Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La intensidad del amor redentor de Cristo le lleva a poner como prioridad de su ministerio a los que están en peor condición.

Homilía nde1013a, predicada en 20160104, con 5 min. y 8 seg.

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Transcripción:

Tomemos brevemente algunas ideas sobre este texto del Evangelio. En primer lugar, hay que recordar que los Evangelios que se leen entre la Epifanía y la fiesta del Bautismo son como ecos de la celebración misma de la Epifanía. Si en la Epifanía, lo que celebramos es la manifestación de la gloria de Dios a todos los pueblos. La revelación, podemos decir del amor victorioso de Dios. Ese es el tono que van a tener los pasajes del Evangelio durante estos días. Es decir, vamos a encontrar escenas de la vida de Cristo en las que se muestra particularmente esa victoria suya.

Los pasajes de estos días están tomados de los diversos Evangelios. No llevan una continuidad. Hoy, por ejemplo, tenemos un texto de Mateo. Si uno mira mañana vamos a encontrar a San Marcos. Y lo mismo el siguiente día. Pero después vamos a tener un texto de San Lucas y vamos a cerrar este tiempo con un texto de San Juan. O sea que de cada uno de los Evangelios, la Iglesia toma imágenes que muestran cómo Cristo revela el amor del Padre.

Hoy, por ejemplo, es el comienzo de la misión del Señor en una tierra muy difícil. Tierra conocida desde antiguo como tierra y sombra de muerte. Imaginémonos lo que significa este apelativo. Esa zona por donde Cristo empieza su labor es realmente la periferia más espantosa, donde la pobreza, la ignorancia, la superstición, la práctica diabólica, la fuerza del pecado se muestran de un modo más evidente. Pues es ahí donde Cristo quiere que de un modo también evidente, aparezca el amor de Dios. ¿A través de qué? A través de la predicación que realiza el Señor, a través de sus milagros, a través de sus exorcismos, a través de la proclamación del reino.

O sea que este pasaje es la Epifanía en medio de las tinieblas. Esa zona llena de oscuridad, esa zona marcada incluso por el paganismo, se le llama Galilea de los gentiles, la zona que todo el mundo podía dar por perdida. Ya eso se perdió. Ya ahí no hay nada que hacer. Ahí es donde empieza Cristo, realmente su misión. Y ahí es donde va a derramar con tanta abundancia su luz. Por supuesto, esto nos cuestiona.

El Papa Francisco, varias veces ha hablado de esa Iglesia que no se queda cómodamente establecida, sino que desarrolla verdadero celo por la misión, saliendo al encuentro de aquellos que están en más grave necesidad. Quiere el Papa una Iglesia que, olvidada de sí misma y enamorada de Cristo y del Evangelio, siga los pasos de su Divino Fundador, ofreciendo bálsamo de consuelo, tendiendo la mano a aquellos que el mundo diría ya son un caso perdido.

¡Qué bueno dejarnos cuestionar por estos textos! Qué bueno dejar que Cristo nos interpele profundamente para ver cuáles son nuestras prioridades y para ver qué lugar ocupa en nuestra vida el dolor de tantos hermanos. No se trata simplemente de ofrecer una ayuda como quien se quita un problema de encima. Se trata de descubrir en ese rostro a verdaderos hermanos nuestros que han de hacer camino con nosotros al encuentro de la luz plena del Evangelio.

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