|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lo más importante no son las obras de Cristo sino el Cristo que obra.
Homilía nde1016a, predicada en 20200106, con 7 min. y 2 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo tercero de la primera carta del Apóstol San Juan. Esta primera carta de Juan nos ha venido acompañando en el tiempo de Navidad, porque, como hemos comentado en otras predicaciones, la primera carta de San Juan es como un himno a la Encarnación de Cristo.
La afirmación fundamental de la primera carta de Juan es precisamente la verdad de la Encarnación del Señor. Es decir, es como una meditación preciosa sobre aquello de El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos visto su gloria. ¿Por qué es tan importante este tema de la Encarnación? Para descubrirlo es bueno caer en cuenta que en la Biblia se habla de salvación. Podríamos decir como el concepto fundamental como la palabra clave que atraviesa el Antiguo y el Nuevo Testamento.
¿Por qué decimos que la salvación es la palabra clave? Porque todo el Antiguo Testamento tiene una razón de ser. Dios que elige a un pueblo, lo rescata, lo salva y lo hace instrumento para que su salvación llegue hasta el confín de la tierra. Obviamente, esa salvación tiene un motivo. ¿Por qué es necesario que seamos salvados? Por lo que dice la carta a los Colosenses en el capítulo primero. Porque estábamos bajo el dominio del pecado, porque estábamos bajo las garras del pecado, porque estábamos en el reino de las tinieblas.
El pecado es la gran tragedia de la humanidad. Es la gran tragedia de cada uno de nosotros. Es la gran tragedia de la sociedad, es la gran tragedia de las familias y por eso la salvación es el gran mensaje de toda la Biblia.
Todo el Antiguo Testamento apunta hacia la salvación y si el Antiguo Testamento queda incompleto y es necesario un Nuevo Testamento, es precisamente porque la salvación que se anuncia y que queda como en boceto, que queda como figurada, anunciada, profetizada, adelantada en el Antiguo Testamento, no se completa en el Antiguo Testamento. Esa salvación no llega finalmente en el Antiguo Testamento. Entonces, es necesaria la llegada del Mesías.
Es necesario que el Mesías se haga presente y precisamente el nombre del Mesías es Yeshúa. El nombre del Mesías es Jesús. El nombre del Mesías es Emmanuel. Jesús significa Yahvé salva, Dios salva. Emmanuel significa Dios está con nosotros precisamente porque Dios está con nosotros. Dios nos salva, nos salva con su presencia, nos salva con su acción en nosotros y cerca de nosotros y alrededor de nosotros.
Entonces, si el mensaje es la salvación, la gran pregunta, casi la única pregunta importante es si en realidad creemos que esa salvación ha llegado con el Mesías, es decir, si en realidad creemos que la salvación está en el humilde Niño del pesebre y en el humilde inocente del Calvario. Si nosotros creemos que en ese, en ese bendito Jesús de Nazaret, que en Él ha llegado la salvación, porque Dios está plenamente con nosotros, que en Él ha llegado la salvación, porque no hay otro nombre por el que podamos ser salvos. Entonces tenemos la fe verdadera. Si nosotros tomamos partecitas. Si nosotros tomamos porciones de la obra de Cristo, de la Palabra de Cristo, de la inmensa riqueza, infinita riqueza de Cristo, si tomamos porciones, si tomamos partecitas de la vida y la misión de Cristo y esas partes las destacamos y las subrayamos, nos estamos perdiendo de la salvación como Dios la ha ofrecido. Me explico.
Es evidente que la injusticia social es algo contrario al pensamiento de Dios y es evidente que el amor al prójimo predicado y practicado por Cristo, disuelve, vence a la injusticia social. Pero si yo tomo la injusticia social. Hago de ella mi bandera y digo esto es lo importante y esto es lo que hay que hacer y esto es lo que hay que cambiar. Entonces me he quedado con una tajadita, con una partecita del misterio de Cristo y todo lo que Cristo viene a traerme, porque Él es Dios con nosotros, porque Él es salvación de Dios para todo el que crea, porque no hay otro nombre por el que podamos salvarnos.
Si yo me quedo solamente con esa partecita, en el fondo estoy rechazando la abundancia del misterio que Dios me da en su Hijo.
Necesito aceptar el conjunto de lo que Cristo me da. Yo no me puedo quedar con el aspecto de injusticia social, no me puedo quedar con el aspecto de la paz. La paz profunda, mental, espiritual, anímica, psicológica que Cristo da. Es verdad que Cristo da mucha paz, pero si yo tomo esa partecita, la paz que Cristo me trae y empiezo a predicar únicamente ese mensaje de paz interior, de serenidad interior, casi a la manera de qué se yo, del yoga o del budismo. Si yo me quedo únicamente con eso. Estoy falseando el cristianismo porque me quedé solo con eso y la riqueza inmensa de Cristo se perdió.
Si yo me quedo solo con la con la ecología, si yo me quedo solo con las relaciones interpersonales, así sean en la familia, si yo me quedo solo con Cristo como respuesta a la injusticia social, se me olvida que lo maravilloso no son solamente las obras de Cristo, sino el Cristo que obra. Y ahí está resumido lo más importante no son las obras de Cristo, sino Cristo mismo en todas sus obras, el Dios encarnado, el Dios con nosotros.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|