Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Biblia responde nuestras preguntas mediante hechos.

Homilía nde2001a, predicada en 19980106, con 11 min. y 43 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

La primera carta de Juan utiliza varias veces la expresión, en esto consiste. Como un filósofo que fuera a dar la definición de una cierta realidad o de un cierto concepto. Y uno escucha, por ejemplo, el día de hoy que dice, En esto consiste el amor. Nos va a dar como la esencia del amor. Pero lo que uno se encuentra no es una definición de filósofo, sino una historia. Lo que uno se encuentra es una narración. La filosofía surgió como un intento de superar las narraciones.

Allá los antiguos griegos tenían narraciones para explicar las cosas. Todo lo explicaban por medio de mitos, de historietas, porque el mundo es como es, porque resulta que Zeus peleó con Hera. Resulta que Gea se acercó a Cronos. Todos eran mitos, todas eran historias. En cambio, los filósofos quisieron dejar atrás esas historias y quisieron llegar como argumentos a conceptos, a leyes, a principios que no dependieran de ninguna persona. Y entonces se pusieron a buscar la arjé, el principio fundamental explicativo de todas las cosas.

Ahora resulta que el apóstol San Juan, cuando va a hablar, por ejemplo del amor, no dice, el amor es aquella característica o cualidad, o sustancia o accidente. No tiene una filosofía, no tiene una teoría sobre el amor, sino la esencia del amor es esta historia lo que sucedió aquí. Se parece al modo de hablar de Jesús, cuando le preguntan a Jesús ¿Quién es mi prójimo? Jesús no entra en una disquisición, en una teoría sobre cuántos metros tiene que haber para que yo lo considere prójimo, o cuántos días tengo que estar con una persona para que se vuelva mi prójimo, ¿No? ¿Qué grado de parentesco tengo que tener o cuántos trabajos tenemos que haber hecho juntos para que sea mi prójimo? Jesús le da una serie de normas o de leyes o de teorías sobre el prójimo. No hace eso. Sino que hace, seguramente lo recordamos.

Hecha una historia, un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y por el camino unos salteadores lo acometieron, lo atracaron, lo robaron y todo lo demás de aquella historia. Y al final termina preguntando bueno, entonces ¿Quién obró como prójimo? Y todo el mundo llega a la misma respuesta, pues aquel buen samaritano, ese fue el que obró como prójimo. Entonces dice Jesús, bueno vete tú y haz lo mismo. Estas reflexiones me parece que nos muestran como el modo concreto y al mismo tiempo universal de la revelación de Dios en Jesucristo. Es universal porque todo el mundo tiene prójimos, pero es concreto porque lo que hace Jesús es mostrar a alguien obrando con su prójimo para que yo también obre con mi prójimo.

Y esto es lo que sucede en la primera carta de Juan, El amor no es una teoría sobre el amor, sino es un hecho de amor. En esto consiste el amor. Él, Dios, nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Entonces, ¿Qué es amar? Es un sentimiento, es una cualidad, es una pasión, es un don del Espíritu Santo. ¿Qué es amar? Pues si queremos responder qué es algo o en qué consiste algo, entonces la respuesta de la Biblia es, mira hay estos hechos, hay esta historia, esto sucedió. Y eso que sucedió, eso es lo que le da el nombre a la palabra amor.

Eso es maravilloso, y es profundamente liberador, sobre todo con esta palabra, con la palabra amor. Vamos a aplicar eso en un par de ejemplos cortos y usted verá cómo funciona de bien. Supongamos que yo tomo aquel mandamiento del Señor Jesús, Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. Muchas personas hemos sentido, quizá que nos volvemos un nudo con un mandamiento como ese, ¿Yo qué puedo hacer para amar a mi enemigo si precisamente es mi enemigo? Quiere decir que yo no me lo soporto, que seguramente él tampoco me soporta, que preferiría que desapareciera del planeta y ojalá lo situara unas cuantas galaxias más allá de la porra. Me siento profundamente contrariado cuando estoy con él.

Entonces, amar a mi enemigo, ¿Qué es? Pues amar a mi enemigo será una gran hipocresía, porque será hacerle cara de ponqué y presentarme, con que si, con qué, eso es pura hipocresía. Luego Jesús me está invitando a que yo sea un gran hipócrita y yo no quiero ser un hipócrita. Luego lo más honrado, lo más honesto, es que si aparece mi enemigo, yo le haga la cara que se merece y la cara que se merece es esta. Y esa es la cara que yo le voy a hacer. Si uno parte de que el amor es lo que yo estoy sintiendo. El precepto del Señor no se puede cumplir, porque amar al enemigo, entonces, ¿Qué es?, Cambiar el sentimiento.

Y acaso los sentimientos se cambian, cómo cambiar una emisora, como mover un interruptor de la luz, eso no se puede. Entonces Amar al enemigo, en cambio, sí se entiende aquí. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios. Ese no es el comienzo de la historia, sino que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. El amor consiste ¿En que y en qué consiste? En que Dios envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Seguramente si yo me sumerjo en ese hecho, es un hecho, no es una palabra sucedida, no es un hecho, sino no es una palabra, sino un hecho sucedido en nuestra carne, en nuestra historia, en nuestro mundo de hechos. Si yo me sumerjo en ese hecho de que Cristo fue enviado por Dios como víctima de propiciación por nuestros pecados, de ahí me sale toda una meditación.

Por ejemplo, dice aquí por nuestros pecados, ¿Y cuáles son nuestros pecados? Seguramente no son solo los míos, seguramente son también los pecados de ese o de esa que me cae tan mal. Dios envió a su Hijo como víctima de propiciación por mis pecados y por los pecados de ese, que me cae tan mal. Ves cómo ya se empieza a mirar distinto al enemigo. Por otra parte, si yo soy un pecador, y si Dios envió a su Hijo precisamente para sanarme, quiere decir que yo soy como un enfermo en un hospital. Y qué sentido tiene que un enfermo en un hospital se queje ante la dirección del hospital de por qué reciben a otro enfermo. Es ridículo, claro.

Yo ¿Cómo podría quejarme ante Dios de que amara a mi enemigo, Él Dios amara a mi enemigo? No me puedo quejar. Por consiguiente, tengo que llegar a una conclusión en ante Dios, mi enemigo y yo estamos en el mismo hospital. Ambos hemos sido recibidos, ambos hemos sido acogidos por el mismo Dios. Te das cuenta de cómo se va haciendo posible el amor sin hipocresías y sin cerrar los ojos. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios. El gran miedo nuestro a amar es el miedo a no tener de dónde sacar amor. ¿De dónde voy a sacar yo, amor? Y como resulta que toda la vida cristiana es una vida de amor, por ejemplo, las indecisiones en la perseverancia, perseverancia en el matrimonio, perseverancia en la vida religiosa.

Todo lo grande, todos los santos, requiere perseverancia. Pero toda perseverancia requiere amor. ¿Y de dónde voy a sacar yo, el amor?, ¿De dónde sacó amor? Si pienso, si no habla, por ejemplo, con personas que han pensado en ingresar a la vida religiosa y dicen no es que yo quisiera dar un paso, pero yo no quiero devolverme. Yo le preguntaría a una persona pero es ¿Que usted cree que hay algún camino que le garantice que usted no se va a devolver? En el fondo, ¿Cuál es el miedo de esa persona? Cómo sé yo que de aquí a diez años voy a seguir sintiendo entusiasmo o alegría por ese camino.

Pregunta, si usted cree que el amor va a ser entusiasmo y alegría, usted no ha leído la primera carta de Juan, porque aquí se dice, No en que nosotros hayamos amado a Dios. Es que usted no es la fuente, usted no es la fuente. Usted es un beneficiario del amor, un beneficiario, y usted como beneficiario, como beneficiaria del amor. Usted puede aplicarse este texto. Usted puede unirse al acueducto de la Gracia. Usted puede enchufarse a la corriente del amor y usted no le van a faltar pilas nunca. Por más pilas que usted se ponga, por más pilas que usted tenga, usted se le pueden acabar las pilas. Pero si usted está enchufado a la corriente, si usted está unida al acueducto, usted es inagotable, entonces no hay por qué temer.

Entonces deje ese miedo y adelante. Usted tiene una fuente de amor cerca de usted. Bueno, es, profunda sabiduría este modo de hablar del apóstol San Juan. Nosotros nos vamos a unir en la Eucaristía, esta fuente de amor y a dejar de pensar tanto en lo que nosotros hacemos, en lo que nosotros hemos dejado de hacer, en lo que nosotros tendríamos que hacer. Hoy como que la liturgia nos invita a mirar lo que Él ha hecho, lo que Él ha querido hacer, lo que Él ha podido hacer y lo que Él quiere seguir haciendo con cada uno de nosotros.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM