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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Amar es sacar las reservas: dar de lo que uno tiene y necesita. Si el amor no pasa por la renuncia y el dolor, nunca llega a ser amor, sino cortesía. Si el amor es profundo, sobre todo si tiene una base en Dios, entonces se renueva y es el amor que verdaderamente mira a la otra persona y no se mira a sí mismo.
Homilía nde2004a, predicada en 20090106, con 11 min. y 31 seg. 
Transcripción:
Qué tiene que ver la multiplicación de los panes con este tiempo de Navidad que venimos celebrando. Qué tiene que ver la multiplicación de los panes con la primera lectura que hablaba del amor. Y qué tiene que ver la multiplicación de los panes con los cuarenta y ocho años de matrimonio que felizmente celebramos hoy. Matrimonio entre Bernardino y Maruja tiene que ver mucho, porque resulta que fueron los discípulos los que le dijeron a Jesús que despidiera a la gente. Parece que Jesús hacía homilías más largas que las mías. Se iba prolongando, prolongando, de modo que ya se había hecho tarde. Y ahí se acercan los discípulos y le dicen a Jesús: Es tarde, despide a la gente para que vayan y se compren algo de comer. Tratemos de situarnos en la escena y hagámonos esta pregunta ¿Con qué corazón los discípulos hacen esa recomendación? ¿Estaban ellos preocupados por el hambre de la gente? Tal vez sí, pero Jesús era muy observador y notó que utilizaban los discípulos el verbo comprar que ellos vayan y que ellos se compren su pan. A Jesús no le gustó mucho esa idea. Eso de que los discípulos que tenían sus provisiones mandaran a la gente a que allá ellos vayan y compren lo de ellos. Eso no le gustó a Jesús. Los panes de la época eran grandes, eran integrales por razones de publicidad, no podemos decir la panadería, pero eran muy buenos esos panes y eran bastante grandes. Muchos jornaleros recibían uno de esos panes gigantescos como alimento del día. Eso era lo que iban a comer en el día. Y entonces si uno piensa en cinco panes para un grupo más o menos de doce apóstoles y Jesús, esa es una comida decente. Además, un poquito de sal, un poquito de proteína con el pescado, agua que se puede conseguir y queda uno bien comido. Es decir, los discípulos tenían seguro lo de ellos y el problema es que no podían comer porque estaba toda esa gente, toda esa multitud. Solución de los discípulos, deshagamonos de la multitud. Y como aquí tenemos lo de nosotros, nosotros comemos lo de nosotros y que ellos coman lo de ellos. Jesús, cuando le llegan con esta sugerencia, Jesús no la acepta. Si uno mira los evangelios, se da cuenta de que Jesús aceptaba muy pocas sugerencias. En general, las sugerencias que le llegaban no eran de su agrado. Pedro, por ejemplo, le dijo: A qué vamos a Jerusalén, a buscar lo que no se nos ha perdido. Más bien nos quedamos por aquí, donde usted tiene un alto rating y así se salva todo, no hay persecución, no hay cruz. A Jesús no le gustó ese consejo. Aquí tampoco le gustó el consejo que le dieron que despachará a la gente porque vio que el propósito de ese despachar a la gente era, una vez que se haya ido toda la visita, nosotros comemos tranquilos. A Jesús no le gustó esa idea, entonces dijo: Denles ustedes de comer. En ese momento los discípulos comprendieron, esto ya no va a acabar bien. Esto no va bien, aquí se dañó, por lo pronto, la comida de hoy se dañó. Denles ustedes de comer. Y entonces ellos siguen pensando en la lógica del comprar y el vender y dicen. Necesitaríamos doscientos jornales de pan. Esa es una cantidad muy grande de pan en cualquier país y en cualquier circunstancia. Por supuesto, un jornal es lo que se paga por un día completo de trabajo. Y Jesús insiste en lo que ellos tienen. ¿Y ustedes cuántos panes tienen? Vayan a ver. Vayan a ver, quiere decir, Saque lo que usted tiene, muestre lo que tiene guardado. Eso que usted había guardado para usted, sáquelo, muéstrelo. Y entonces, ya viéndose desenmascarados, viendo que ya la situación cambiaba y asumiendo la realidad, hoy tocó ayuno, hoy tocará una migaja, se perdió. A mí sí me lo habían dicho, que andar con este señor traía esta clase de cosas. Entonces ya ellos, viéndose desenmascarados, dijeron no solo los panes que tenían, sino los peces que tenían. Y en ese momento Jesús manda a que la gente se siente y viene la multiplicación. Bueno, esto se parece mucho a lo que es amar. Amar es sacar las reservas. Los discípulos tenían sus reservas. Una vez le preguntaban a la Madre Teresa de Calcuta ¿En qué consistía amar? Y ella respondió más o menos esto, Amar es dar hasta que duela, dar hasta que duela. Es decir, eso es sacar la reserva. Porque a todos, nos gusta sentirnos bienhechores. A todos nos gusta dar un poco si eso sirve para que uno aparezca como el bueno de la película. Por eso muchas personas en este mundo, personas que no tienen ninguna clase de fe, de todas maneras se sienten bien recibiendo un título honroso que es filántropo. Yo soy un filántropo, yo hago el bien. Pero según la Madre Teresa de Calcuta, ahí todavía no empieza el amor. Cuando yo simplemente me siento bien dando un poquito el amor, por ejemplo, el amor que toca vivir entre los esposos es un amor que a menudo duele, porque vivir con otra persona, vivir en familia, lo mismo que vivir en comunidad, implica muchas veces que a uno le toca sacar la reserva. Por ejemplo, cuando una religiosa es enviada a una tarea, a una misión o a un lugar que no le gusta y ella se ve confrontada con la posibilidad o entra en franca rebeldía, o si no, obedezco. Ahí tiene que sacar de su reserva más profunda de fe y decir, Entonces morderé el freno y entonces voy a aceptar esto. Pero para hacer eso ha tenido que pasar por una especie de dolor, por una renuncia. Si el amor no pasa por la renuncia, si el amor no pasa por el dolor, si el amor no incluye algún género de verdadera y genuina pérdida, nunca es amor, sino que sigue siendo cortesía. Pero resulta que es muy difícil vivir en una comunidad religiosa de visita. Eso no se puede, uno no puede estar de visita en la comunidad. Al poco tiempo descubre que le toca empezar a sacar la reserva. Y en ese sentido pasa lo mismo en la vida de familia. También ahí resulta que toca empezar a sacar la reserva, casarse, eso por supuesto, lo saben mucho mejor los casados. Es sacar la reserva, uno no está de visita. Ahí no es ser cortés, ahí no es tratar de quedar bien. No se puede quedar bien con la persona con la que se vive todo el tiempo. Tarde o temprano, los defectos aparecen, las decepciones aparecen. Y la persona, cualquier persona, todas las personas casadas, tienen que hacerse una pregunta ¿Sigo o no sigo? Me decepciona, no me gusta, no era lo que yo pensaba, aquí que se hace en este caso. Y probablemente si el amor es profundo, sobre todo si tiene una base en Dios, entonces se renueva y dice, Está bien, de acuerdo sigo, está bien, de acuerdo sigo. Esa frase repetida muchas veces produce el milagro del verdadero amor. Es el amor que verdaderamente mira a la otra persona y no se mira a sí mismo. Suelo decir en algunas predicaciones, sobre todo con jóvenes, que existe el peligro en el amor. Existe el peligro de que uno no esté amando a la persona, sino que uno se esté amando a través de la persona. Casi siempre al comienzo, en una relación afectiva, en una relación romántica, se empieza por ahí. Me estoy amando a través de mi pareja, pero la vida está diseñada de tal manera que después de unos años ese esquema no funciona, porque cuando cada uno está tratando de amarse a través del otro, entonces no hay quien defienda verdaderamente la pareja cuando llegan los momentos difíciles. Y es aquí donde la primera lectura nos orienta. La primera lectura lo que hace básicamente es contarnos que el gran modelo del amor es lo que hizo Papá Dios dándonos a su Hijo Jesucristo. Es decir, también Dios sacó de su reserva. Un gran santo, Juan de la Cruz decía, Dios nos dio todo y nos dijo todo en Cristo. Y tiene esta frase que es absolutamente original y muy bella. Después de darnos a Cristo, Dios se quedó mudo. Ya no tiene nada más que decir, porque en Cristo nos lo dio todo. Esa cruz que utilizamos siempre para celebrar la Eucaristía, esa cruz que está en todas las misiones, esa cruz que preside nuestras iglesias. Y en muchas casas está lo que recuerda, es eso, la cruz. Lo que recuerda es que hasta aquí, hasta este extremo, hasta el extremo del de la donación, así nos amó Dios. Y según la primera carta de Juan, ese es el modelo del amor. El amor consiste no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo, entregó a su Hijo. Pidamos al Señor que mejore la calidad de nuestro amor. El mundo, tal como lo conocemos, está viviendo una crisis muy seria a muchos niveles, entre otros, el nivel de pareja, el nivel de familia. Hay grandes dificultades en muchas partes y si uno se pregunta de dónde vienen esas dificultades. Son dificultades finalmente en el amar, no se puede perseverar, nada serio en la vida sin un amor muy grande. Y el amor solo será muy grande cuando es como dijo la Madre Teresa, hasta el extremo, hasta el punto en que duele. Si no se llega a ese punto, tal vez no se ha empezado a amar. Dios nos regale el don de su Espíritu Santo a los aquí presentes para que mejoremos la calidad de nuestro amor. Que bendiga el amor de Chicho y mamá, que indudablemente han tenido que decir muchas veces, Está bien, de acuerdo, sigo. Ahora van a decirle una vez más. Ahora van a renovar su consentimiento matrimonial y al escucharlos a ellos decir sí una vez más sí, te amo y sí quiero permanecer contigo. Ya sabemos de qué estamos hablando. Estamos hablando del amor que permanece y que tiene una base firme en Dios.

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