Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El camino y el Espíritu que seguimos son los que nos llevan hacia Jesucristo, a la manera como Él vivió, amó, oró; lo que Él hizo, lo que evitó.

Homilía nde1017a, predicada en 20210104, con 6 min. y 11 seg.

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Transcripción:

No os fiéis de cualquier espíritu. Esta es la advertencia que recibimos en la primera lectura de hoy. Está tomada del capítulo tercero de la primera Carta de San Juan. Y la razón por la que leemos la primera Carta de San Juan es porque es como una meditación sobre la Encarnación. Muy, pero muy apropiada para todo el tiempo litúrgico de Navidad. No se te olvide que el día de Navidad es uno. La noche de Navidad es una. Pero el tiempo de Navidad va desde la noche de Navidad hasta la fiesta del Bautismo del Señor, sin incluirla hasta ese domingo.

O sea que estamos todavía en el tiempo litúrgico de Navidad. No os fiéis de cualquier espíritu. Esa advertencia sí que es importante, porque vivimos un tiempo muy curioso, un tiempo muy interesante. En el que, por una parte, una gran cantidad de gente es oficialmente materialista. Materialista quiere decir que no creen que haya nada más allá de lo que puede investigar, por ejemplo, la física.

Lo que no sea visible, tangible, medible, pesable no me interesa, eso no me interesa. Por consiguiente, el alma, el cielo, el infierno, esas historias son fábulas para la gente que no conoce la ciencia. Son fábulas en el tiempo en el que no existía la ciencia, eso se llama materialismo. Y oficialmente mucha gente es materialista y también notamos mucho materialismo en nuestro mundo en términos de en dónde buscamos la felicidad, cuando nos afanamos por encontrar felicidad únicamente en las cosas materiales, pues en la práctica estamos viviendo como materialistas.

Pero claro, el materialismo traiciona al corazón humano, porque el corazón humano está hecho para cosas que no se encuentran en la materia. Nosotros queremos una fidelidad perfecta, una belleza infinita, un amor que no acabe, una paz perdurable. Y nada de eso está garantizado. Simplemente con las cosas materiales, como lo material no es capaz, realmente no es capaz de saciar el corazón humano. Entonces queda, pues, un gran abismo, un abismo sin respuesta, un grito reseco en el corazón. Y ese grito reseco del alma está clamando por algo que sea distinto, algo que tenga un toque de espiritualidad, algo que tenga, no sé, que tenga algo especial, que tenga algo diferente, que tenga algo grande. Y eso grande que tendrá que ser más grande que la materia. Hoy nos lo están ofreciendo por todas partes.

Hay muchas personas que se consideran espirituales, pero yo no soy religioso, yo soy espiritual y buscan su espiritualidad en todo tipo de enseñanzas. Por ejemplo, buscan espiritualidad en una meditación sin palabras o a través de los mantras que les da un gurú, o a través de nuevas religiones, o a través de prácticas y rituales, que se yo, de velas, de inciensos, de perfumes, de la manera de organizar la casa. Hay una sed, claramente hay una sed.

Pero la primera lectura nos está diciendo no os fiéis de cualquier espíritu, no os fiéis de cualquier espíritu. Porque detrás de todas esas ofertas casi que puede haber cualquier cosa. Y de hecho tenemos historias que son muy tristes, historias de personas que decimos ¡Oye, pero qué lamentable esto! A dónde ha ido a parar esta persona. Es que eso ya sucedió en tiempos de los apóstoles. Así, por ejemplo, en la comunidad de Corinto, resulta que la gente estaba tan abierta a cualquier espíritu. Que vengan los espíritus. Todos los espíritus. Que resulta que en medio de de esa algarabía había gente que empezaba a maldecir a Jesucristo. ¿Ves? cualquier espíritu se puede meter. No os fieis de cualquier espíritu.

La Biblia no nos quiere materialistas. La Iglesia no nos quiere materialistas. Dios no nos quiere materialistas. Pero Dios tampoco quiere que estemos fiándonos de cualquier espíritu. El Espíritu ¿cuál es? ¿cómo discernimos ese Espíritu que no destruye, sino que embellece y construye? ¿cómo lo encontramos? Pues lo encontramos porque nos muestra el camino de Jesucristo. Aquello que nos lleva hacia Cristo. A la manera como Él vivió, como Él amó, como Él oró. Lo que Él hizo, lo que Él evitó, lo que Él prohibió. Ese es nuestro camino. No sirve para guiarse de espiritualidad. No sirve decir uno, no es que yo siento, es que siento una paz tremenda, es que siento una alegría muy grande, es que siento una fuerza y un empeño terrible. Eso no es suficiente criterio y hay mucha gente que se ha desorientado. Incluyendo religiosos y sacerdotes.

Por eso es el camino de Jesucristo, es su Palabra, es el camino que nos lleva hacia su sacrificio, su sangre, su cruz. Ese es el camino, ese es el camino que no defrauda. Ese es el camino que no engaña. Por algo dijo Él, Yo soy el camino y la verdad y la vida.

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