Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El criterio de discernimiento para no caer en engaños es vivir como vivió Jesús, descubrir que nuestra fe no es igual a cualquier otra religión y entender que nuestra salvación está en el sacrificio de la carne de Cristo.

Homilía nde1018a, predicada en 20220103, con 6 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Hermanos, es oportuno recordar que para nosotros, cristianos católicos, el tiempo de Navidad no se limita, por supuesto, ni a una noche, ni a un día, ni a una semana. El tiempo de Navidad se prolonga aún más y llega hasta la fiesta del Bautismo del Señor, que con la bondad de Dios estaremos celebrando el próximo domingo. Es decir, que aunque el día de Navidad ya va quedando atrás, el tiempo de Navidad es el tiempo litúrgico en el que nos encontramos.

Y en este hermoso tiempo de Navidad, lo que hacemos en la primera lectura de la Misa es dejarnos acompañar y guiar por la primera carta del Apóstol San Juan, entre otras cosas porque esa primera carta de Juan es como una meditación sobre la Encarnación y eso es lo que estamos celebrando en el tiempo de Navidad. Estamos celebrando que Dios ha venido a nuestra tierra, que el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros.

Por consiguiente, la primera carta de Juan es una lectura deliciosa, nutritiva, provechosa para este tiempo de Navidad. Hoy, por ejemplo, nos encontramos con una frase que merece una explicación porque es muy profunda. Escuchamos que nos dice el apóstol que hay que discernir. Nos dice No os fiéis de cualquier espíritu, ¡no os fiéis de cualquier espíritu!. Han venido muchos falsos profetas y nos da un criterio de discernimiento para que no nos engañen. Ese criterio de discernimiento es aquel que confiese a Jesucristo venido en la carne. Ese es de Dios. Es una frase tan breve, pero yo diría mejor es una frase tan compacta, que por eso repito, merece alguna explicación. ¿Qué significa eso de que Jesucristo venido en nuestra carne? Es decir, está haciendo referencia a lo que nosotros llamamos el misterio de la Encarnación.

Mira, proclamar a Cristo venido en nuestra carne es tomar como referencia para nuestra vida la vida de Cristo. Ese es el primer sentido. Son tres. Es decir, que si yo soy de Cristo, que si yo digo ser de Cristo, mi vida debe asemejarse a la vida de Cristo. Por eso también en esta carta, primera carta de Juan, leemos en otro lugar. El que dice que está en Cristo debe vivir como Él vivió, andar como Él anduvo. Ese es el primer criterio. Entonces, si proclamamos a Cristo venido en nuestra carne, quiere decir que nuestra referencia para vivir es la vida de Cristo.

Segundo, si hablamos de la carne de Cristo, estamos hablando de un acontecimiento absolutamente único. Esto no se dice de nadie más. Con todo el respeto hacia los musulmanes, ellos no dicen ni que Mahoma ni nadie más, sea Dios venido en la carne. Eso no lo dijo Buda, eso no lo dijo Confucio. Solamente nosotros afirmamos que hay un solo Dios y que este Dios, uno en tres personas, ha enviado a su Hijo Dios como el Padre que se ha encarnado.

Entonces, si nosotros proclamamos la verdad de la carne de Cristo, estamos proclamando el centro, la particularidad, la unicidad de nuestra fe. Que puedo encontrar grandes valores en un ateo, en un budista, en un musulmán. Nadie lo niega. Pero que mi fe es como la de ellos, no. Que ellos creen lo que yo creo, no, y eso no significa que vamos a maltratar a nadie. Eso no significa que vamos a ser arrogantes, porque si tenemos el don de la fe, lo tenemos como un don, como un regalo. ¿Qué tienes que no hayas recibido? decía el apóstol San Pablo. Entonces, es indispensable que nosotros descubramos lo que es propio de nuestra fe. Mi religión, que es un don de Dios. Mi religión no se compara con ninguna. Yo no puedo decir que da lo mismo una cosa que otra.

Y lo tercero y en cierto sentido, lo más importante es que este Dios al que vemos como un bebé, pues ha crecido. Y esa carne que tomó de las entrañas purísimas de María, esa carne ha sido ofrecida en sacrificio en el altar de la cruz, ¡en el altar de la cruz!. Proclamar la Encarnación es proclamar la verdad del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Y en ese sacrificio viene nuestra salvación. Entonces, el criterio de discernimiento es vivir como vivió Cristo, descubrir que nuestra fe no es igual a cualquier otra religión y entender que nuestra salvación está en el sacrificio de la carne de Cristo.

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