención más en la primera lectura de hoy, porque es aquel pasaje de la primera carta de Juan en que aparece lo más semejante a una definición de quién es Dios. Y esa definición la conocemos bien, Dios es amor y ese amor, el rostro del amor, es lo que ha aparecido en nuestro Señor Jesucristo. Cristo es el diccionario de Dios, en Cristo ha aparecido, qué significa la palabra amor. Él nos ha enseñado cuál es el contenido, cuáles son las condiciones, las características del verdadero amor. Y por eso nos dice el Evangelio el evangelista San Juan en su primera carta nos dice: Amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. No que nos amemos de cualquier manera, no que nos amemos como a nosotros se nos ocurra amarnos.

Porque hoy se utiliza la palabra amor para cualquier cosa. Es una palabra que la hemos ensuciado mucho porque la utilizamos para cualquier cosa. A cualquier pasión rastrera la llamamos amor. ¡Qué pesar! Detrás de la frase que debería ser casi sagrada, detrás de la frase te amo vienen traiciones, viene mentira, viene infidelidad, viene muchas veces el dolor para el corazón humano, el dolor de la traición. Pero eso no es porque el amor haya salido sucio de las manos de Dios, todo lo contrario, De su corazón y de sus manos, hemos recibido el verdadero significado de lo que es el amor, y por eso la primera enseñanza que debemos tomar en este día, hermanos, es que la palabra amor y la frase te amo hay que decirla, sí que hay que decirla, pero hay que decirla con un sentido sagrado, con algo muy profundo.

Porque como decía Santa Catalina de Siena el alma humana está hecha de amor. Tú no le puedes decir a una persona te amo para después usarla como si fuera un trapo viejo. Tú no le puedes decir a una persona te amo para luego volverle la espalda. Tú no le puedes decir a una persona te amo para luego abandonarla, porque ahora resulta que amo a otra. Ahora ya no te amo a ti, ahora amo a otra, entonces tú pasaste, Tú ya no vales. Eso queda prohibido por la autoridad de la Escritura, mis hermanos. La palabra te amo, la frase te amo hay que decirla con un sentido profundo y solamente debe pronunciarse desde lo hondo del corazón, comprendiendo que estamos diciendo algo que en realidad solo Dios merece decir, porque solo en Dios se cumple plenamente la definición del amor.

Decir la palabra amor, decir la expresión te amo, es decir algo sublime, algo muy grande y algo que tenemos que resguardar y cuidar. Pero esa frase hay que decirla. Los papás tienen que decir a sus hijos te amo, te quiero, te quiero mucho, te amo. Hay que decirlo, los hijos tienen que escucharlo de los papás, las hijas tienen que escucharlo de los papás. Los hijos tienen que sentir que no son simplemente una carga, una cantidad de trabajo adicional que llegó a esta casa. Hay papás que tratan a sus hijos como si fueran solamente eso. Nació otro niño, qué problema, más trabajo, más gastos, más plata, más dificultad. Los papás que así piensan también obran de esa manera, y hacen sentir a los hijos, usted es un estorbo, usted es una carga, usted no ayuda, usted no sirve.

Por supuesto, el corazón humano se alimenta de amor, y si el corazón no recibe ese mensaje de amor de los papás, entonces se daña, se seca, se quiebra, se arruina. Y esa experiencia de quebrantarse, de romperse, de arruinarse interiormente, lleva a la gente a cometer toda clase de locuras. Por eso tenemos esos jóvenes llamados los emo, los del mechoncito, los del color negro y el color lila, los que viven cortándose y tratándose de suicidar y deprimidos todo el tiempo. Esos pobres seres humanos, esos pobres muchachitos y niñitas tontas, melancólicas, deprimidas. Quién sabe si serán culpables, solo Dios lo sabe. Tal vez alguna responsabilidad tienen, pero yo creo que no podemos quitarle la responsabilidad a los papás, a los mayores que han estado cerca de esos jóvenes.

Los niños tienen que sentirse amados a la manera de Dios y la manera de Dios. ¿Cual es? Amar al niño, es que él se sienta respaldado, rodeado de cariño, pero también educado. La manera, la verdadera manera de amar es, sacar el mejor fruto, sacar el mejor resultado. O dicho de una manera menos mercantil tal vez, buscar el mayor bien para esa persona que amas. Mira a tus hijos o a tus hijas, míralos con amor, con afecto, exprésales con tus palabras, con tus abrazos, con tus besos que los amas. Cuántas personas me han dicho, Yo no me acuerdo que mi papá nunca me haya dicho que me quiere. Y si uno habla con el Papá, el Papá dice, Pues es que eso se entiende, no señor, eso no es que se entiende. Las cosas hay que decirlas también, porque la palabra es la que esclarece los hechos.

Si es verdad que mi papá trabaja muy duro, muy duro, nunca me dice que me quiere, entonces queda esta pregunta ¿Mi papá trabaja todo eso porque le toca? Es simplemente un deber pesado, soy simplemente una carga que él se echó a los hombros. Una carga que se le quitará si yo me suicido. Si mi papá trabaja muy duro y el papá dice, Pues claro que yo quiero a mis hijos, no ve todo lo que trabajo por ellos. ¿No basta, no basta! ¿Por qué no basta? Porque todo lo que tú trabajas, quizás tu hijo lo interpreta como, yo soy una carga, una carga pesada, una carga amarga para este papá y para esta mamá.

Las mamás que son cabeza de familia. ¡Qué situación tan dura! Muchas veces pensionadas, cansadas por tanto, tantas preocupaciones, las deudas, las cosas. Maltratan a los hijos, solo Dios podrá juzgarlas. Maltratan a los hijos porque ya se les acaba la paciencia a estas pobres mamás que son muchas veces madre soltera, lo que sea. Y estas pobres mujeres entonces maltratan a los hijos.

Llega el hijo, llega la hija con una preocupación, con algo que quiere mostrarle al papá o a la mamá. Pero como papá no hay, pues será la mamá y entonces la mamá: Ay mija, quite, quite, que estoy ocupada, no ve que estoy cocinando, hágase para ahí, no estorbe, váyase a ver, encienda ese televisor, quédese, alla quieta, cállese. Y no se dan cuenta que con ese lenguaje le están haciendo sentir a la hijita o al hijo, le están haciendo sentir soy una carga, soy un estorbo, Yo le hago la vida amarga, a mi papá o a mi mamá según el caso. En esto tenemos que ser muy cuidadosos.

La enseñanza se resume en dos cosas: Primero, si hay que decir las palabras te amo, tenemos que aprender a decir las palabras te amo, te quiero mucho, eres importante para mí, soy feliz de que existas en mi vida. Esas palabras hay que decirlas, pero segundo punto, hay que decirlas con el respaldo de los hechos, con el respaldo de la vida. Y hay que decirlos de tal manera que la otra persona pueda ver en nosotros algo, algo del amor divino. Nunca podremos reflejar plenamente el amor de Dios, pero tenemos poco a poco, día por día, buscar ser plenamente semejanza de Dios. Para eso fuimos creados. Quedémonos con esa enseñanza.

Yo sé que muchos de nosotros tenemos dificultades, tenemos timidez. A mí me da mucho dolor porque en algunos lugares de Colombia, especialmente a los hombres, se les ha enseñado a que repriman los sentimientos. A veces se piensa que ser hombre, o sea ser machito, es no mostrar uno lo que uno está sintiendo. Entonces, muchas veces los hombres y los hombres, pues van a ser los papás obviamente, son personas bloqueadas interiormente, incapaces de abrazar con afecto a un hijo. Ustedes no saben, papás, ustedes no saben papás, ustedes no saben cuánto bien le pueden hacer a un hijo con un abrazo. Denle un abrazo a ese hijo suyo y dígale una cosa bonita.

Ya no se me ocurre nada. Pues dígale por lo menos esto. Soy feliz de que haya llegado a esta casa, así le decía un papá a un hijo. Un papá le decía al hijo, Me alegra que de todas las familias que hay en el mundo, Dios quiso que tú aterrizaras aquí. ¿Uy, qué palabra tan hermosa! Ustedes, papás, con una palabra de esas, ustedes le levantan el corazón a un hijo, ustedes le levantan el corazón a su hija. Háganle sentir a esas niñas, a esas hijas suyas. Háganle sentir que son preciosas ante sus ojos. Dígale una cosa bonita a su hija. ¿Por qué es tan importante que los papás, hablo de los varones, le expresen afecto a las niñas? Porque una hija que se sabe amada por el papá, aprende a diferenciar entre ser amada y ser deseada. Y esta diferencia es fundamental en el crecimiento emocional y la maduración psicológica de las niñas.

Que la niña, que la jovencita aprenda a distinguir entre ser amada y ser deseada. Cuando una niña sabe distinguir esas dos cosas, luego no va a suceder que cualquier zarrapastroso se aproveche de la hija suya. Cuiden a sus hijas, pero cuidar a las hijas no es únicamente regañarlas. Qué es lo que piensan muchos papás. Que todo consiste en darle tres gritos a la hija. Mire, señor papá, usted le da tres gritos y usted la hace llorar, y usted cree que tiene el control de la situación. No se engañe, apenas esa hija, tenga más o menos manera se le vuela en la casa.

Apenas tenga manera, se casa con el primer zarrapastroso que pase por el frente y le va a tocar de yerno al peor de los posibles candidatos, si es que alguna vez vuelve a ver a su hija. ¿Pero de dónde viene todo esto? De ese bloqueo interior que tenemos muchas personas para mostrar afecto. Yo creo que eso se va superando poco a poco. Yo creo que vamos mejorando. Ahora me parece que somos un poco más expresivos en eso de darnos la mano, de darnos un abrazo.

Esas cosas son necesarias y son necesarias en familia, porque los abrazos que usted le quede debiendo a su hijo en la casa los va a buscar él en cualquier tipo de pasión, en cualquier tipo de placer en la calle, los abrazos y las palabras bonitas que usted no le diga a su hija en la casa esas palabras las va a buscar ella con el primer zarrapastroso que encuentra en la peor esquina del pueblo. Acostúmbrese a darle cariño a su hija, acostúmbrese a darle afecto a su hijo. Pero por supuesto, esto no vale únicamente para el hijo y para la hija. Yo le hago esta respetuosa pregunta a los esposos que están aquí.

¿Cuándo fue la última vez que usted le dijo una cosa bonita a su esposa? Y ahí sí, como dice el cuento, uy. Hay gente que no se acuerda. Entonces, cuando están de novios tú eres mi rosa, mi primavera, mi cielo estrellado. Después se casan y entonces tú eres mi espina, mi trueno. En qué quedamos, hermano. Ese ser humano que se llama esposa y que está a su lado, lo mismo hoy que hace diez años o que hace veinte años, necesita una palabra bonita, necesita una caricia de afecto, de cariño. Esto alguien tiene que decirlo alguna vez en la vida. Las mujeres se sienten mal cuando los esposos únicamente las tocan cuando quieren sexo, eso es feo para una mujer. Para una mujer es importantísimo sentir amor, no solamente cuando el tipo quiere sexo. Hay que encontrar caminos para expresarle cariño a esa esposa suya.

Y ustedes, esposas, pues también han de buscar la manera de expresar palabras de afecto, de cariño, no dejen que se seque la comunicación. A veces la mujer actúa como si fuera la reina y emperatriz del universo que se lo merece todo y ella no tiene que dar nada en términos de cariño. Para muchos hombres, una expresión sencilla de cariño, un gesto de afecto, una caricia a tiempo, es algo que expresa muchísima cercanía y también una palabra. ¿Cuáles son las palabras que esperan oír los hombres? Les voy a decir esto porque casi no se predica en la misa, pero hay que decirlo, porque si no, cómo aprendemos a amar.

Resulta que muchas mujeres creen que la mejor manera de decirle palabras bonitas a un hombre es tratarlo como un niño chiquito. Entonces, cuando se ponen así un poco románticas, le van a decir mi bebé, mi muñeco y no sé qué otras cosas. De lo que yo conozco de los hombres con los que he hablado a la mayor parte de los hombres, ese tipo de expresiones no les gustan mucho. Eso de que usted le diga a su esposo a menos que esté ya muy doblegado, muy tronchado, muy viejito, muy enfermo. Pero a la mayor parte de los hombres no les gusta que les estén tratando como niños. En el lenguaje hay que consentirlos como niños, en otras cosas, pero en el lenguaje no. Venga para acá mi muñeco. ¿Cual muñeco? Eso no les gusta mucho.

Las palabras de afecto que suelen gustarles a los hombres es que la mujer exprese admiración por lo que el hombre hace bien. Los hombres solemos tener nuestra autoestima puesta en las cosas que hacemos, los trabajos que completamos, las metas que logramos. Si su esposo terminó un trabajo que se ve que le demandó mucho esfuerzo pero al fin lo acabó, dígale una felicitación y dígale, me siento orgullosa de ti. Qué cosa tan buena, como te quedó eso, buena es, amigo. Esas palabras de admiración frente al trabajo realizado, frente a la meta conseguida. Esas palabras le dan una sensación muy hermosa de amor a tu esposo.

Es importante que se las digas, porque recuerden que las mujeres cuando se ponen así consentidoras el modelo que utilizan es el del bebé y entonces, el tipo resulta, el tipo es el esposo, estaba poniéndole la cerca a una finca gigantesca. Al fin acabó de poner la bendita cerca, está cansado, está quemado, pero se siente orgulloso y contento de lo que hizo. Y entonces la esposa le dice, Venga para acá, mi muñeco, mi bebé, mi no sé cuántas cosas. A veces les gusta, pero a muchos no les gusta, porque ellos lo que quieren es sentir que su trabajo, que su esfuerzo se nota, es valorado y es admirado. La mayor parte de los hombres tienen o tenemos un ego bastante frágil y necesitamos sentir admiración, sentir apoyo, sentir que lo que hacemos vale, que eso es importante, que eso cuenta. O sea que ahí les doy esas pequeñas indicaciones prácticas para que los esposos sean más cariñosos con las esposas.

Pero fíjese que ahí sí es al revés. A la esposa seguramente sí le gusta mucho que la traten como una niña, mientras que al esposo no le suele gustar a veces que lo traten en el lenguaje como un niño. Pero a la esposa sí vale la pena tratarla así como una como una niña, consentirla, que ella se sienta amada, que ella se sienta feliz de ser tu esposa, que ella se sienta rodeada. Que ella se sienta custodiada por tu amor. Eso es bellísimo. Ese es un mensaje que nos ayuda a construir familia.

Que nuestras familias sean lugares donde se vive el amor. Que nuestras familias sean lugares donde los hijos aprenden. Este mensaje de la Primera Carta de San Juan en el día de hoy. Dios es amor. De nada vale mucho catecismo, mucha enseñanza teórica si no existe este tejido de amor en la casa. Que Dios bendiga a nuestras familias, que Dios nos enseña a expresar mejor el amor y que nos enseñe sobre todo a ser coherentes con esas palabras, jamás utilizarlas porque sí, jamás decirlas porque toca, sino decirlas desde nuestro corazón. O si digo mejor, desde el corazón mismo de Dios.

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