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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Estos son los días para descubrir en cada palabra y acción de Cristo epifanía de su ser y de su origen en Dios Padre.
Homilía nde1011a, predicada en 20150105, con 5 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Los últimos días del tiempo litúrgico de Navidad van entre la solemnidad de la Epifanía y la fiesta del Bautismo del Señor. Estos días tienen un carácter especial que se nota particularmente en los Evangelios que la Iglesia nos propone. Si uno mira de dónde son tomados estos Evangelios para estos días, en concreto para esta semana. Porque en Colombia hemos tenido la Epifanía el día domingo, eso no sucede en todas partes. Si uno mira esos Evangelios, digo, es difícil encontrar una secuencia.
Hoy, por ejemplo, tenemos este texto del capítulo cuarto de San Mateo, pero luego va a aparecer, por ejemplo, la multiplicación de los panes. Va a aparecer Jesús haciendo otras curaciones de ciegos o de paralíticos. Y uno dice ¿cuál es el criterio que ha tenido la Iglesia para escoger estas lecturas? Pues el criterio es una prolongación de la Epifanía. Es decir, los Evangelios de estos días son pasajes escogidos donde brilla de una manera especial el ministerio de Cristo, o mejor, donde Cristo mismo brilla. Eso se nota en el texto de hoy.
La tierra que estaba en sombras de muerte vio una luz grande. Es una Epifanía. Cristo es la Epifanía del Padre. Ese es el mensaje para el día de hoy y para todos estos días. Y lo que quiere nuestra Madre la Iglesia, es que nosotros nos acostumbremos a mirar cada cosa que hace Cristo como un hecho revelador, como un signo. No es simplemente una anécdota, un recuerdo, incluso va más allá de un acto de compasión. Por supuesto que la compasión acompaña todo el ministerio de Cristo, pero no es solamente un acto de compasión. Es un hecho revelador. Esas curaciones no son simplemente actos de misericordia, que ya sería algo bellísimo, sino que a través de esas curaciones se está mostrando lo que hoy nos dice el Evangelio, una luz grande.
Desde esa perspectiva, uno se da cuenta de que, por ejemplo, las bodas de Caná, que también nos vamos a encontrar, son otra Epifanía. Y uno se da cuenta de que el Bautismo es otra Epifanía. De hecho, el Bautismo de Cristo que abrió el ministerio público de Cristo y que sirve de pórtico para entrar al tiempo ordinario en la liturgia, es el comienzo de esas Epifanías del ministerio público. O sea que esta semana o estos días sirven como de transición entre el tiempo litúrgico de Navidad y el tiempo ordinario.
Con la idea de que nuestros ojos se acostumbren a ver todo lo que Cristo hace, la manera como obra las palabras que dice. Siempre en esa clave. Clave de revelación. La idea es que uno se acostumbre al escuchar un pasaje del Evangelio, se acostumbre a hacerse esta pregunta ¿qué me dice este Evangelio sobre quién es Cristo y sobre quién es el Padre.
El capítulo diecisiete de San Juan en la Oración sacerdotal contiene esta famosa, esta profunda frase de Cristo. Le dice nuestro Señor a Dios, su Padre. Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo. Es decir, que la gente no se quede en las curaciones, que la gente no se quede en los exorcismos, que la gente no se quede en la simple elocuencia de las palabras. Que no nos quedemos en eso, sino que a través de esas obras y palabras nos hagamos la pregunta ¿quién es este? De modo que podamos profundizar en Cristo como revelación del Padre. Cristo como transparencia del Padre, hasta poder decir lo que encontramos en el Evangelio de Juan. El que ha visto a Cristo, ha visto al Padre.

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