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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Primera Carta de Juan nos invita a discernir. Hay muchos falsos profetas. un gran criterio es el misterio de la Encarnación, que revala tanto del ser y hacer de Dios, y tiene un impacto fuerte en nuestra moral cristiana.
Homilía nde1015a, predicada en 20190107, con 9 min. y 15 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy ha sido tomada de la primera Carta de San Juan que nos viene acompañando en el tiempo litúrgico de Navidad. Como hemos dicho en otras ocasiones, esta primera Carta de San Juan es como una meditación en el misterio de la Encarnación y por eso está muy bien que la Iglesia nos invite a leerla y meditarla en el tiempo de Navidad.
Observemos que el texto de hoy, tomado de los capítulos tercero y cuarto, nos presenta un ejercicio de discernimiento ¡atención! discernimiento. La frase clave está hacia el principio, queridos míos no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
Esa invitación al discernimiento era necesaria en aquella época, porque junto con la predicación del Evangelio, también había muchas otras predicaciones, no solamente otras religiones, no solamente otras filosofías, sino también modos torcidos de predicar el Evangelio. Voy a recordar solamente dos ejemplos de aquella época. Algunos supuestamente cristianos del grupo de los de Jerusalén empezaron a predicar que para ser cristiano era necesario practicar la ley de Moisés. Es decir, si Dios se reveló a través de la ley de Moisés y si Dios a través de esa ley condujo al pueblo, entonces según ellos había que practicar la ley de Moisés. Y eso implicaba que todo cristiano varón tenía que circuncidarse y tenía que cumplir con todo lo que dice la ley. Por supuesto, cuando uno escucha esto en este momento uno se da cuenta que eso no es correcto y que eso es absurdo. Pero en aquel tiempo había mucha confusión y una parte importante del trabajo del apóstol San Pablo podemos decir que fue dificultado y quizás en algunos puntos arruinado por esos predicadores que se presentaban como predicadores cristianos.
Pero era un cristianismo judaizante que en el fondo reducía a Cristo a un punto más dentro de una historia que en realidad era importante solamente por la ley judía. Ese es un ejemplo de lo que estaba sucediendo en aquella época.
Otro ejemplo nos lo trae el libro del Apocalipsis en alguna de aquellas comunidades cristianas de lo que hoy es Turquía y que en aquella época llamaban Asia Menor. Se presentó esta idea que para vencer al mal hay que conocerlo. Y como el autor principal del mal es el diablo, entonces se metió la idea de que había que conocer las obras del diablo y había que entrar en las profundidades de satanás para poder vencer a satanás. Entonces, la obsesión por los demonios y la obsesión por conocer el poder del mal se adueñó de una gran parte de esa comunidad. Por supuesto, los resultados fueron desastrosos. Desde el punto de vista espiritual, podríamos suponer psicológico, emocional.
Todos sabemos que cuando una persona entra en una obsesión con temas del demonio, eso no va a acabar bien. Pero ellos también se creían cristianos.
Entonces, la frase que trae la primera carta de San Juan hoy es una frase muy importante. Yo solo he citado dos ejemplos, pero una frase muy importante. Dice No se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios. Una invitación semejante tenemos explícitamente en el capítulo quinto de la primera carta de San Pablo a los tesalonicenses. También ahí les dice Disciernan todo y quédense con lo bueno. El discernimiento es indispensable, pero la lectura de hoy también nos da unos dos o tres criterios de discernimiento que nos pueden servir.
Dice aquí. En esto podrán conocer el Espíritu de Dios. Todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios. Es decir, la realidad del misterio de la Encarnación. El reconocimiento de ese misterio y por consiguiente, de sus consecuencias, es un criterio importante de discernimiento. ¿Por qué? Porque el que está afirmando la Encarnación está afirmando muchas cosas que todas son vitales para nuestra fe. Está afirmando que Dios es capaz de hacerlo. Está afirmando el poder de Dios. Está afirmando la sabiduría de Dios que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo nacido de una mujer. Como dice el capítulo cuarto de San Pablo a los Gálatas. Está afirmando la misericordia de Dios. Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que cree en Él no perezca.
O sea que creer en la Encarnación no es solamente creer en un dato sucedido hace cerca de dos mil años. Creer en la Encarnación es creer en el poder de Dios sin límites, en la sabiduría de Dios, que es un abismo insondable y creer sobre todo en la misericordia de Dios. Además, creer en la Encarnación es creer que Dios puede hacerse presente en nuestra naturaleza humana. Y esto es vital para la moral cristiana, porque el fundamento de toda la santidad cristiana está en el hecho de que Dios puede habitar en nuestra naturaleza. Si Dios no puede habitar en nuestra naturaleza, entonces que no me venga Dios a pedir lo que solo Dios puede hacer.
Pero si Dios puede habitar en nuestra naturaleza, como lo muestra en primer lugar la Encarnación y como lo muestra la gracia de Pentecostés, entonces la vida cristiana es un verdadero llamado a la santidad.
Entonces tiene una implicación. La Encarnación tiene una implicación para la moral cristiana. Uno se da cuenta de que la moral cristiana siempre tiene ese bendito equilibrio, no idolatra al cuerpo, pero tampoco desprecia al cuerpo. Mientras que el pensamiento pagano o el pensamiento de las sectas, sobre todo sectas de tipo gnóstico, siempre se va uno de esos dos extremos o la idolatría de lo corporal.
Como se nota por ejemplo en nuestra época con esto que se ha difundido mucho de sexo tántrico y todo ese tipo de cosas que tratan de mezclar lo espiritual y lo sexual de esa manera, o se idolatra lo corporal, como es el caso del quietismo o del sexo tántrico, o si no se desprecia lo corporal, como sucedió con los maniqueos en la época de Santo Domingo. Entonces la Encarnación nos lleva a una posición sabía de equilibrio sobre lo que es el cuerpo humano, su dignidad, su santidad, pero sin llegar a la idolatría.
Otra señal de idolatría del cuerpo que tenemos en nuestra época es el tema de la idolatría, de la belleza y del buen estado físico, el estar fit como dicen hoy, el estar fit y el ser hermoso. Eso se convierte en una obsesión de las personas, de manera que descuidan por completo relaciones interpersonales y sobre todo su relación con Dios, porque su única obsesión es tener cuerpos perfectos. Eso es señal de un desequilibrio profundo que finalmente, si lo examinamos, conecta con este misterio de la Encarnación.
Entonces, mire la profundidad que tiene esa frase. Todo Espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios.
Bueno, podríamos extendernos más, pero yo creo que ahí hay dos ideas importantes. Primera, darnos cuenta de la importancia del discernimiento. Y segunda, darnos cuenta de que en ese discernimiento, el misterio de la Encarnación, el misterio de Dios en carne humana, es absolutamente central.

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